Los editores analizan los claroscuros de la lectura

EL SECTOR DEL LIBRO ES UNA PARADOJA. Alterna alegrías y miserias. ¿Cuántas veces se ha pregonado el funeral del libro? Pero el papel no solo se resiste a ser enterrado sino que la industria facturó un 2,8% más en 2015 que el año anterior, según un análisis de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Los e-books solo representan el 5,1% del mercado.

Las mujeres de entre 30 y 55 años, con formación universitaria y de grandes ciudades son las personas que más leen en nuestro país. En el extremo opuesto se sitúan los mayores de 65 años que viven en zonas rurales. La desigualdad se instala, también, en la lectura. Son algunos de los datos que se extraen del Informe de la Lectura en España, elaborado por la FGEE.

Hay un dato tan llamativo como desalentador: el 39% admite no haber leído ningún libro en 2015, según el CIS. “El libro es una extensión de nuestra imaginación y nuestra inteligencia, el mayor instrumento de civilización y un eficaz aliado para el ocio y el estudio. Leer, sencillamente, nos ayuda a vivir y nos permite llevar más lejos y trascender nuestras vidas. Sin embargo, la lectura no es, digámoslo claro, una pasión española. Y por más que hayamos mejorado en tantas y tantas cosas, también en los índices de alfabetización, sigue existiendo un importante número de compatriotas que no leen libros ni tienen interés en ellos. Es más, una parte significativa de nuestra población no pisa jamás una librería, como tampoco entra en un museo”, reflexiona Daniel Fernández, presidente de la FGEE.

Este trabajo, elaborado por la FGEE y coordinado por José Antonio Millán, analiza en qué situación se encuentra la lectura en España así como aquellos elementos que están contribuyendo e influyendo en el desarrollo de los procesos lectores en nuestro país, desde la producción de títulos a su difusión y promoción. Se trata del tercer Informe sobre la Lectura en España que publica la FGEE, cuyo objetivo es renovar la petición al Gobierno para que ponga en funcionamiento un Plan de Fomento de la Lectura.

Uno de los datos más preocupantes que plantea el informe es que se cerraron cerca de 700 librerías en 2013, y en una década ha cerrado el 25% de los puntos de venta de prensa: de los 30.000 de 2006, en 2016 quedaban 22.300. El estudio de la FGEE destaca que leen más los jóvenes, los universitarios y los habitantes de municipios de más de un millón de habitantes. El número de bibliotecas se ha mantenido (eran 6.717 en 2014, el 60,6% públicas), pero apenas un 25% de los ciudadanos las aprovechan. El informe indica que están abiertas menos horas, que en 2014 recibieron ocho millones de euros menos respecto a 2010 (de 60 millones a 52) y que las colecciones han envejecido. Todo ello desemboca en una caída del gasto en adquisiciones. En 2009 invertían 1,50 euros por habitante, mientras que en 2014 solo 0,56 céntimos, según el estudio.

¿Destaca el informe algún aspecto positivo? Sí, ha aumentado el número de “lectores frecuentes” (el que lee, al menos, una vez por semana), que se sitúa en el 47,2% de los españoles. La solución pasa por fomentar la lectura entre los más jóvenes. El informe también aborda el auge de la narrativa transmedia, una fórmula que evita «obligar» a leer desde las aulas. Esta narrativa se mueve en diferentes formatos a la vez (libros, periódicos, cómics, series, videojuegos…) e invita a las personas a participar. Dos ejemplos son Juego de Tronos o Star Wars.

Si nos preguntamos por el origen de esta situación, los autores del informe apuntan a la educación. El estudio crítica la LOMCE, poniendo el foco en el tiempo de lectura. La anterior ley educativa fijaba “un tiempo diario de lectura no inferior a 30 minutos” para la Educación Primaria. Este aspecto ha desaparecido en la LOMCE, juntando la lectura se junta con otras actividades: “La compresión lectora, la expresión oral y escrita, la comunicación audiovisual, las Tecnologías de la Información […] se trabajarán en todas las asignaturas”. Entre las propuestas de los editores al Gobierno destacan una partida mayor para las bibliotecas, ayudas a los libreros o un IVA reducido para los libros electrónicos son algunas de las ideas propuestas.

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