Vacaciones: ¿ocio o estudio?

EL FINAL DEL CURSO ESCOLAR PLANTEA dos situaciones muy dispares: dos meses de vacaciones para el alumnado y dos meses de ajustes para los adultos que harán malabares para conciliar ese largo período con sus trabajos y sus obligaciones.

La vida moderna y la necesidad de que todos los miembros de la familia en edad de trabajar lo hagan han generado dinámicas más complejas en los días no lectivos y, sobre todo, durante las vacaciones estivales: menores con actividades planificadas de sol a sol o la existencia de niñas y niños de la llave que se pasan el día a solas en casa porque nadie puede estar a cargo.

La brecha socioeconómica es el factor definitivo en este sentido. Las familias más acomodadas podrán enviar a sus hijas e hijos a campamentos, al extranjero, podrán enviarles a academias o a realizar actividades de todo tipo, o podrán dejarles bajo la tutela de una persona adulta y responsable. En tanto, niñas y niños de las familias con menos recursos no podrán formar parte de entornos estimulantes en lo cultural o lo académico, pasarán gran parte del tiempo sin supervisión y tampoco tendrán un periodo de descanso satisfactorio.

Jornada completa

Es cierto que diversos estudios apuntan a los beneficios de realizar actividades de refuerzo educativo durante los meses de verano puede ayudar a reforzar ciertos contenidos y habilidades, pero también hay algunas tendencias que apuestan por la necesidad de desconectar y por dejar espacio al ocio y al esparcimiento, fuentes de otros tipos de aprendizajes que también son necesarios para la vida.

En la primera línea de pensamiento, el informe ¿Puede un programa de verano mejorar las oportunidades educativas del alumnado? Evaluación de impacto del programa Èxit Estiu –una iniciativa de acompañamiento educativo a estudiantes de ESO en Barcelona– sostiene que “el balance global de los resultados de impacto obtenidos en las estimaciones realizadas es claramente positivo y corrobora los beneficios que las intervenciones de refuerzo y aprendizaje formal en verano pueden representar para los alumnos que necesitan este apoyo. Recordemos que las vacaciones de verano suelen generar un retroceso en el proceso de aprendizaje de niños y adolescentes (summer loss), especialmente entre los colectivos socialmente y académicamente más vulnerables”.

En sentido contrario, Ana Isabel Sanz, psiquiatra y directora de Fundación Ipsias, afirma, en un artículo publicado en la Revista Innovamos, que “los momentos lúdicos son necesarios para el desarrollo equilibrado de niños y niñas. Durante ellos no solo disfrutan y descansan del esfuerzo y la tensión que acarrean las múltiples actividades planificadas que llevan a cabo diariamente, sino que también obtienen otros beneficios”, entre los cuales menciona: el reforzamiento de vínculos familiares en un contexto distendido, el desarrollo de habilidades para interaccionar satisfactoriamente con sus iguales o con adultos que no pertenecen al círculo familiar ni escolar, el descubrimiento y la práctica de aficiones sin implicaciones competitivas (escucha-práctica musical, lectura-expresión escrita, exploración de la naturaleza…) que les proporcionan bienestar y les ayudarán a afrontar momentos emocionales negativos; la ampliación del conocimiento acerca de sus potencialidades personales (motrices, sensoriales, cognitivas, afectivas…) al entrar en contacto con ambientes diferentes, y el trabajo de su imaginación y su creatividad.

A solas en casa

Complicada resulta también la experiencia de niñas y niños que se pasan el día en casa sin cuidados: una alimentación precaria o poco nutritiva, generalmente con acceso a la televisión o a Internet sin ningún tipo de supervisión en cuanto a los contenidos que consumen ni al tiempo que pasan frente a una pantalla, poca o nula actividad de interés educativo, cultural o artístico, y la potencial exposición a personas de referencia que no sean del todo adecuadas si es que salen por la calle y no tienen a quién recurrir.

Tal como afirma Roger Caro, en la web de Educo.org, “hay familias que no pueden pagar las actividades de verano de sus hijos y optan por dejarlos en casa. En estos casos, la mayoría se quedan en casa con acceso a Internet o salen a la calle, y cualquier referente que encuentren y que sea un poco más grande les sirve… se agarran a un clavo ardiendo porque no tienen otra cosa”. Esto puede generar desde problemas de hábitos alimentarios hasta exponerles a conductas de ocio poco inapropiadas para su edad o “a los problemas emocionales que surgen de situaciones de aislamiento y soledad”, como afirma el informe Nativos de la crisis: los niños de la llave, que publicó Educo el año pasado.

Dicha organización cifra en 580.000 los y las menores que viven en estas condiciones, con un aumento de más del 65% desde 2009. Y, según las previsiones, el dato continuará creciendo si no se toman medidas que respondan definitivamente a esta realidad. En este sentido, el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que trabajará por reducir esta situación en el futuro.

Equilibrios

Sea como sea, la búsqueda de equilibrios es, casi siempre, la respuesta más adecuada. Pero sí está claro que las administraciones centrales, autonómicas y locales deben trabajar por ofrecer un abanico de oportunidades que trabajen por la reducción de la brecha entre el alumnado de familias acomodadas y el de familias con menos recursos, precisamente para que ello no se transforme en un factor diferenciador en el rendimiento, en la capacidad de aprendizaje o en el desarrollo de habilidades personales.

Pero lo deberes por sí solos no son la solución, ya que la falta de apoyo y supervisión en los hogares más pobres puede redundar en mayores dificultades para realizar las tareas y, así, profundizar todavía más en las diferencias. Es decir, que una intensa jornada de actividades, en sí mismas, no implican una mejora homogénea para todo el alumnado.

Se recomienda alternar ocio y trabajo para aumentar así el impacto de las actividades y la motivación para hacerlas. Y todo esto, independientemente del resultado académico que haya obtenido durante el curso. Pero cuidado, el descanso no es estar en el sofá o pasarse el día frente al televisor o a la tablet. Lo más adecuado es fomentar el descanso activo y otros tipos de aprendizaje, favoreciendo también la lectura y espacios para disfrutarla.

Hace poco se hacían virales los deberes “sin lápiz” del profe Manolo para el verano, que invitaba a sus estudiantes a mirar las estrellas, a reírse hasta que dolieran las mejillas, a cantar y bailar, a escribir una postal o a montar en bicicleta, por mencionar algunas. Con ellos precisamente recordaba esa máxima de disfrute de las vacaciones, lejos del estrés, del aburrimiento y de los peligros de no contar con un espacio seguro en el cual desarrollarse.

Y, si seguimos la propuesta de Ana Isabel Sanz, la planificación adecuada de las vacaciones debería ser un trabajo conjunto entre las familias y las escuelas, gracias a lo cual “nuestras y nuestros estudiantes serán más creativos con su tiempo libre si perciben cómo sus mayores disfrutan y les hacen copartícipes de los buenos momentos”.

Por eso es importante trabajar aspectos como la creatividad, la cooperación y, sobre todo, aprender a disfrutar de cada momento y de cada espacio… es decir, empujarles para que descubran nuevas formas de entretenimiento y para que los tiempos de actividad intelectual sean también parte de su ocio durante la época estival, reduciendo así el retroceso académico durante el verano y ofreciendo oportunidades más homogéneas para cada niña y niño.

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