La derogación de la LOMCE: tres pasos y una negociación

SE ESTÁ APLICANDO LA LOMCE. El margen de las Comunidades Autónomas para desarrollar los reglamentos no es suficiente para evitar el peso de la ley, aunque quieran. Ya están redactadas las aplicaciones que deben empezar el curso que viene.

Primer paso

Los partidos que tienen mayoría en el Congreso se comprometieron a derogar la LOMCE. La paralización del calendario que se tramita estos días es necesaria pero no suficiente. Intenta evitar, sobre todo, que se efectúen las reválidas selectivas, cosa que es estratégica y que debe hacerse. Pero nos preguntamos por qué se quedan en este primer paso. No es suficiente.

Segundo paso

En esta fase, de coste cero, planteamos volver a la LOE y a la LODE en todos los artículos que permiten la participación democrática de la comunidad educativa y en los artículos responsabilizan a los poderes públicos de la oferta y la regulación de escuelas para todos y todas. ¿Qué le impide al PSOE devolver las funciones de gobierno a los consejos escolares? ¿Qué le impide derogar el 2.bis, donde se faculta a entidades privadas para proveer, financiar y regular la enseñanza en España? ¿Qué le impide recomponer la selección participada de las direcciones de los centros?

Tercer paso

El último paso, ahora ya imprescindible, es la redacción de medidas transitorias para remendar los programas que ya están en aplicación. Algo habrá que hacer con la FP Básica, la evaluación de sexto y el currículum en aplicación. Hay que aminorar el daño y preservar derechos.

Una negociación abierta

Con estos pasos se gana tiempo y salud educativa para afrontar la redacción de un nuevo texto y la pelea por una financiación suficiente. Nos preocupa que PSOE y C’s hayan escrito que en seis meses van a tener un pacto educativo y una nueva ley. Y en tres meses, una reforma de la Formación Profesional. Estos plazos son demasiado cortos para  organizar cualquier proceso participativo e informado, y demasiado cortos para una negociación con tantos actores como existen en la educación.

Los fines de la educación se corresponden con los modelos de persona y de sociedad que consideramos buenos

Las “soluciones PISA” parecen estar en la base de un posible acuerdo político. La influencia de la OCDE en las políticas educativas es preocupante. Esta organización, con fines económicos y sin legitimidad democrática, acaba ejerciendo un gobierno global de los sistemas educativos basado en su enorme capacidad de generar informes y colocarlos en los medios de comunicación. Pero nada prueba que sus propuestas mejoren la vida de las personas y de los países. Unos buenos resultados en los rankings de PISA aparecen como perfectamente compatibles con sociedades donde abundan el racismo y la insolidaridad y donde la ultraderecha gana adeptos. Véase el caso de la evolución política y social de Polonia, que ha seguido con tesón las recomendaciones de la OCDE y ha mejorado notablemente su puesto en el ranking.

La reconstrucción de la cultura dentro de la comunicación global, el nomadismo laboral, la creación exponencial de conocimiento, la quiebra medioambiental…  Muchos fenómenos de gran escala, aunque no nuevos, generan tensiones e incertidumbres y nos obligan a replanteamientos osados a la vez que humildes. Por alguna razón los gobiernos han abandonado el informe Delors o los siete saberes de Edgar Morín que se gestaron en la UNESCO y los políticos parecen incapaces de decir que no a las grandes empresas.

Los fines de la educación se corresponden con los modelos de persona y de sociedad que consideramos buenos. Siempre han estado en el meollo del debate político con un tema central: el sistema educativo debe decantarse hacia la naturalización de las desigualdades sociales o hacia el empoderamiento y la emancipación de las personas. La LOMCE ha actuado de forma brusca a favor de la selección y en contra del pluralismo en un sistema que no había encontrado todavía la forma de convertir la diversidad en enriquecimiento mutuo y en oportunidad.

Desde esta perspectiva, la posibilidad de un pacto no es una cuestión técnica, sino de correlación de fuerzas. Si queremos ser tenidos en cuenta de nuevo, habrá que movilizarse otra vez más.

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Montserrat Ros

Secretaria de política educativa