Reflexiones personales sobre un nuevo horizonte educativo

LA LLEGADA DE LA LOMLOE ABRE NUEVAS ESPERANZAS EN EL PANORAMA EDUCATIVO DE NUESTRO PAÍS. Aunque también plantea importantes interrogantes y algunas respuestas, desde mi punto de vista demasiado tibias, a los grandes retos que tiene planteado nuestro sistema educativo.

Comparto en este espacio algunas de ellas:

  • Altas tasas de repetición de curso ya desde la etapa de Primaria, que afecta con mayor intensidad al alumnado más vulnerable, lo que nos lleva a concluir que la repetición de curso no es considerada en nuestros centros como una medida extraordinaria, que únicamente tendría que aplicarse cuando todas las medidas de atención a la diversidad se hubieran llevado a cabo y siempre con un programa concreto que permitiera al alumnado recuperar con éxito los aprendizajes no adquiridos. Y es aquí donde planteo una de las primeras reflexiones personales sobre nuestro sistema educativo: la repetición de curso, en un porcentaje que es muy difícil de cuantificar, se plantea más como una medida de castigo que como una medida educativa y, desde mi punto de vista, en el caso extraordinario de producirse, únicamente se tendrían que recuperar los aprendizajes no adquiridos y no todos ellos.
  • Fracaso escolar, entendido como el porcentaje del alumnado que no consigue la titulación básica y que de nuevo afecta con más intensidad al más vulnerable. El título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria es considerado en nuestro sistema como una barrera y no como parte de un proceso educativo que debería permitir a todo el alumnado continuar, por las vías más adecuadas, su proceso formativo. En este sentido, y esta es mi segunda reflexión personal, este título debería desaparecer, más cuando no conduce a ningún reconocimiento laboral, y ser sustituido por un informe de orientación educativa y profesional, que permitiese al alumnado, junto con sus familias, elegir el camino formativo que más se adecuara a sus necesidades y expectativas.
  • Abandono escolar temprano, entendido como el porcentaje de población entre 18 y 24 años que no consigue una titulación postobligatoria, que es de los más altos de la UE, aunque en los últimos cursos se ha ido reduciendo claramente, no sabemos muy bien, si por bondad del sistema educativo o por otras razones económicas y sociales (crisis económica…), o por ambas. Lo cierto es que el abandono escolar temprano no deja de ser al menos, en una parte significativa, una consecuencia de las dos circunstancias referidas más arriba y del escaso reconocimiento que la Formación Profesional todavía tiene en nuestra sociedad, lo que nos lleva a una nueva anomalía de nuestro sistema educativo: tenemos más graduadas y graduados universitarios que técnicas y técnicos de grado medio y superior. Es decir, una cabeza muy grande sustentada en un tronco y unas piernas débiles.

 

Dicho esto, y dejando de nuevo claro que lo que se plantea en este escrito son reflexiones personales, me gustaría recoger también en estas líneas tres inquietudes que, desde mi punto de vista, necesitan continuar siendo debatidas, en el contexto de los cambios que permita introducir la LOMLOE y que considero fundamentales para nuestro sistema educativo:

  • Formación inicial del profesorado. Esta no está alineada con las necesidades del sistema educativo, especialmente en lo que se refiere a la formación del profesorado de Enseñanza Secundaria. En nuestras facultades universitarias se sigue impartiendo a nuestros jóvenes una sólida formación académica, necesaria sin duda, pero a todas luces insuficiente para enfrentarse a la que va a ser, en muchos casos, su salida profesional: la docencia. Pero no una docencia cualquiera, sino una en una etapa educativa básica y obligatoria, en la que, a las propias dificultades de aprendizaje, se unen otras circunstancias contextuales derivadas de la propia adolescencia. Si a esto sumamos que los saberes recibidos en la etapa de formación universitaria se han ido especializando cada vez más, lo que ha hecho que se alejen de aquellos que luego se les van a exigir a quienes aspiren a una carrera docente, tenemos un importante problema. Si queremos que nuestro sistema educativo responda con éxito a los cambión necesarios que demandan las disfunciones señaladas más arriba, debemos afrontar, como reiteradamente se viene señalando, una reforma integral de la formación inicial del profesorado de Enseñanza Secundaria, que pase, al menos desde mi punto de vista, por la creación de un itinerario formativo abierto, en los propios grados universitarios, con amplias prácticas en los centros, que forme a aquellas personas que tengan como horizonte la docencia, anclado tanto en las respectivas facultades como en las facultades de Educación, aparte de la intensificación del proceso de formación teórico-práctico de postgrado.
  • Tecnologías educativas. El contexto de la pandemia de Covid-19 ha intensificado un antiguo debate sobre la utilización educativa de las tecnologías, que se podría resumir en la pregunta, tantas veces formulada y nunca adecuadamente respondida: “ya tenemos los ordenadores en los centros ¿y ahora qué?”. A esto se ha venido a sumar la introducción de las grandes corporaciones tecnológicas en el mundo educativo. Pero, aparte de las ya tantas veces analizadas “brechas digitales”, debemos plantearnos muy seriamente el uso ético e inclusivo de estas tecnologías. Estas no pueden ser entendidas como un regalo de las grandes corporaciones, que en muchos casos acrecientan la dependencia de nuestro sistema y a la que se han entregado, sin mucho análisis crítico y pausado, las administraciones educativas. Debemos proporcionar los enseres y la formación necesaria a todas y todos las/os integrantes del sistema educativo, para que puedan hacer un uso libre y crítico de estas tecnologías, con alternativas públicas tanto en herramientas como en contenidos.
  • Cambiar el enfoque: de lo enseñado a lo aprendido. Se debe reorientar el enfoque de los currículos, de modo que trasladen su peso de lo que se debe “enseñar” a lo que el alumnado debe “aprender”, que en las etapas básicas necesariamente tiene que ver con la formación de ciudadanos y ciudadanas. Los aprendizajes deben estar en estrecha relación con las competencias básicas, que se han de trabajar desde las diferentes áreas, materias o ámbitos.

 

Lo dicho, inquietudes ante un ¿nuevo? horizonte educativo.

Últimos comentarios

  • Jesús Gutiérrez Barriuso

    Certeras, claras, concretas y muy necesarias las propuestas que se hacen. Excelente el artículo de Alonso.

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Alonso Gutiérrez Morillo

Profesor de Secundaria y de la Universidad de Cantabria