“Los más feroces de los animales”1

“VEMOS SIN REALMENTE SENTIR”, RECUERDA LLEDÓ. La violencia física, verbal o en imágenes, contra dos niños solos, en teoría protegidos, en una parada de autobús en Madrid; la paliza a otro niño en Zaragoza al que le hunden el cráneo; los niños solos a los que alojamos dos y tres en el suelo de un pasillo o de un juzgado; a los que empujamos al suicidio por una prueba imperfecta de determinación de la edad y les dejamos en la calle; la violencia ejercida a diario contra mujeres a las que violan y humillan sus parejas u otros hombres; contra niñas a las que mutilan y obligan a ser esposas y madres; contra niños y niñas cuya identidad u orientación sexual no coinciden con la binaria aprendida con una estricta concepción religiosa, etc.

Vemos tal cantidad de maldades, que amenazan con insensibilizarnos, con que muchos terminen por aceptar como natural esa crueldad, esa irracionalidad y negación de la otredad como legítima, siendo algo realmente patológico, pero conscientemente utilizado por algunos para minar nuestra convivencia.

 

Caldo de cultivo para la intolerancia

“Una sociedad que no cuide la construcción de una personalidad racional, coherente y solidaria, y en cuyas aulas se enseñe el rechazo y la discriminación del otro para defender fantasmagóricas identidades, está creando el caldo de cultivo para la intolerancia y, por supuesto, para la crueldad”.2 Y pienso en esa ocurrencia de propuesta de un llamado PIN parental en las escuelas, cuyos ideólogos ignoran que una de las finalidades de la escuela pública es enseñar a pensar, fomentando un conocimiento científico, independientemente de la familia en la que le haya tocado nacer a cada estudiante. Además, la escuela tiene como función enseñar a convivir, a respetar la diversidad y a hacer sentir al alumnado que es parte de un nosotros y nosotras común.

El mundo necesita cambios fundamentales, y esto requiere de una nueva generación de ciudadanas y ciudadanos globales activos, con nuevos conocimientos, actitudes y conductas para pedir a los Gobiernos que cumplan con sus compromisos respecto al derecho universal a la educación y a la protección internacional de todas las niñas, niños y jóvenes forzados a dejar sus países de origen.

Debemos preguntarnos cómo hacer para que nuestro sistema de protección sea real y efectivo en concordancia con los principios rectores sobre protección de menores solos, no acompañados, sin referentes familiares o separados. Quiero pensar que las 11.738 personas que han votado a Vox en Ceuta, las 5.669 en Melilla o las 647.924 que lo han hecho en Madrid y en otras tantas ciudades de España, prefieren la educación a la violencia y al maltrato, y el cumplimiento de la ley a la violación de derechos fundamentales de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

El reto que se nos presenta va dirigido al propio sistema educativo y al profesorado, claves para contribuir a garantizar el derecho a la educación y ofrecer oportunidades reales de inclusión en el sistema educativo y en la sociedad, en un proyecto de construcción conjunta de la democracia, a pesar del discurso de odio de los animales más feroces.

1 “Sin justicia y prudencia algunos hombres se hacen los más feroces de los animales”. De La Política de Aristóteles, citado por Emilio Lledó en: Lledó, E. Sobre la educación. Ed. Taurus. Barcelona, 2018, p.72″.

2 Op. cit. p.74.

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Begoña López

Especialista en relaciones internacionales, migraciones, asilo y refugio