Negociación colectiva para recuperar derechos

DESPUÉS DE LA RECESIÓN GENERALIZADA que afectó con crudeza a las condiciones laborales de miles de profesionales del mundo de la educación, en la segunda mitad de 2014 se inició un cambio de tendencia, con incrementos trimestrales sostenidos del PIB, que hacía presagiar una reversión, de facto, de los recortes en las condiciones de trabajo. Nada más alejado de la realidad.

A pesar de la evolución positiva de los datos macroeconómicos, la recuperación económica no está repercutiendo en el conjunto de trabajadores y trabajadoras, ya que administraciones y patronales están impidiendo que el reparto de esa riqueza se realice equitativamente. Se han encargado, sistemáticamente, de deteriorar los espacios y las condiciones necesarias para la negociación colectiva. Los obstáculos y las dificultades han sido una constante en estos duros años de ajustes.

En este contexto, los efectos de las reformas laborales de 2010 y 2012 continúan teniendo efectos perversos en la ocupación en términos cuantitativos, pero, sobre todo, cualitativos, ya que siguen generando una reducción del número de profesionales con ocupación estable a jornada completa, al facilitar y abaratar el procedimiento de despido y las reducciones de jornada. Se sigue produciendo un cambio en el modelo de ajuste de los centros educativos que se está manifestando en una sustitución del trabajo a tiempo completo por trabajo a tiempo parcial.

Durante ese periodo de crispación se produjo toda una serie de actuaciones de las diferentes administraciones educativas y patronales, que, en complicidad con algunas organizaciones sindicales de tintes amarillentos, generaron incertidumbres y pérdidas de derechos en determinados sectores educativos. Ante tanta agresión, nuestra acción sindical fue fundamentalmente defensiva, con el objetivo de limitar los efectos perversos de esas políticas de recortes, de ajustes en el Estado del bienestar, del cerrajón patronal y de las reformas laborales.

Pero este nuevo escenario de incipiente recuperación económica exige una redefinición de las prioridades en nuestras actuaciones. En el marco de la negociación colectiva debemos pasar claramente a la ofensiva, poniendo en valor la recuperación de derechos perdidos, que nos permitan dejar atrás las condiciones de vida y de trabajo tan deterioradas en estos últimos años. El objetivo fundamental será la defensa de los elementos estructurales y centrales de los convenios: jornada de trabajo, carga de trabajo y recuperación del poder adquisitivo. Estos elementos configurarán los ejes de nuestras demandas, que deberán garantizar un salto cualitativo en las condiciones laborales de miles de trabajadores y trabajadoras.

El éxito de nuestras reivindicaciones dependerá, en gran medida, de la capacidad que tengamos como organización de articular respuestas movilizadoras como elemento de presión. El binomio negociación-movilización volverá a escena. Sin movilización no hay cambios. Y la dignificación del trabajo como derecho inherente de las personas y como factor fundamental de la calidad en la educación, bien merece ese esfuerzo colectivo.

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Pedro Ocaña

Secretario de Privada y Servicios Socioeducativos