Los sindicatos europeos de la educación exigen una inversión sostenida en la enseñanza pública

LA ACTUAL CRISIS FRENTE EL COVID-19 pone en evidencia las deficiencias de los servicios públicos en Europa. Necesitamos un replanteamiento radical de la falta reiterada de inversión en ellos y entender que la educación no puede sufrir más recortes.

El Covid-19 ha generado una crisis inmediata en la educación en Europa, aunque las cuestiones a largo plazo pueden ser aún más preocupantes. El impacto en estudiantes, en el personal y en los sistemas en general, es enorme. Las y los profesionales de la enseñanza se están adaptando rápidamente, como nunca antes, a esta situación para apoyar al alumnado y a la comunidad educativa, pero las consecuencias negativas para la calidad y equidad podrían durar años.

El Comité Sindical Europeo de la Educación (ETUCE), que representa a 132 sindicatos de la educación y a 11 millones de trabajadores y trabajadoras de 51 países –casi un millón en España–, se ha manifestado sobre el devastador impacto que esta epidemia está generando en los sistemas educativos, las sociedades y las economías públicas de toda Europa.

La lucha contra este virus ha requerido el cierre de escuelas y adaptaciones de la práctica educativa que no tenían precedentes. Mientras tanto, las preguntas sobre las consecuencias a largo plazo en la ciudadanía, las y los trabajadores y los servicios públicos están empezando a surgir.

 

Austeridad y recortes

Desde ETUCE se están exigiendo a la Comisión Europea fuertes medidas políticas y económicas para mitigar las consecuencias catastróficas para la educación y la sociedad en su conjunto que se están produciendo.

Los profesionales de la educación están proporcionando a su alumnado la mejor educación posible a pesar de los enormes desafíos a los que se están enfrentando. Ha sido un cambio repentino a la enseñanza telemática, que ha demostrado ser insuficiente y desigual, como bien sabemos, para todo el alumnado. No se puede obviar la tan presente brecha digital, la falta de apoyo de las instituciones educativas, el estrés por el confinamiento, entre otros factores.

Los servicios públicos, como la educación, se enfrentan ahora con más intensidad que nunca a las consecuencias de una década de recortes y austeridad. Decisiones presupuestarias a nivel nacional y europeo han dejado al profesorado y al personal educativo despojados de lo necesario para hacer frente a la escasez de recursos humanos.

En muchos países, las y los trabajadores de la educación están siendo víctimas de ataques a sus contratos de trabajo y derechos laborales. En algunos, incluso, hay centros que permanecen abiertos en esta situación de “alarma” para continuar dando servicio al alumnado con necesidades educativas especiales o cuyos padres están aún asistiendo al trabajo, poniendo así al personal docente y a sus propias familias en riesgo de infección.

Es por ello que, desde ETUCE, todos los sindicatos de la educación europeos hacemos un llamamiento común para que la dignidad humana, la equidad, la solidaridad y la necesidad de servicios públicos de calidad sean el centro de las políticas europeas.

 

La solidaridad como base

Es evidente que la reapertura de las sociedades y economías de Europa será un proceso muy gradual y que los sistemas educativos sentirán los efectos durante meses. En algunos países, es posible que las escuelas, universidades y otras instituciones educativas no vuelvan a abrir hasta el nuevo año académico.

La seguridad debe ser nuestra prioridad, para que los estudiantes y las y los trabajadores no se expongan a una nueva ola de infecciones. Sin embargo, las autoridades educativas también deben ocuparse de la cancelación de exámenes, la concesión de títulos académicos y el desastroso impacto que esta crisis puede provocar en nuestro alumnado, sobre todo en los colectivos más vulnerables. Por ello hacemos un llamamiento a los representantes políticos que son quienes planifican las estrategias de salida de esta “crisis” para que escuchen a las y los profesionales de la educación y a sus sindicatos en las próximas semanas.

Deben entablar y hacer efectivo un diálogo social significativo con nosotros para que podamos trabajar juntos en soluciones que sean justas para el personal y el alumnado: una educación de calidad sin un aumento caótico de la carga de trabajo y sin un empeoramiento de las condiciones del personal laboral; y reducir la brecha digital que existe, que puede provocar grandes desigualdades en las oportunidades para las y los estudiantes.

En los meses venideros nuestra voz sindical será crucial. Existe un riesgo real de que las medidas económicas extraordinarias que se vayan adoptando después de esta pandemia se utilicen para justificar nuevos recortes presupuestarios para la calidad de nuestros servicios públicos como es la educación. Por ello, exigimos un cambio de paradigma en las prioridades económicas y políticas de Europa. Tememos que se abra la puerta a una mayor privatización y comercialización de nuestros sistemas, a políticas neoliberales que han causado un daño terrible en la última década, lo que socava la igualdad y la equidad educativa.

Hay que poner fin de una vez a la falta de inversión sistémica en la educación y a la asfixia gradual de nuestro sector público. Después de una década de austeridad fallida tras la última crisis económica de Europa, no podemos permitir que eso suceda. La solidaridad es la base de nuestro movimiento. Así que unámonos para luchar contra esta crisis y construir un mejor sistema educativo después.

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Susan Flocken

Coordinadora en el Comité Sindical Europeo para la Educación (CSEE) de la Internacional de la Educación