Desarmarizar la educación es hacerle hueco a la emoción

DESARMARIZAR ES UNA PALABRA COMPUESTA cuyo prefijo indica eliminar, invertir o negar el significado del término simple armarizar. ¿Qué es un armario sino un lugar imaginario, oscuro, cerrado, opaco y sin salida o contacto con el exterior?

Salir del armario no es otra cosa que la revelación pública y voluntaria de la propia identidad u orientación sexual.
Afortunadamente, esta expresión nos resulta cada vez más familiar, pero también es un proceso normalmente marcado por la posibilidad de vernos envueltos o envueltas en actitudes de rechazo en nuestros entornos laboral, familiar y social. Desarmarizar(se) es un proceso personal, individual e intransferible que está directamente relacionado con la posibilidad de vivir con plena libertad de comunicar en todo momento y de actuar como verdaderamente sentimos que somos.

La escuela es un lugar de contacto, relación y comunicación. Son horas de convivencia y experiencia interpersonal y multitud de interacciones tienen lugar entre las personas que forman la comunidad educativa. Estas interacciones suelen estar distribuidas en diferentes niveles de relación, pero la mayoría tienen como denominador común la transmisión de informaciones personales relacionadas con o desde el género, los afectos o las preferencias vitales. Pensar que la escuela es un lugar donde se imparten conocimientos científicos y donde se habla permanentemente de aspectos relacionados con el aprendizaje o la docencia, es no tener una idea clara del día a día en los espacios educativos.

El profesorado es una parte muy simbólica dentro de este espacio, además del personal, y, en general, todos los adultos con quienes se relacionan los estudiantes. No somos meros y meras instrumentos de transmisión, somos ejemplos vivientes de posibilidades de ser, actuar, vivir, pensar, decir, que ellos y ellas presencian durante horas y días, durante meses y años. Los adultos y adultas que trabajamos en entornos de infancia y adolescencia sabemos que nuestro impacto va más allá de la lección diaria. Nos convertimos en referencias en las que ellos y ellas se miran, se comparan, se confrontan, se reconocen, se inspiran…

En el caso del alumnado se da la circunstancia de que experimentan un desarrollo afectivo-sexual intenso durante la mayor parte de la etapa de escolarización que alcanza hasta prácticamente su mayoría de edad y que es una constante en cada uno de los niveles escolares: existe, nos acompaña y está presente a lo largo de la etapa escolar, como la alimentación, la seguridad vial, el cuerpo o las relaciones personales. La educación y el conocimiento de la sexualidad, del mundo afectivo y de las emociones es un pilar básico y fundamental de este desarrollo integral humano y tiene que abordarse en todos los niveles de la educación.

 

¿Dónde se incluye la competencia emocional en los currículos?

La Ley Orgánica de Educación 3/2007 se refiere a la transversalidad de estos contenidos relacionados con la esfera afectiva, emocional, sexual y el respeto a la diversidad, como algo que parece, nos viene dado. Entre las funciones atribuidas al profesorado en su Título III, capítulos I, II, aparece en quinto lugar, la función de atención al desarrollo intelectual, afectivo, psicomotriz, social y moral del alumnado o la de contribuir a que las actividades en el centro se desarrollen en un clima de respeto, de tolerancia, de participación y de libertad para fomentar en los alumnos los valores de la ciudadanía democrática. La transversalidad indica que, si bien, estos contenidos no están concretados en ninguna de las materias del currículo, se tengan en cuenta siempre en la impartición de las materias. Es decir, no es un objetivo, ni una competencia, tampoco se evalúa específicamente y no es un aspecto que esté relacionado de manera directa con el rendimiento del alumnado ni del profesorado, pero debe existir en nuestro desarrollo docente, debiendo estar en todas las fases del proceso de enseñanza-aprendizaje. El debate sigue estando presente entre las y los miembros de la comunidad educativa y, en mi opinión, uno de los puntos clave es la ausencia en todo documento legislativo referente a la educación de una competencia clave: la competencia emocional.

Una escuela sin armarios pretende ser un entorno seguro y libre de discriminación en los que existan referentes que visibilicen la diversidad del género humano al que pertenecemos y la riqueza que aportamos. La educación es el desarrollo de la personalidad integral del individuo, con todos sus potenciales y matices. No podemos ocultar nuestros estados de ánimo, emociones o momentos vulnerables por miedo o por ausencia de estos en el currículo o por temor a represión, humillación o agresiones; más bien, tendremos que concebirnos y mostrarnos a las personas en nuestra totalidad para evitar la existencia de partes armarizadas de cualquier naturaleza que nos llevan a la represión y al ocultamiento. La educación debe ser integradora, formativa e inclusiva, y solo así conseguiremos personas equilibradas y empoderadas, reconciliadas con la diferencia que todas, todos y todes representamos. Y que se haga realidad el preámbulo de la ley y que la escuela moderna sea la valedora de la educación como utopía de justicia social y de bienestar.

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María Jesús Hinojal

Secretaría de Mujer, Igualdad y LGTBIQ