Más escuela y menos aula. La innovación en la perspectiva de un cambio de época

EL TIEMPO SE ACELERA, las cosas pasan cada vez más rápido, las exigencias del entorno aumentan, la digitalización, un mundo en creciente complejidad, la interdependencia, la instantaneidad, la post-verdad…

Mariano Fernández Enguita

Morata, 2017

Las nuevas realidades atenazan la enseñanza y le exigen cambios. Pero, ¿qué cambios?

Mariano Fernández Enguita (catedrático de Sociología de la Universidad Complutense) construye su propuesta sustentándose en dos realidades históricas obvias, pero que en ocasiones tienen que ser recordadas para sosegar el debate:

  1. La tecnología en el ámbito de la enseñanza y el aprendizaje siempre ha existido y de esta –la tecnología– siempre se extrajo una u otra experiencia positiva para el aprendizaje. De la palabra como única tecnología educativa se sirvió Sócrates para implementar su método mayéutico. Poco después, su discípulo Platón escribió en un papiro su célebre República; y la coincidencia de este y el códice –menos frágil que el papiro– permitió la lección como forma central de la organización escolar durante toda la Edad Media y parte de la era moderna. Después la imprenta como germen del libro de texto y sustento necesario para la homogeneización de la educación. Y ahora, la digitalización. En nuestros días la digitalización como reto y oportunidad, que entre otras cosas permitiría más autonomía del alumnado y la desinstitucionalización –al menos parcial– del aprendizaje y la presencia –tanto para profesorado como para el alumnado– de información antes inaccesible.

 

  1. Circunscribir el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumnado casi de manera exclusiva a las paredes de un aula es, históricamente hablando, casi una excepción; como así lo es un horario extenso, en el que todos los niños y las niñas lleguen y se marchen a la misma hora o que hagan los mismos ejercicios y actividades escolares. A pesar de que hoy la institucionalización está más presente que nunca en las sociedades modernas, un niño o una niña en edad escolar accede todavía, y de hecho lo hace cada vez más, a una ingente cantidad de información y aprendizaje fuera del ámbito de la escuela.

Sustentándose en estos dos elementos, Fernández Enguita nos hace una propuesta en este libro de algunos cambios que deberían operar en el seno de la escuela para afrontar los retos de hoy. Cambios, no tanto sobre el qué debe enseñarse, sino sobre el cómo debe hacerse. Cambios que distan mucho de ser menores o de pretender una simple reforma de elementos puntuales de nuestro sistema educativo. Son cambios estructurales, profundos y transversales, que llegan a poner en tela de juicio algo tan asumido como verdad indisoluble en nuestros tiempos, como la propia superioridad del aula como modelo de aprendizaje.

Esta propuesta la construye el autor a través de una hiperaula y, en torno a ella, una organización escolar sociocomunitaria y una visión de funcionamiento nueva, variable, flexible, abierta, multifuncional y permeable a la comunidad que cambiaría diametralmente el funcionamiento de un centro escolar de hoy.

Si el lector o la lectora de este artículo espera leer aquí las claves de esta hiperaula, se sentirá probablemente desencantado. Pero no lo hará cuando lea la propuesta del autor.

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Rodrigo Seoane Ruano

Secretaría de Enseñanza Pública No Universitaria