Desmemoria sinfónica

EN EL AÑO OLÍMPICO DE 1992 tuvo lugar, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, un destacado concierto de la Orquesta Nacional de España al que asistieron los Reyes y altas autoridades. Celebraron el 50º aniversario de la orquesta, acompañado de una publicación conmemorativa realizada por el crítico musical Enrique Franco.

Merecida fue la celebración, pero olvidaron que la Orquesta Nacional no fue creada en 1942, sino en 1937 por el Gobierno de la República presidido por Manuel Azaña, con Josep Renau al frente de la dirección general de Bellas Artes. Sus actuaciones comenzaron en Barcelona, durante la guerra. Oriol Martorell dio noticia de ello en una publicación catalana de 1979 que no debieron consultar. ¿Cómo se confundieron tanto?

Terminada la guerra, la dictadura refundó la orquesta en 1942 dentro de su campaña de reconstrucción del país. Como en tantos casos, las continuidades entre el régimen militar y la República fueron abundantes y sorprendentes. Siguieron muchos de los profesores del primer período, empezando por su director, Bartolomé Pérez Casas. La naturaleza oficial de la orquesta era la misma, así como el nombre, que pasó de ser “Orquesta Nacional de Conciertos” a “Orquesta Nacional de España”. Que el primer franquismo eliminara las referencias a la República corresponde a su totalitarismo, pero que este olvido perviviera en 1992, con el aplauso del Gobierno y de la Corona, dice mucho de aquella transición incompleta.

Ahora estamos en 2018. Sería un buen momento para corregir aquel desprecio a la iniciativa republicana celebrando el 80º aniversario. Los profesores de la orquesta lo han pedido sin obtener respuesta. Tal vez el número 80 no despierte tanto interés como otras cifras, aunque sí han celebrado su octogésimo aniversario el diario Marca o el Guernica, por mencionar dos ejemplos. El debate sobre el Valle de los Caídos podría servir para ampliar poco a poco nuestra memoria pero, de momento, la Orquesta Nacional sigue flotando en el limbo. “Nacional” o “España” son términos que despiertan incomodidad y la política cultural no está en su mejor momento. El Gobierno se retira de una actividad que produce más beneficios generales que privados. La Orquesta Nacional es una herencia que las autoridades no saben gestionar. Si su origen está olvidado, su futuro es incierto. Con un banco, lo tendrían clarísimo: correrían a salvarlo. Aun así, seguimos siendo, a pesar de la miopía y de la falta de empuje político, una potencia cultural con un brillante patrimonio musical. Y la Orquesta Nacional suena mejor que nunca. ¡Feliz cumpleaños! 

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Víctor Pliego de Andrés

Catedrático de Historia de la Música en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid