Historias del devenir

“LA CULPA ES MÍA, reflexionó el hombre, por haberme casado con una mujer que aún no ha nacido a la complejidad del devenir”. Así hace balance uno de los personajes de “La parada de autobús”, uno de los cuentos que componen este experimento narrativo de Mª Victoria Reyzábal; el título, Historias del Devenir, no podría ser más oportuno para sintetizar lo que el lector va a encontrar entre sus páginas.

Mª Victoria Reyzábal

Historias íntimas, familiares, de gente normal que pasea por las calles de Madrid o de la geografía concreta de la biografía de Reyzábal, que siempre está aunque no se la nombre; vidas extraordinarias de transeúntes con los que podemos toparnos al doblar cualquier esquina; quizás también, en algún caso, vidas de nuestras propias vidas, y vidas, en cualquier caso, vividas con modestia, soberbia, vanidad, angustia, resignación, entrega y fantasía. Una vida y todas las vidas. Los personajes que pululan por este laberinto íntimo de la existencia que ha construido la autora se despliegan diversos, multitudinarios, para redimirse en una experiencia disociada de ellos mismos, pero intensa y no por ello menos real.

Si hay algo que el lector apreciará sobremanera en este volumen será la humanidad absoluta que en cada línea se destila en él. Una humanidad no complaciente, una humanidad que incluye los vicios, las dudas, las buenas intenciones, el engaño, los delirios, las renuncias y la racionalidad como ingredientes con los que rescatar a un ser humano que se diluye en el vórtice de este final débil, sin apoteosis, de la postmodernidad tardía.

El libro que el lector va a encontrar es ácido, ácido social y artísticamente hablando, en el mejor sentido de la metáfora adjetiva, complejo, como compleja es la realidad corriente, cotidiana, de los sucesos que en él se cuentan, que cada uno de nosotros vivimos.

Animo al lector a disfrutar de esa perplejidad, reflexionar y concitar su propia existencia en el marco de la existencia ficticia de estos personajes. Creo que la aventura le valdrá la pena y será difícil no querer más, no desear que la narradora siguiera contándoles más de los personajes, de la vida.

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