Un New Deal por la globalización de la democracia

CUANDO A MEDIADOS DE LOS AÑOS SETENTA DEL SIGLO XX SE PRODUJO LA LLAMADA CRISIS DEL PETRÓLEO, prácticamente nadie era consciente de que el capitalismo industrial entraba en un nuevo ciclo histórico y que se iba a ver tendencialmente sustituido por el capitalismo financiero.

Para diagnosticar el cambio social, sociólogos como Pierre Bourdieu promovieron la coordinación de equipos de investigación que se comprometieron en investigaciones sectoriales en las que se recogían las demandas de los principales afectados por la crisis. El resultado fue La miseria del mundo (1993), un libro a la vez sintomático de la perplejidad del momento y comprometido con la búsqueda de salidas a favor de un proceso sostenido de democratización. Sin embargo, fue preciso esperar a la publicación del libro de Robert Castel, Las metamorfosis de la cuestión social (1995), para disponer de un diagnóstico mucho más preciso de la importante mutación social que se estaba produciendo ante nuestros ojos. Robert Castel la definió como la crisis de la sociedad salarial, una crisis que afectaba fundamentalmente a los sistemas de protección social vinculados al trabajo, que habían sido construidos desde finales de la Segunda Guerra Mundial con enorme esfuerzo, y a través de negociaciones y pactos entre trabajadores y empresarios.

Se entraba así –como afirmó Robert Castel–, en «un nuevo régimen del capitalismo, más agresivo, en el que la concurrencia exacerbada se juega ya al nivel de todo el planeta, con la mundialización, bajo la hegemonía del capital financiero internacional1«. El empuje del modelo neoliberal proporciona al mercado de capitales, de mercancías y de seres humanos, una centralidad que había perdido cuando se produjo la formación del Estado Social, es decir, con la puesta en marcha del modelo social europeo. Conocemos por experiencia histórica –pues la crisis financiera de 2008 está a la vuelta de la esquina–, los efectos devastadores que se derivan de tratar de instaurar una sociedad de mercado en la que los trabajadores pasan a ser meras mercancías de usar y tirar.

Urge, por tanto, un cambio de rumbo en el que los intereses de los ciudadanos y de las sociedades prevalezcan sobre los intereses de especuladores, banqueros sin escrúpulos y usureros. Urge un New Deal para Europa y para el mundo en torno a los valores democráticos. Únicamente un gran pacto social por la democracia y el restablecimiento del consenso socialdemócrata, tanto a escala nacional como internacional, nos permitirá afrontar los grandes retos que tenemos planteados y avanzar hacia sociedades solidarias.

1 Cf. Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría (eds.), Conversaciones con Robert Castel,
Ed. Morata, Madrid, 2019.

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Fernando Álvarez-Uría

Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid