Una mirada inconclusa a la escuela rural

EL CONCEPTO DE “ESCUELA RURAL” es difuso y difícil de acotar según el contexto en el que nos movamos. No obstante, intentaré plantear la principal problemática a la que se enfrenta la escuela rural y propondré algunas medidas, con el fin de intentar solucionar, o al menos paliar, esta problemática.

No tiene poca bienaventuranza el que vive contento en el aldea; porque vive más quieto y muy menos importunado, vive en provecho suyo y no en daño de otro, …, vive con lo que gana y no con lo que roba, vive como quien teme morir y no como quien espera siempre vivir.

Fray Antonio de Guevara

Menosprecio de corte y alabanza de aldea

Todo ello debe entenderse, como señalo en el título de estas líneas, como una mirada inconclusa que seguramente se podrá enriquecer en gran medida. Más cuando es esta una “realidad educativa” en cierto modo escondida. Los centros rurales suelen aparecer poco en los grandes informes educativos, cuando en muchos casos obtienen unos resultados educativos excelentes.

En este sentido, no puede ser lo mismo y, de hecho no lo es, la caracterización que hagamos de la escuela rural en un contexto geográfico definido por una gran dispersión del hábitat humano, de aquella otra en la que predomine un contexto de hábitat concentrado. O la escuela de un contexto en que predominen los accidentes geográficos montañosos, de aquella otra en que el predominio sea la llanura. O, por último, la escuela rural en la que en su entorno se han producido procesos demográficos de emigración, de aquella en que estos procesos han sido de inmigración.

Parejas jóvenes

Pero, es más, hoy también asistimos a la incorporación al mundo rural de una nueva cohorte de personas, muchas de ellas parejas jóvenes, que no han tenido especiales vínculos con el mundo rural, que buscan en este espacio humano una nueva forma de vida alejada del modelo vital de los grandes núcleos urbanos y, en algunos casos, más o menos idealizada, como planteaba nuestro Fray Antonio de Guevara.

Todos estos aspectos habría que insertarlos en la trama de la profunda crisis económica que venimos padeciendo desde hace ya demasiados años. Crisis económica que ha influido de manera decisiva en las perspectivas vitales de la población joven, lo que ha provocado que en la actualidad nos hallemos muy alejados de la tasa de reposición generacional mínima (2,1 hijos por mujer en edad fértil).

Acercando ahora la mirada al contexto educativo de la escuela rural, nos encontramos con que los centros rurales ejercen una enorme influencia en el entorno humano en el que se insertan, como elemento básico en el mantenimiento y trasmisión de las ricas tradiciones socioculturales de nuestra geografía, en contraposición con la unificación cultural imperante en el mundo globalizado. Los núcleos rurales siempre lucharán por sus escuelas. Su pérdida se considera como el principio del fin de la colectividad humana a la que pertenecen y la desaparición de un modelo educativo muy valorado, en el que la inclusividad, la equidad y la atención educativa personalizada se erigen como señas de identidad; en el que la figura del maestro o de la maestra sigue teniendo el prestigio y el valor social que, por desgracia, ha perdido en otros contextos educativos y que se hace necesario recuperar de manera imperiosa.

Maestros y maestras rurales

La maestra y el maestro rural siguen siendo hoy un elemento fundamental del entramado social de los núcleos rurales y, en muchos casos de manera injusta, se olvida que es en estos centros rurales donde se desarrollan proyectos educativos de una enorme potencia; proyectos educativos anclados en el entorno y en sus condiciones socioeconómicas, con una gran implicación de las familias y de los municipios, que ponen a disposición del centro todas las potencialidades educativas de la comunidad.

Proyectos educativos que, por otro lado, se basan en una enorme dedicación y compromiso del colectivo docente rural, en unas condiciones de trabajo que en muchos casos no son las adecuadas, en edificios que sufren el paso inexorable del tiempo y con carencias importantes de recursos.

La figura del maestro o de la maestra rural sigue teniendo el prestigio y el valor social que ha perdido en otros contextos educativos

A todo ello habría que sumar las enormes consecuencias que sobre la población escolar de los núcleos rurales tiene la desaparición de sus escuelas: traslado de parejas jóvenes a los municipios en los que sus hijos e hijas van a asistir a clase, largas jornadas de transporte para los escolares cuyas familias mantengan su residencia, traslado a residencias en régimen de internado durante los periodos lectivos… Todo ello, sin duda, potencia el desarraigo.

Características compartidas

Ante este universo, como he dicho difuso, enunciaré algunas características que tendrían en común la mayoría de los centros educativos rurales:

  • Emplazamiento físico más o menos alejado de los núcleos urbanos.
  • Entornos poco poblados con un alto grado de envejecimiento.
  • Necesidad de una financiación superior para su mantenimiento. La escuela rural es cara: comedores, transporte, pago de itinerancias al profesorado…
  • La escuela rural constituye un elemento indispensable de fijación de la población en entornos deprimidos demográficamente.
  • El nacimiento de una nueva visión de la escuela rural como entorno de aprendizaje saludable: poco alumnado, enseñanza personalizada, mayor contacto con la naturaleza, procesos de socialización más intensos, mayor integración del profesorado en el entorno social… Lo que también ha traído como consecuencia, al incorporarse a los núcleos rurales población joven proveniente de entornos urbanos, tensiones ejemplificadas en la defensa o no de la jornada continua como elemento que vertebra los tiempos educativos y sociales.
  • Llegada de población inmigrante joven que impulsa la necesidad de proyectos educativos potentes de carácter intercultural.
  • Profesorado caracterizado por el contraste entre docentes muy asentados con amplia experiencia, con otros que comienzan su docencia en estos centros, muchos de ellos itinerantes, con las oposiciones recién aprobadas o en otros muchos casos como interinos o interinas. Estas circunstancias definen uno de los principales problemas de la escuela rural, que no es otro que el continuo cambio de docentes junto con la alta tasa de interinidad.

Por todo lo señalado anteriormente, se hace necesario volcar la mirada hacia la escuela rural, porque hoy más que nunca debemos comprometernos con un modelo educativo que tiene como señas de identidad la equidad, la inclusividad y la atención a la diversidad de todo el alumnado. Todo ello acompañado, como indican estudios de evaluaciones del sistema educativo, tanto nacionales como internacionales, de un débil índice de fracaso escolar entre el alumnado que proviene de estos entornos educativos a su paso por los centros de Secundaria, frente al alumnado que proviene de otros contextos urbanos.

Los centros rurales ejercen una enorme influencia en el entorno humano en el que se insertan, como elemento básico en el mantenimiento y trasmisión de las ricas tradiciones

Soluciones

Desde estos parámetros propongo una serie de actuaciones de carácter dinámico, para afrontar la problemática de la escuela rural:

  • Compromiso firme de financiación.
  • Dotación de todos los recursos necesarios, tanto humanos como materiales, que permitan salvaguardar un alto grado de calidad y equidad educativa, con especial atención al profesorado especialista.
  • Generosidad por parte de las administraciones educativas a la hora de plantearse el mantenimiento o no de una escuela rural.
  • Potenciación mediante incentivos (reconocimiento en los concursos de traslados, prioridad para ocupar determinados puestos educativos, liberación de horario lectivo para asistir a actividades de formación, complementos en el sueldo…) de la permanencia del profesorado en las escuelas rurales.
  • Formación específica al alumnado del grado de Magisterio en las peculiaridades del proceso educativo que se desarrolla en las escuelas rurales.
  • Dentro de los Planes de Formación Permanente del profesorado, debe tener presencia específica la formación del profesorado de las escuelas rurales.

El alumnado rural tiene un débil índice de fracaso escolar a su paso por los centros de Secundaria frente al alumnado que proviene de otros contextos urbanos

  • Dotación de recursos TIC adecuados (ordenadores, pizarras digitales…), que mediante conexión con banda ancha ultrarrápida permita una conectividad a Internet suficiente y fiable, que en un contexto educativo globalizado conecte con garantías las escuelas rurales con el mundo.
  • Potenciación del carácter dinamizador que la escuela rural ejerce, en el entorno comunitario en que se inserta. Para ello, desde las administraciones públicas (regionales y locales fundamentalmente) y desde las asociaciones y movimientos de la sociedad civil que trabajan en el mundo rural, se ha de ver la escuela rural como un foco fundamental de creación de tejido social y cultural, del que la escuela, a su vez, debe beneficiarse. Esto abrirá el espacio educativo por encima del encorsetamiento propio del currículo oficial y de los libros de texto.
  • En el contexto más amplio del debate sobre los tiempos educativos y sociales, se hace necesaria una profunda reflexión sobre los mismos en la escuela rural, más cuando el conglomerado social que hoy confluye en la escuela rural es enormemente complejo. Sin este debate, los tiempos educativos (por ejemplo, la jornada continua) pueden incidir y potenciar de manera significativa el desarrollo de inequidades educativas y generar un déficit importante de socialización del alumnado de los centros rurales.
  • Puesta en marcha de Observatorios de la Escuela Rural en todas las comunidades autónomas (que podrán depender de los consejos escolares autonómicos). Estos observatorios, que serán los encargados de analizar la problemática de la escuela rural y aportar las soluciones que se consideren pertinentes, estarán coordinados por un Observatorio Nacional de la Escuela Rural que dependerá, a su vez, del Consejo Escolar del Estado.

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Alonso Gutiérrez Morillo

Profesor de Secundaria y de la Universidad de Cantabria