Mujeres (in)visibles

Habitualmente las fechas próximas al 8M se cargan de un simbolismo especial. Y no es para menos. Nuestra obligación es aprovechar cada una de las efemérides posibles para seguir trabajando en clave de búsqueda de la igualdad, cada día más cuestionada. Porque no se trata únicamente de insistir en la denuncia del vergonzoso desequilibrio salarial ante un mismo desempeño laboral. Hay muchas más reivindicaciones pendientes que necesitan ser eliminadas.

Uno de estos recordatorios necesarios es de la mujer invisible. La Historia aprendida -y, desgraciadamente, la que aún se enseña en muchos centros escolares de nuestro país, ignora el papel que las mujeres han ocupado en todas las actividades del ser humano. Llevamos décadas reconstruyendo nuestro pasado e ignorando la acción, el paso por la vida del 50% de la humanidad. Algunas, las más atrevidas, lucharon contra esa invisibilidad, ocupando el espacio reservado por el poder masculino, transformándose. Así, Amantina Dupin tuvo que convertirse en George Sand, Mary An Evans en George Eliot, las hermanas Brontë en “los” Bell y Cecilia Böhl de Faber en Fernán Caballero para conseguir triunfar en el complicado mundo de las letras. Hasta todo un fenómeno de masas, como la archiconocida autora de Harry Potter, con más de 600 millones de ejemplares vendidos, fue aconsejada por su editor para que sustituyera su nombre, Jane, por el impersonal J.K Rowling, si deseaba triunfar entre los novelistas. En pleno siglo XX.

 

No fue la literatura el único espacio fraudulento de identidades. A las innumerables científicas o artistas que debieron esconderse tras atributos masculinos, no les fue mejor, cuando deseaban dedicarse a sus actividades elegidas. Algunas de ellas, las menos, por cierto, han podido ser rescatadas del anonimato, recientemente, a través de películas que les devuelven -siempre con retraso- un honor negado en vida. Así, “Bi Eyes”, de Tim Burton, que recuperaba el pasado angustioso de la pintora Margaret Keane, autora de innumerables personajes de grandes y tristes ojos, eclipsada obsesivamente por su marido Walter. También “Figuras ocultas”, de Theodore Melfi, que hacía justicia tardía con Katherine Johnson y el resto de mujeres científicas negras en los inicios de la carrera espacial estadounidense, durante aquellos años sesenta tan convulsos en materia racial.

Estos ejemplos no dejan de ser granos de arena en una inmensa playa de ignorancia y desinterés. La investigadora de la Universidad de Valencia, Ana López Navajas, recordaba que la presencia de las mujeres en los libros de Secundaria española no roza el 10%. Así es difícil que la mujer forme parte del bagaje cultural que la sociedad debe asumir. A medida que los contenidos se iban complicando -de la ESO al Bachillerato- esta presencia femenina iba descendiendo paulatinamente, reforzando ese criterio no escrito, pero asumido colectivamente que supone que las mujeres desaparecen de la contemporaneidad. Según esta investigadora, este desajuste de los contenidos acaba determinando una visión del mundo sin mujeres, algo que tenemos naturalizado. Y no debemos olvidar -en plena y feliz obsesión de las familias por una educación a la altura de los tiempos que nos toca vivir- que los estereotipos de género en el ser humano se consolidan entre los 5 y los 7 años.

Recientemente Elena Simón nos incitaba e invitaba a la vez. Cuidado con caer en el error de pensar que con la proliferación de actos reivindicativos estamos provocando un exceso de visibilidad. En esa imagen equivocada podría generarse la idea de que las mujeres ya están en todas partes, que lo hacen a partes iguales con los hombres e incluso en algunos lugares de forma preferente. Pero sabemos que no es cierto. Es una burbuja que tenemos que ayudar a explotar.

 

Queda aún mucho camino por desbrozar; muchos 8M por celebrar; innumerables historias por conocer, cientos de mujeres por descubrir y muchas gaitas aún por templar. Por eso Gaiak quiere acercar la voz de mujeres que están en la brecha diariamente, que sí han estado presentes en las manifestaciones del 8M, que asumen responsabilidades importantes como la representación de la UPV, que aportan, con su opinión, su grano de arena en la mejora educativa, que nos ilustran, en fin, con el pasado femenino de esta sociedad.

 

Que el presente número de nuestra revista ayude a sembrar más y mejor visibilidad.

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Pablo García de Vicuña

Secretario general de FECCOO Euskadi


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