La educación laica, componente fundamental del derecho a una educación inclusiva

SOLO DESDE LA LAICIDAD DE LAS INSTITUCIONES se pueden respetar las legítimas creencias religiosas de las personas y las no creencias, y estas pueden ser consideradas iguales. La libertad de conciencia, de creencias religiosas y no creencias, es la base de nuestra convivencia.

Las doctrinas religiosas y de cualquier otro tipo son una opción libre de cada persona y no deben traspasar ese ámbito de la libertad de expresión y asociación, ni tampoco ser motivo de discriminación o de obtención de privilegios de ningún tipo.

Nada tienen que ver los dogmas con una educación basada en la razón y en la ciencia, y acorde con el desarrollo social y cultural de la humanidad.

Los valores que defendemos son los de una sociedad democrática, basada en el respeto hacia todas las personas, que pretenden su propio desarrollo individual y su participación social, una ética cívica que permita un desarrollo plural de los valores democráticos en los diferentes ámbitos de la vida social y política.

Tenemos que rechazar, además, la especial influencia negativa que algunas doctrinas religiosas ejercen, especialmente la que ha ejercido y todavía ejerce en España la doctrina católica, sobre la enseñanza de los valores democráticos y las libertades individuales, particularmente en la labor educativa, en pro de la igualdad de los sexos y por el respeto a todas las expresiones de la diversidad de orientación e identidad sexual y de género.

Esto significa que apostamos por la supresión de la confesionalidad del currículo educativo y por la salida de este de la asignatura de Religión. Tampoco puede ser una asignatura optativa y mucho menos evaluable, con repercusión en las calificaciones del alumnado, que influye tanto en la promoción de curso como en la obtención de becas.

Desde CCOO nos hemos declarado una y otra vez partidarios de una enseñanza laica. Hemos reclamado históricamente que la doctrina religiosa, de cualquiera de las tres religiones monoteístas, o de cualquier otra que libremente profese la ciudadanía, debería estar fuera de los centros educativos y, consecuentemente con ello, hemos participado en plataformas unitarias cuyo eje principal es esta exigencia, junto con la necesaria derogación del Concordato con la Santa Sede –preconstitucional– en el marco de una escuela pública.

El laicismo forma, quizás, la parte más importante del ideario de la educación pública. De esa educación para una cultura de paz que nos enseña a convivir con los demás: la amistad cívica, la fraternidad, el compromiso, la compresión, el rechazo de los dogmas, la creación de espacios de tolerancia, son tareas que fortalecen y hacen posible otras formas de sociabilidad. Gregorio Peces Barbas. La enseñanza pública tiene un ideario. El País-Opinión, 29-09-2003.

La educación pública laica, mixta, gratuita, obligatoria y democrática, que tiene la equidad y la justicia social en su horizonte más cercano, es de urgente necesidad para recuperar la conciencia libre y a la persona como sujeto de derechos, condiciones sin las cuales no podemos hablar de una democracia saludable y plena.

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Pedro Badía

Secretario de Política Educativa de FECCOO