Nos va la vida en ello

ESTE AÑO, MI HIJO HA COMENZADO 1º DE PRIMARIA en un centro público de Barcelona. Para mi mujer y para mí esta escuela era nuestra primera opción, casi puedo decir que la única, ya que poder optar a un centro bilingüe català-LSC (llenguatge de signes català) nos parece una oportunidad inmejorable para que conozca que existen otro tipo de realidades respecto a la diversidad funcional de las personas.

Nos ha llamado la atención como, por primera vez en su corta vida, desde que va a la escuela nos ha comenzado a decir que algunos colores, juegos o prendas de ropa son de niña o de niño. Nos consta que la educación que recibe está absolutamente alejada de la perpetuación de los roles de género, pero también sabemos que se relaciona con niños y niñas cuyas familias les educan bajo estos rígidos estereotipos.

Las personas LGTB, migrantes, racializadas o con diversidad funcional que formamos parte de una comunidad educativa, ya sea como alumnado, profesorado o como madres y padres, somos una oportunidad para cualquier centro educativo. Una oportunidad para educar y crecer en el respeto a la diversidad. Todas las niñas y niños de la clase de mi hijo saben que tiene dos mamás y no ha hecho falta que venga nadie a explicarles que esto es posible, ya que existimos sin más. Para que estas personas en un futuro sean homófobas, los odiadores tendrán que hacer un trabajo mucho más duro, ya que están estableciendo lazos de amor y cariño con nuestra familia y esto es mucho más difícil de romper.

Repunte de la ultraderecha

En estos tiempos oscuros, donde el repunte de la ultraderecha amenaza con atacar y destruir cualquier derecho civil y social conseguido por todas las personas que nos salimos de su “norma”, es más necesario que nunca entender que solo las alianzas entre cuerpos y vidas subalternas nos harán más fuertes. Estamos viendo cómo estos partidos políticos odian por igual a las mujeres, a las personas LGTB, a las migrantes, a las racializadas, etc. Pero no estamos viendo cómo todos sus sujetos de odio nos unimos para combatir las agresiones que estamos sufriendo cada día con más frecuencia.

Veo con tristeza cómo el movimiento feminista se desangra en guerras fratricidas. Es cada vez más frecuente en el debate político público, por parte de determinadas corrientes feministas, utilizar una agresividad verbal hacia otras compañeras que roza el maltrato. También observo que cuando las feministas negras o gitanas nos dicen las verdades respecto a que no se sienten parte de un feminismo hegemónico blanco y tremendamente elitista, en vez de escuchar, reflexionar e intentar cambiar el rumbo, se quita importancia a estas críticas o, lo que es peor, se las tilda de intento de desunir y romper el movimiento.

Es cierto que ser mujer nos convierte en el sujeto principal de los ataques del patriarcado, pero es muchísimo más cierto que si, además de ser mujer, eres negra, migrante, lesbiana, bisexual o trans, trabajadora sexual o con diversidad funcional o la suma de varias de estas realidades juntas, tu vida está mucho más expuesta. No podemos obviar esta realidad porque solo con grandes alianzas entre subalternidades seremos capaces de parar al fascismo. Y, queridas y queridos, nos va la vida en ello.

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Eva Abril

Profesora de Secundaria y activista feminista LGTBIQ