Benita Asas, una donostiarra en Bilbao

La biografía que la historiadora María José Villa Rodríguez dedicó a esta figura singular ha visibilizado el importante esfuerzo de la maestra donostiarra por potenciar los inicios del movimiento feminista en España. Estamos en las primeras décadas del siglo pasado, cuando hablar de derechos de la mujer, sufragio universal o reivindicaciones sociales eran quimeras sólo al alcance de los hombres política y económicamente mejor dotados.

Villa, a lo largo de las más de doscientas páginas que recoge su libro “Benita Asas Manterola y los feminismos en España”, realiza un estudio pormenorizado de aquellos convulsos años que conocieron la aparición de mujeres decididas en resaltar la enorme desigualdad de trato, de reconocimiento jurídico y hasta de consideración social que tenía la mujer. Y elige para eso el seguimiento de la personalidad de Benita Asas, una donostiarra que tras su titulación de maestra en Valladolid se dirige a Bilbao para iniciar su carrera docente.  La villa vasca, más dedicada a progresar comercialmente, no será el destino definitivo de Asas. La maestra pronto se instalará en Madrid, capital de un reino que veía con cierta displicencia las alternancias políticas de los partidos de la Restauración canovista. Ese será su espacio de actuación hasta la Guerra Civil.

 

Benita Asas, enseguida comprenderá que debe fomentar su formación política si quiere convertirse en un estilete de denuncia sobre la situación de la mujer española en esas primeras décadas del siglo XX. Docente, articulista, redactora, Asas comienza una carrera de disputa política tan pronto como entiende que únicamente desde este espacio podrá modificarse la situación de inferioridad que padece la mitad de la población española.

 

La persistencia de la maestra -nunca renunció a su labor docente, pese a involucrarse activamente en la reivindicación social y política- su lucha por conseguir el sufragio femenino la llevaron a relacionarse con todo el elenco político de ese primer tercio y a frecuentar la relación con esas otras primeras mujeres que destacaron en la misma reivindicación. Así, desde los esfuerzos infructuosos por conseguir un asiento en la RAE para Emilia Pardo Bazán -lo que hubiese acabado con el monopolio masculino de esta institución- hasta los manifiestos en apoyo de Dolores Ibarruri -encarcelada en vísperas de las elecciones políticas del 36- sin olvidar la entusiasta ayuda a mujeres como Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken en la consecución de sus primeras actas como diputadas de la II República. 

 

No se puede desdeñar tampoco la labor articulista de Benita Asas, directora y promotora de dos publicaciones “El Pensamiento femenino” y “Mundo Femenino” que tanto contribuyeron a la extensión de las primeras ideas feministas en el entorno español. La disponibilidad de ambas fuentes documentales para la historiadora Villa ha permitido ofrecer una imagen inédita de esta feminista. Asas, presidenta de la Asociación de Mujeres Españolas (ANME), participó internacionalmente en asambleas europeas para extender la paz en el mundo (durante la I Guerra Mundial) y en iniciativas españolas para dignificar el trabajo y la personalidad femenina.

 

La victoria de Franco, tras la Guerra Civil, recluyó definitivamente en Bilbao a Benita Asas, toda vez que su militancia progresista (siempre se reconoció católica, pese a su pugna con la Iglesia que exigía más moderación a la mujer) la obligó a perder su puesto docente y como tantos otras y otros docentes acabaron purgados y excluidos de su actividad. El Ayuntamiento de esta ciudad, en el año 2017, dedicó una calle a esta pionera del feminismo en España, en reconocimiento a una vida dedicada a defender la causa de las mujeres son voz.

 

La autora, María José Villa Rodríguez es doctora de Hª Contemporánea por la UPV-EHU, máster en Igualdad de Género por la UCM, investigadora y actualmente profesora de la UNED. Además de la obra mencionada es también coautora de “Un largo camino hacia la igualdad. Historia de las mujeres en Euskadi (1900-1936)”

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Pablo García de Vicuña

Secretario general de FECCOO Euskadi


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