Mujeres en plural: clase, género e interseccionalidad

DEJAMOS ATRÁS EL CAMBIO AL SIGLO XXI y las incumplidas profecías de caos civilizatorio derivadas del efecto 2000 y sus fallos informáticos en cascada. Sin embargo, lo que el cambio de siglo no varió, sino que intensificó, fue la desigualdad social.

Nadie nos dijo, ni esperábamos, que en este siglo XXI iba a ser fácil afrontarla, pero tampoco nos contaron que viniera a ser tan complicado, con problemáticas inéditas, aunque previsibles.

A lo largo del siglo XX las mujeres hemos construido nuestro propio renacimiento. La “nueva mujer” que anticipara Alexandra Kollontai en los inicios del siglo pasado ha ido emergiendo como sujeto colectivo. Hemos sido capaces, las mujeres, desde nuestra diversidad, de aportar miradas propias sobre el mundo, reflejar nuestras experiencias y nuestras necesidades sobre las realidades sociales, desdibujando los límites entre lo privado y lo público: aprendimos de la consigna “lo personal es político”. Universalizamos una nueva luz capaz de iluminar zonas sombrías, ocultas a la visión androcéntrica del poder. Una victoria colectiva de las luchas, reivindicaciones y movilizaciones feministas que inundaron las calles de todo el mundo, tiñéndolas de violeta, fortalecidas por la fuerza sindical de las mujeres de una organización como CCOO, que siempre ha sabido tender alianzas entre los movimientos sociales transformadores y que no deja de actuar día tras día.

Sabemos que ha sido decisivo el voto de las mujeres para lograr un gobierno de coalición de izquierdas; que es crucial el eje feminista en el giro social del Gobierno; que la pandemia ha puesto en el punto de mira muchos trabajos feminizados, antes poco valorados y ahora considerados esenciales. Incluso las feministas hemos sido consideradas causantes de la pandemia por una oposición descompuesta y una ultraderecha neofascista. Sin olvidar que, por fin, la opinión pública parece conmoverse con la magnitud de la violencia machista, patriarcal. De una forma u otra, las mujeres marcamos el ritmo de este siglo.

Por otra parte, como sindicalistas feministas nos preocupan las desigualdades y sus interacciones, la interseccionalidad, ese cruce de caminos entre un sistema capitalista y uno patriarcal, en el que muchas mujeres quedan en los márgenes, más desprotegidas. Somos sindicalistas, actuamos organizadamente. No nos dedicamos a fortalecer teorías excluyentes, sino a aportar soluciones desde la cercanía de lo concreto a los problemas más acuciantes que este neoliberalismo de raíz patriarcal causa a mujeres reales. Que son muchas y diversas. Por eso demandamos perspectiva feminista a las políticas públicas, porque somos parte de la solución y ningún avance social puede tener lugar sin tener en cuenta a las mujeres.

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Elena Blasco Martín

Secretaría de Mujeres e Igualdad de CCOO