Leones con quevedos

DURANTE EL AÑO 2016 se ha conmemorado el IV Centenario de la muerte del ilustre escritor Miguel de Cervantes. El programa oficial ha desplegado un amplio catálogo de actividades: exposiciones, teatro, danza, música, cine, ópera, investigación, publicaciones, congresos, conferencias, charlas, promoción, turismo cultural, patrimonio, rutas gastronómicas…

Las celebraciones se prolongarán durante 2017, más allá del marco cronológico inicial. Sin embargo, tras este aluvión de propuestas, percibo un cierto desencanto, una sensación de que el año cervantino ha pasado sin pena ni gloria. Tal vez el esfuerzo se ha desperdigado en demasiadas acciones pequeñas y aisladas, en proyectos que ya forman parte de circuitos habituales. El pretexto no podía ser mejor ni más noble, pero me queda la triste impresión de que no ha gozado del suficiente respaldo de las autoridades durante este año de gobierno en funciones, de crisis perpetua y de recortes irreversibles. Me parece que la cultura sigue sin tomarse en serio, sin ocupar un lugar destacado en la agenda política ni mediática. Hay asuntos que concitan mucho más interés nacional como el fútbol, los toros o Eurovisión.

Lo más cerca que ha estado Cervantes de nuestros poderes fue cuando, el pasado mes de abril, el Congreso de los Diputados le dedicó una sesión extraordinaria organizada por quienes eran entonces su presidente, Patxi López, y su responsable de cultura, Toni Cantó. Fue un día memorable. Manuel Tallafé presidió la sesión encarnando a un divertido y sarcástico Miguel de Cervantes. Marisa Paredes, José María Pou, José Mota y José Luis Gómez leyeron textos del Quijote y Miguel Poveda los cantó desde la tribuna. Los invitados reclamaron al unísono “¡Don Quijote, presidente!” y todos salieron por la puerta grande ante los leones de bronce, que vistieron unos quevedos para ocasión tan especial. Pero tras el festejo, la desertificación cultural prosigue sus avances bajo el aliento del austericidio.

Una vez formado gobierno, las mejores ideas que el ministro de Educación, Cultura, Deporte y Tauromaquia ha presentado en el Congreso de los Diputados dentro de su rimbombante “Alianza Social por la Cultura” se refieren al mecenazgo y a la propiedad intelectual. Lo primero, para eludir responsabilidades, dejando en manos de las grandes empresas la financiación y domesticación de las mentes más rebeldes y creativas, con las debidas ventajas fiscales y promocionales; y lo segundo, para continuar satisfaciendo la infinita codicia de uno de los mayores y más nefastos grupos de presión de la “industria cultural”. Cuando don Miguel de Cervantes vea esta alianza, seguro que retorna a su sepultura, si es que la encuentra. A los leones, conocidos como Daoíz y Velarde, ya se les han caído los anteojos.

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Víctor Pliego de Andrés

Catedrático de Historia de la Música en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid