“Educar exige de una apuesta política determinada”

EN LA ESCUELA SE APRENDEN CONOCIMIENTOS Y VALORES. Por ello, es imprescindible tener en cuenta que todas las decisiones políticas son constructoras de una realidad u otra. Así, la existencia de programas que promueven valores como la interculturalidad, el respeto a la diversidad y la democracia son fundamentales para sembrar un futuro donde niñas, niños, jóvenes y adolescentes puedan realizar sus expectativas de vida, independientemente del lugar donde hayan nacido. Educación y Refugio es una iniciativa de la Internacional de la Educación (IE) y de la Federación de Enseñanza de CCOO que lleva más de tres años trabajando con estudiantes de todas las edades, docentes, familias, la comunidad educativa, las administraciones locales y la población en general sobre el derecho a la protección internacional y a la educación.

Begoña López Cuesta es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, máster en Estudios Avanzados en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid; máster en Organización, Gestión y Comunicación en Organizaciones No Gubernamentales, y máster en Acción Solidaria Internacional (Asilo, Migraciones, Cooperación Internacional) e Inclusión Social por la Universidad Carlos III de Madrid. Actualmente es coordinadora del proyecto Educación y Refugio en España, promovido por la Internacional de la Educación y la Federación de Enseñanza de CCOO (FECCOO).

¿Por qué es necesario un proyecto como el de Educación y Refugio?

Es necesario porque, aunque no me gusta hablar de estadísticas, hay más de 70 millones de personas desplazadas a la fuerza en el mundo y más de la mitad son menores de 18 años, parece obligatorio que las personas que nos dedicamos a la educación no miremos hacia otro lado y pensemos que también somos responsables de la garantía del derecho a la educación de todas y todos estos menores que salen huyendo de sus países y que pululan en países en tránsito hasta llegar a nuestras costas o a nuestras ciudades.

Ha sido muy gratificante ver el interés que hay por parte del profesorado con el que hemos estado en contacto, de contribuir, pero también de implicarse y poder demandar a las administraciones locales que protejan y garanticen el derecho a la protección internacional y el derecho a la educación, porque aunque la educación no es la solución, sí es cierto que sin educación no hay solución, si bien es imprescindible otras medidas simultáneas, de tipo social, que acompañen precisamente y que cubran la garantía de todos los derechos de esas niñas, niños, adolescentes, jóvenes y sus familias, para tener oportunidades de rehabilitar sus vidas en nuevos contextos, en nuevas sociedades, donde se sientan acogidos y donde sientan que pueden realizar sus expectativas de vida, sus proyectos y sus sueños con seguridad y con acompañamiento.

¿Cuál es el origen de este proyecto?

La Internacional de la Educación en su congreso de 2015 en Ottawa, Canadá, aprobó dos resoluciones con respecto a las migraciones. Una de ellas fue que el profesorado se movilizara por los derechos de las personas migrantes y refugiadas y, en base a esa resolución, lanzaron una iniciativa a las distintas organizaciones sindicales que forman parte de la IE para poner en marcha distintas iniciativas. Desde la Federación de Enseñanza de CCOO propusimos trabajar por el derecho a la educación de niños y niñas solicitantes de asilo, migrantes, apátridas, refugiados, con el fin precisamente de comprometer al profesorado con el cumplimiento y la garantía del derecho a la educación, pero también de la protección internacional de adolescentes y jóvenes.

No es cuestión de ser más buenos o más solidarios, sino que es cuestión de cumplir con una obligación internacional a la que la mayor parte de los países se comprometieron en 1951

¿Cómo ha ido evolucionando el proyecto desde su origen hasta ahora?

Hace casi tres años y medio que empezamos a trabajar con distintas propuestas en algunos territorios de España, como el País Vasco, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andalucía, y en 2018 empezamos también en Ceuta. En ese marco descrito, hemos ido implicando a la comunidad educativa de los centros educativos, a las familias y administraciones locales donde los desarrollamos, e implicando también a distintas asociaciones, que en esos territorios, ya trabajaban con personas migrantes y refugiadas. Es decir, si hacemos un balance desde que iniciamos el proyecto hasta hoy, tenemos a más de 60 personas en el proyecto, más de 3 administraciones locales, distintas organizaciones territoriales, como la asociación Maneno en Cataluña, Ker África o La Periferia en Valencia, o Pedagogía Ciudadana en Ceuta, pero también a la Asociación del Proyecto Roma en Málaga, con quienes estuvimos elaborando un decálogo para educar sin exclusiones basado en su modelo educativo; también con el equipo de Investigación de la Universidad de Málaga, el Grupo de Antequera, que dirige Miguel López Melero, del que forman parte docentes de Infantil a la Universidad. Podemos decir que hemos ido creciendo cualitativamente en este recorrido hasta hoy y que seguimos evaluando para mejorar día a día.

¿De qué manera ha impactado en la población de las diferentes localidades en las que se ha llevado a cabo y, sobre todo, en las personas migrantes o en situación de refugio?

Fundamentalmente ha sido un cambio de mirada hacia los niños y niñas solicitantes de asilo, desplazados a la fuerza, migrantes, etc. Se necesita conocer cuál es su situación, por qué salen huyendo de sus respectivos países, entender que no vienen voluntariamente, sino que vienen obligados y es una labor de trabajo conjunto, con respecto a las sociedades de acogida, para cambiar esa mirada, que los distintos relatos, que salen en la prensa y en declaraciones de algunos partidos políticos, a nivel nacional e internacional, promueven un relato xenófobo y antimigratorio que no tiene ningún sentido. La protección internacional está recogida en la Convención de Ginebra de 1951 y da cobertura a todas las personas que en algún momento de nuestras vidas podamos sentirnos amenazadas o perseguidas por motivos de raza, de creencia, de pertenencia a un grupo social, por motivos de género, etc.

Con esto, quiero decir que tenemos que ser conscientes de que garantizar el derecho a la protección internacional no es solamente para estas personas que ahora mismo están en esa necesidad, sino que es algo beneficioso para todos los seres humanos que en algún momento de su vida puedan correr peligro precisamente por estos motivos recogidos en la Convención de Ginebra y en nuestra propia Ley reguladora del Asilo y de la Protección Subsidiaria.

El primer reto ha sido convertir en actor clave a la organización sindical, dinamizador y movilizador de la garantía de los derechos de estos niños y niñas, y también del profesorado migrante o refugiado

Lo primero, entonces, es cambiar ese relato, esa mirada negativa que se ha transmitido de todas esas personas que salen huyendo de torturas, de conflictos armados y de violencia extrema y trato inhumano, y de cómo debemos sentirnos responsables de lo que les pasa a todos estos seres humanos, porque en algún momento, cualquiera de nosotros o de nuestros hijos puede encontrase en esa situación. Y no es cuestión de ser más buenos o más solidarios, sino que es cuestión de cumplir con una obligación internacional a la que la mayor parte de los países se comprometieron en 1951, después de una situación absolutamente desastrosa y catastrófica para la humanidad, como fue la II Guerra Mundial y que intentaba humanizar de nuevo al ser humano al sentirnos todos responsables de las personas que sufrían y huían.

Ha sido necesario recordar esa mirada y darla a conocer, y ha sido fundamental el papel que estudiantes de Primaria y de Secundaria han jugado en sus distintos municipios, con respecto al conocimiento de esta normativa obligatoria de protección internacional, pero también ha sido clave nuestro compromiso ético como docentes, como comunidad educativa, para tener una actitud realmente proactiva en la acogida y en la garantía de este derecho de protección internacional y fundamentalmente del derecho a la educación de estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

El centro, la comunidad educativa, los claustros y los propios alumnos y alumnas donde hemos trabajado han sido los protagonistas para transformar la mirada negativa que se estaba transmitiendo. Y la verdad es que ha sido muy gratificante ver como muchas personas anónimas se acercaban a estos chicos y chicas y recordaban como, por ejemplo, en España también tenemos un pasado de niños y niñas migrantes y refugiados, concretamente con los niños y niñas “de Morelia”, 456 concretamente, que a bordo del barco Mexique, zarparon de Burdeos a México, donde les ofrecieron refugio, pensando que iban a estar dos o tres meses, y en realidad pasaron toda su vida allí. Algunos pudieron volver, otros no, pero ese pasado ha quedado en nuestra memoria colectiva y nos ha hecho mucho más sensibles en las poblaciones en las que hemos estado recordando ese pasado nuestro de refugio, y nos hacía potencialmente más activos en una actitud positiva hacia todas estas personas que en tránsito han llegado y llegan a nuestro país, o a otros países, y que están en esa situación.

¿Qué áreas son las que se han abordado en los más de tres años de proyecto?

Desde nuestro proyecto marco de educación y refugio, con los pilares del derecho a la protección internacional y del derecho a la educación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, hemos estado implementando distintas propuestas en los territorios, que no han sido exactamente iguales. Hay que saber, además, que el proyecto en España forma parte a la vez de otro más amplio a nivel internacional, dentro de esa iniciativa que lanzó la IE en 2015. Así, en cada país han estado implementándose diferentes actividades.

Es fundamental que el profesorado esté familiarizado con lo que es la garantía de los derechos fundamentales de todos los niños y niñas, de todas las familias que acuden a nuestros centros

Aquí en España han estado dirigidas en la comunidad educativa, principalmente, como formación del profesorado en temas de educación y refugio; hemos estado trabajando con el alumnado a través del arte, la música, la literatura, como pretexto, en distintos centros educativos que nos permitiera abordar todo el tema de la huida y la salida de sus países de origen, el viaje, el tránsito y la primera acogida, y nos hemos dirigido también a las familias, con las que hemos podido compartir experiencias, reflexionar, hablar de sus propios derechos y de como se han sentido desde que salieron de sus países hasta que han llegado a España, y de cómo aquí están intentando rehabilitar sus vidas conociendo sus expectativas de futuro.

En el desarrollo del proyecto hemos implicado a las administraciones locales, para que nos apoyaran en cambiar ese relato que hay con respecto a todas estas personas en las poblaciones donde hemos estado trabajando, y hemos abierto, además, posibles líneas de investigación en el ámbito de la educación, con el Grupo de Antequera, pensando en cómo hacer propuestas para que nuestro propio sistema educativo no segregue, no sea excluyente y realmente podamos hablar de un sistema educativo de acogida que dé oportunidades reales a este alumnado, que se incorpora a nuestro sistema educativo y que tenemos la obligación de ofrecer las mismas oportunidades de aprendizaje, para cumplir las expectativas de vida de todos estos niños y niñas.

También ha sido interesante el vínculo que hemos establecido con el Centro de Acogida de Refugiados en Mislata, ya que hemos tenido la oportunidad de compartir e interactuar con niños y niñas, en necesidad de protección internacional, tratando de hacerles sentir que están en el sitio adecuado para crecer y desarrollar sus propios sueños. De la misma manera, en Ceuta ha sido muy importante el espacio y las actividades que hemos podido hacer con menores extranjeros no acompañados (MENA) precisamente con la misma finalidad, haciéndoles ser conscientes que la educación es la clave y que nosotros como docentes vamos a estar y estamos a su lado intentando ofrecer oportunidades de desarrollo y autonomía. Compartimos también la necesidad de ofrecer actividades dirigidas a toda la población, que comparte necesidades también con estos menores, donde de una manera transversal se pueda trabajar la inclusión y el reconocimiento de los derechos de la infancia, porque un niño es un niño en todas partes.

Imagino que habrá habido también algunos desafíos –políticos, sociales, culturales, etc.– durante este tiempo. ¿Cuáles han sido y cómo se han superado?

El primer reto ha sido convertir en actor clave a la organización sindical, dinamizador y movilizador de la garantía de los derechos de estos niños y niñas, y también del profesorado migrante o refugiado.

Otro reto ha sido hacer ver a las administraciones locales que se puede y se debe trabajar codo con codo, con las organizaciones sindicales, con centros educativos, con organizaciones territoriales, que ya trabajan con migrantes y refugiados, entendiendo que tiene que haber una mirada común y transversal para la primera acogida, para la inclusión y para garantizar el derecho a la educación. Y para eso no se puede trabajar en solitario, sino que también las administraciones locales se convierten en un actor clave de encuentro, a nivel local para aunar los esfuerzos que entre todos podemos hacer, focalizando la labor en desmontar prejuicios y posturas discriminatorias en el área en el que cada uno trabajamos, para que realmente podamos contribuir a rehabilitar y normalizar la vida de estas personas, y ofrecer oportunidades de verdadera inclusión y crecimiento.

Ayudar y acoger a todas estas personas migrantes y refugiadas es trabajar por un clima de convivencia, de solidaridad; pero, si pensamos egoístamente, también rescatar el talento de todas estas personas que llegan a nuestro país, de todos estos adolescentes y jóvenes con ganas de desarrollar sus potencialidades, es también pensar en el desarrollo económico y social de nuestros municipios y pueblos, y que va en beneficio de toda la población.

Debemos seguir trabajando para que las fronteras sean espacios de oportunidades de aprendizaje, de acercamiento mutuo, de acogida y de crecimiento democrático

Un tercer reto ha estado dirigido al profesorado, que también es clave para contribuir a garantizar el derecho a la educación, por ofrecer oportunidades reales de inclusión en los centros escolares y en el sistema educativo de todos estos adolescentes, jóvenes, niños y niñas.

Queda mucho trabajo por hacer, pero hemos ido avanzando cualitativamente desde que empezamos, y nos da esperanza en que podemos ser de utilidad. Un reto fundamental es dirigirnos a las administraciones para hacer que el sistema educativo sea realmente inclusivo y no segregador.

¿Sería necesario educar en estos temas de manera transversal y permanente en las escuelas? ¿Por qué?

Claro que sí. Si pensamos por ejemplo en la formación inicial del profesorado y en su formación permanente, parece obvio que este tiene que estar preparado para afrontar la diversidad de nuestras sociedades y de nuestros propios centros educativos, y pensar en un cambio de paradigma, pensar que la diversidad nos enriquece y que no es ningún hecho negativo el que podamos vivir una variedad de nacionalidades y culturas en nuestras aulas, como tampoco lo es el hecho de que haya familias de distintos orígenes, con distintas creencias, con diferentes costumbres, porque en realidad nuestro compromiso es intentar garantizar el derecho a la educación de niños y niñas, cualesquiera que sean sus circunstancias personales, y tenemos que ser capaces de reconocer que la diversidad es algo que nos enriquece.

Es importantísimo que seamos capaces, como docentes, de reconocer y trabajar con la diversidad garantizando la dignidad que tiene cada niño, cada niña y cada familia que asiste a nuestro centro educativo. Y es fundamental que el profesorado esté familiarizado con lo que es la garantía de los derechos fundamentales de todos los niños y niñas, y como cada una de nosotras y nosotros contribuimos a su vivencia plena, de todas las familias que acuden a nuestros centros, al mismo tiempo familiarizado con una forma de trabajar que no excluya a nadie, ofreciendo oportunidades de aprendizaje reales a todas y todos, independientemente de cuales sean sus realidades y contextos.

Y también como parte del currículo, que es excesivamente rígido, debería ser capaz de incluir cuáles son las necesidades de aprendizaje reales de niños y niñas, no tener un contenido absolutamente fijado previamente e inamovible, sino algo más abierto para que niños y niñas en edad de escolarización obligatoria, sean capaces de afrontar los retos a los que se enfrentan en un mundo complejo como es el nuestro.

A la escuela no solo se va a construir conocimiento, sino que se va a aprender a convivir y a actuar de una forma respetuosa con las demás personas, valores democráticos… Y, si no somos capaces de que niñas y niños que están en el aula vivan esos valores, no vamos a ser capaces de construir sociedades democráticas, solidarias, en definitiva, más humanas y no tan absolutamente centradas en el beneficio y crecimiento individual, excluyente y desigual como son las condiciones en las que estamos viviendo en muchísimas sociedades a nivel mundial. Nuestra obligación como docentes es tener un currículo que realmente ofrezca oportunidades de afrontar los retos del conocimiento, por supuesto, pero también de la convivencia y de la construcción de sociedades democráticas y solidarias. Somos responsables los seres humanos que vivimos en una parte del mundo de los seres humanos que viven en otra parte del mundo. Y eso se aprende principalmente en un sistema educativo inclusivo que garantice que se viven esos derechos y valores en la propia institución escolar.

¿Cree que falta voluntad política para que así sea?

Las personas que se encargan de elaborar las leyes con las que se rigen nuestras relaciones, en el ámbito educativo, social o económico, etc., efectivamente deberían apostar por este modelo de sociedad donde convivimos con la diversidad, donde la aceptamos y la respetamos. Es una apuesta política.

Decía Freire que educar es un acto político, y así es. Si pensamos cuál es el fin de la educación y pensamos que las personas encargadas de elaborar las políticas educativas, también las sociales y económicas, vemos que es una apuesta por un modelo concreto, por un desarrollo ético de las relaciones entre personas, y no puede ser lo mismo una apuesta política de un partido comprometido con los valores democráticos, que una apuesta política de un partido que defiende la segregación y la exclusión, y el beneficio de unos pocos en detrimento de la mayor parte de la población. Todo es política y efectivamente educar exige de un compromiso político, de una apuesta política determinada.

¿Cuál es el presente y el futuro de este proyecto?

El presente es el salto cualitativo que hemos dado desde que comenzó el proyecto hasta ahora. El futuro es que, habiendo sido capaces de aunar tanto a administraciones locales, a investigadores, a profesorado, a familias, a organizaciones que en el territorio trabajan con migrantes y refugiados, etc., no debemos perder toda esta ilusión y estas ganas de seguir trabajando por el derecho a la educación y a la protección internacional de todas estas personas, y nuestro deseo es que tanto las organizaciones sindicales comprometidas con este proyecto de Educación y Refugio a nivel internacional sigan apoyando la iniciativa; que sigamos creciendo para aunar también los esfuerzos de las personas que tienen responsabilidad en la elaboración de las políticas educativas con esta mirada inclusiva y democrática, y que la IE, a su vez, siga también apostando por crecer en distintos territorios, en distintos países, porque no es la misma situación la que se vive en Europa, en África, en Asia o en América, en tantos lugares donde hay movimientos masivos de población.

Entendemos que debemos seguir trabajando para que las fronteras sean espacios de oportunidades de aprendizaje, de acercamiento mutuo, de acogida y de crecimiento democrático, de respeto a los derechos humanos y de compromiso con aquellas personas que están en una situación absolutamente inaceptable. Así que nuestra llamada es para que todos los actores con los que hemos trabajado y la propia comunidad educativa, sigan comprometidas con el derecho a la educación y el derecho a la protección internacional de todos estos menores.

Últimos comentarios

  • Pedro Badía

    Una entrevista muy buena. El trabajo que explica en la misma la coordinadora del proyecto Educación y Refugio, Begoña López, ha implicado a treinta organizaciones, tanto públicas como privadas: sociales, sindicales, municipios, etc. Y ha puesto de relevancia, una vez más el carácter sociopolítico de un sindicato como CCOO. Tenemos que estar en las empresas, pero también debemos volver a la sociedad a través de las distintas asociaciones que la estructuran y liderar un movimiento reivindicativo de amplio espectro político y social.

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