Mujeres en confinamiento: las grandes perdedoras

 

A la mayoría de las mujeres, el confinamiento, le supuso una regresión a la etapa del patriarcado más absoluto, ya que sobre ellas recayeron nuevamente todas, o la mayoría, de las responsabilidades domésticas. Desplegaron tareas de cuidadoras, nutricias, limpiadoras, ecónomas, etc., prestando atención tanto a su prole como a las otras personas con las que convivieron. No debemos olvidar la corresponsabilidad asumida con los centros educativos en las tareas escolares de sus hijas e hijos, intentando paliar las carencias de la enseñanza en línea. Han sabido desplegar actitudes de motivación y magisterio con múltiples resistencias, como las que ofrece el propio confinamiento. Las familias han tenido que habitar en espacios comunes, cerrados y sin posibilidad de expansión durante dos meses, etc.

Ellas también se arrogaron la preocupación por sus mayores, temiendo por su salud, y, en caso de enfermedad o fallecimiento, sufrían la angustia de no poder acompañarlos. A estas tareas multifuncionales como hijas, madres (en pareja o monomarental), compañeras, amigas, o solas, debemos añadir las relativas a su profesión. Han sabido conciliar los espacios privados de su hogar y los públicos de sus trabajos.

Todo lo expuesto anteriormente debe invitarnos a la reflexión de cómo las mujeres administran sus tiempos. Hoy en día la mayoría de ellas trabajan fuera del hogar y desempeñan distintas profesiones que han seguido desarrollando durante el confinamiento, muchas de ellas, teletrabajando. En el caso de las sanitarias, las empleadas en el sector de la alimentación, etc., han seguido trabajando dentro y fuera del hogar con el riesgo permanente de contraer la enfermedad y contagiar a sus convivientes.

Los tiempos de estas mujeres eran dedicación plena al resto de las personas, tanto dentro como fuera de sus hogares. Realmente no disponían de momentos para dedicarse a sí mismas. En cuanto al espacio, tampoco han sido muy beneficiadas, ya que las viviendas suelen ser pequeñas, y sus estancias eran principalmente la cocina y el salón acompañando a sus criaturas en las tareas escolares y de ocio familiar.

En Ceuta este periodo coincidió con el mes del Ramadán y sus respectivos horarios del ayuno diario. Las mujeres musulmanas, al igual que las de las restantes culturas que conviven en esta ciudad, las hindúes, las cristianas y las hebreas, que también han celebrado en confinamiento las fiestas de sus respectivas religiones como la Semana Santa y la Pascua Hebrea, son tradicionalmente las responsables de los trabajos culinarios de sus rituales religiosos, lo que supone, en este caso, una sobrecarga añadida. Algunas de estas mujeres han tenido que trabajar dentro y fuera del hogar si pertenecían a los colectivos considerados indispensables. Pero todas ellas han sabido adaptarse a las nuevas circunstancias.

Tanto el periodo del confinamiento, como las llamadas desescaladas han dejado en evidencia la escasa evolución de la mujer en la sociedad, ya que ellas han sido el grupo mayoritario que han sufrido los ERTE, con la incertidumbre sobre su retorno al trabajo fuera del hogar, las que más han teletrabajado y sobre las que más ha crecido el trabajo doméstico, sin olvidar que en muchas ocasiones han sufrido malos tratos tanto de sus parejas como de otras personas más o menos cercanas a ellas.

Otra circunstancia que ha quedado en evidencia, en este tramo del confinamiento, es la escasa corresponsabilidad tanto de sus parejas, por la escasa predisposición del varón a compartir el trabajo doméstico, como por parte de las empresas, que siguen priorizando el trabajo del hombre sobre el de la mujer.

La mujer del confinamiento ha tenido que responder a un nuevo modelo de mujer que, arrastrando los padecimientos anteriores, ha tenido que hacer frente a otros retos en poco tiempo y espacio. Es sin duda una Super Mujer que ha sabido dar respuesta a su situación familiar y social, cediendo de su propio espacio personal.

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Mar González

Delegada Sindical FECCOO Ceuta