Matices para ser hoy buenos profesores

MICHAEL FULLAN ES UN PRESTIGIOSO PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE TORONTO que, después de muchos años dedicado a estudios pedagógicos y múltiples libros galardonados, desde hace unos diez años se ha implicado en motivar y ayudar, desde la colaboración práctica, a docentes y escuelas de todo el mundo propicios a nuevas formas de enseñar y aprender.

Su labor principal es asesorar, analizar y animar a que el profesorado se vea capaz de mejorar sustantivamente su trabajo. Convencido de que el 80% de las mejores ideas viene de la práctica, en su trabajo se siente experto y aprendiz al mismo tiempo, con la mente puesta en evitar soluciones erróneas a los grandes interrogantes de la educación de hoy, y en destacar qué se ha de tener en cuenta, sin contradicciones, en tan arduo camino.

 

El Matiz

El libro que acaba de presentar Morata el 25 de noviembre, delimita –con modelos prácticos– algunos de los ingredientes que, a su entender, han de configurar a los docentes que quieran atender las urgencias que tiene planteada la sociedad. El Matiz simboliza la diferencia entre un buen líder –eso ha de ser el maestro o profesor– y el burócrata conformista, superficial y equivocado. Indirectamente, Fullan está hablando de una enseñanza que merezca la pena ahora, en un mundo enormemente cambiante. Donde tanto luce la simplicidad arréglalotodo, delimita lo que considera fundamental, que solo será valioso si tiene en su centro un aprendizaje significativo.

Fullan es muy positivo. Anima a sus posibles lectores a que se den cuenta de lo que merece la pena y lo que no. Con datos relevantes –en los que ni siquiera en los lugares donde los informes internacionales señalan una alta eficiencia de su sistema educativo se está a gusto, porque se genera un elevado nivel de estrés– aparece una escuela aburrida y queda mucho alumnado fuera, el autor traza las urgencias que están pesando ya sobre la educación, provenientes de un mundo crecientemente tecnificado y robotizado. A partir de ahí, proporciona sus claves de la revalorización del trabajo escolar, en entornos sociales vinculados a la transformación comunitaria, sobre todo, con fe profunda en la escuela.

El objetivo de la escuela –y del profesorado– es lograr un “aprendizaje profundo” que dure toda la vida, porque haya sido capaz de sumergir al alumnado en el ser ciudadano, tener carácter, ser colaboradores, comunicarse bien, ser creativos y tener pensamiento critico. La confianza y colaboración, en diálogo continuo, la inclusión participativa, la coherencia y visión compartida de futuro, son esenciales en esa labor en que se apela siempre a las aptitudes naturales de los jóvenes. De este modo optimista entiende Fullan que el profesorado tiene un papel a desarrollar en este mundo, como un agente de cambio, un líder que contribuya a reducir la desigualdad y a que la humanidad avance positivamente.

 

Los matices

Todo pasa por cambiar las escuelas “permanentemente fallidas” y por asumir un nuevo tipo de liderazgo integrador, cooperativo, corresponsable, con propósito moral en la equidad. Contar con el alumnado en el análisis y solución de problemas reales –tratando de resolverlos en un mundo conflictivo– es el gran método a desarrollar, con el propósito puesto en que sean buenos ciudadanos y ciudadanas, con capacidad de participar, interaccionar y reformular un quehacer positivo en el mundo. En coherencia, el trabajo de todo docente ha de partir, permanentemente, del “para qué” aprender algo y, solo después, ha de procurar organizar el “cómo” aprender, de modo que sus estudiantes se vean autónomos y capaces de desarrollar sus capacidades con los demás, en grupo.

En ese matiz que propone Fullan, y no en el de ser meros transmisores de conocimientos poco relevantes para las generaciones actuales, aislados de sus compañeros o dóciles peones uberizados de un capataz lejano y panóptico, hace residir Fullan la dignidad del trabajo docente hoy.

Pendiente queda cómo saltar a esa proactividad rompiendo con inercias que el tiempo –y, con frecuencia, las propias administraciones– ha mimado largos años, sin ocuparse de que sea verdad lo que pregonan con retóricas en que la buena educación depende de que haya buenos profesores y maestros, como si de frutos del bosque se tratara. Que, además, se extienda el buen estilo educador es todo un reto cuando gran parte de lo que tiene andado el sistema educativo español en este terreno ha sido fruto del voluntarismo renovador y responsable de parte de sus docentes.

F

 

 

Fullan, Michael (2019).

El matiz.

Por qué unos líderes triunfan y otros fracasan.

Madrid: Morata.

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Manuel Menor

Profesor de Historia