Hasta siempre, Pilar

El 5 de octubre celebramos el Día Internacional del Docente recordando al profesorado que nos ha dejado durante esta terrible pandemia y que gracias a su impronta educativa estará #SiemprePresente, tal y como reza la campaña de la Internacional de la Educación.

#SiemprePresente
#SiemprePresente

-¡Hola, Pilar!

-¿Has descansado?

¿Recuerdas? En la puerta de clase, mientras íbamos de una en una, alborotadas hacia nuestras mesas, te dirigías a nosotras siempre de la misma manera. No le dimos ninguna importancia entonces, pero a muchos de nosotros se nos ha quedado grabado. Era tu forma de demostrarnos que te importábamos; que más allá de la materia que viéramos después (en ocasiones ¡tostonazo total!) teníamos que esforzarnos por hablarte, olvidarnos de la chufla anterior con Ana o Adolfo, o de la bronca con “Cartabón”, el profe de Dibujo que racaneaba las notas.

Transcurridos esos minutos, conseguías casi siempre la atención de la clase, nuestro silencio. No necesitabas más, ni apelar a la meditación ni ofrecernos caras largas. Al contrario; si en ocasiones el barullo tardaba unos minutos, te situabas en el centro y nos ofrecías todo un elenco de muecas imposibles que provocaban la carcajada general, paso previo al silencio más absoluto que auguraba tu intervención.

Hoy, me vais a hablar de…

¿Recuerdas? Siempre empezabas igual. Esperábamos ansiosas ese momento, porque era la antesala de un acontecimiento histórico por descubrir; el instante previo a conocer las causas de la Guerra de la Independencia, el asesinato de Lorca, la primera Constitución democrática, el sufragio femenino, los asesinatos terroristas…

Recuerdo que la primera vez que te oí decirlo pensé que estabas loca. ¿Cómo íbamos a hablar nosotros de algo si no lo habíamos estudiado aún? ¿Qué esperabas de unos adolescentes que se sentaban en tu clase aparentando comerse el mundo, pero temiendo el ridículo más espantoso? ¿Acaso pretendías que diésemos nosotros la clase, mientras tú hacías qué?

Poco a poco fuiste ganando nuestra confianza porque nunca te fue nada ajeno. No dudabas en interrumpir la clase si encontrabas a alguien preocupado y desconectado de la explicación. Normalmente presentías la forma de animarle, pero no te molestaba acudir a cualquier compañero o compañera para que mediante una broma insulsa le ayudara a recuperar el tono habitual.

Tengo la sensación de no haber trabajado ninguna asignatura más que la tuya. Y es algo compartido. La mayoría éramos conscientes de que el curso en el que estábamos, al final del Bachillerato, iba a exprimirnos, pero jamás pensé que gracias a tu ayuda lo hiciésemos de forma tan natural, sin apenas sensación de agotamiento hasta que tuvimos en nuestras manos los resultados de la prueba de la EBAU.

Tomar apuntes, preparar exposiciones, compartir trabajo de forma colaborativa, disfrazarnos de políticos, simular un juicio… Conocimos Internet mejor que las series de Netflix. Pocos se esforzaban en ocultar su esfuerzo en la asignatura, para intentar igualar el compromiso alegre que tú transmitías.

Salvo Nora, ¿recuerdas? Todo un trimestre enseñándote los dientes de la disconformidad, ofreciendo una rebeldía de libro, erigiéndose en delegada innombrada de un grupo que no se sentía representado en sus desplantes, zancadillas y actuaciones teatrales. Nora acabó asumiendo la ineficacia de su plante y convirtiéndose en tu mejor ayudante. ¿Quién lo iba a sospechar en la primera evaluación, verdad? Por cierto, además de mandarte recuerdos, te pide que no olvides la importancia de tener alguien próximo que haga de Pepito Grillo, como gustabas decirle.

La semana pasada, al cumplirse un año de tu desaparición, nos juntamos la mayoría de la clase para homenajearte. Alguien recordó las semanas en las que, con Juan y Elena, trabajamos de forma conjunta Historia, Literatura y Filosofía, a partir de la lectura de “El intruso”, de Blasco Ibáñez. ¡Qué experiencia! Nos fascinó conocer el nacimiento de la sociedad moderna vasca, a partir de personas anónimas burguesas y mineras; descubrir nuevas ideologías como el socialismo y el liberalismo; disfrutar con un escritor fundamental levantino que no rehusaba situarse muy al norte de su tierra de origen. Fue todo un descubrimiento. ¡Nunca antes habíamos tenido tres profes a la vez y durante tantas horas seguidas! ¡Era posible trabajar de forma colaborativa también entre profes y no solo entre nosotras!

¡Qué buen año pasamos juntas! ¡Cuánto te añoramos, Pilar! Siempre había pensado que los recuerdos de mis abuelos, cuando oía hablar de la impronta que les habían dejado algunos maestros de pueblos pequeños gallegos, eran chocheces propias de la edad. Cuando se explayaban narrando aquellos años de la II República, en la que se sintieron seres humanos por primera vez o cuando se quejaban de la posterior dictadura franquista, que tanta humillación y dolor les produjo, los creía actores en plena representación familiar. Sin embargo, ahora comprendía que se puede tener ese deseo de aprender, gracias al esfuerzo de profesoras como tú; tus desvelos estaban dando frutos.

El COVID-19 (¡Cómo odio esa palabra!) cortó de raíz tus deseos vitales y nos sumió a todos en la desgracia, ante la certeza de nuestra inferioridad. No me siento preparada para tanto sufrimiento. Mis padres me dicen que de aquí saldremos más fuertes, pero lo único que oímos a diario es que esta lucha tardará años en ganarse. Y, mientras tanto, la lista de fallecidos sigue agrandando nuestra inseguridad. Maite y Bego, mis amigas de toda la vida, acaban de anunciarme que también ha fallecido Rosa, la limpiadora que siempre, a primera hora, nos recibía con una sonrisa, pese a llevar ya varias horas recogiendo nuestra suciedad por el instituto. Rosa se suma a otras pérdidas, como Ana, la bedela o Jaime, el oficinista inasequible al desaliento.

Voy a tener que dejarte, Pilar. Me reclaman los apuntes de Historia Contemporánea de la uni, que tengo que pasar a limpio. Creo que hoy hemos hablado de la Constitución de Cádiz, no lo recuerdo muy bien, porque el profe es bastante plomizo. Y es normal, como dice mi madre, perlas como tú solo aparece una entre mil conchas.

Deseo que, allí donde te encuentres, disfrutes viendo en lo que nos vamos convirtiendo. Nosotras intentaremos continuar con el camino que nos enseñaste de respeto, solidaridad y justicia.

Juan me dice que al comentar en su casa que estaba escribiéndote estas líneas, su padre le ha hablado de una carta que un tal Camus le dedicó a su maestro cuando fue a recoger el Premio Nobel el siglo pasado. Me alegra oírle porque, sin saberlo de antemano, me reconozco en el agradecimiento y en la fidelidad que queremos transmitiros. Somos, seremos, lo que nos habéis ayudado a construir.

Gracias por todo, de mi parte y de cuantas personas firman estas líneas. Ya están esperando Patricia, Sonia, Jon, Endika, Pedro, Elena, Javi, Esther, Julen… Seguro que será la mayoría del grupo de 2º H de Bachillerato del Instituto Pilar Álvarez, el tuyo, el que por rara unanimidad, alumnado, profesorado y personal docente decidimos renombrar.

¡Hasta siempre, Pilar*!

*Pilar Álvarez es un nombre ficticio que representa a las miles de personas educadoras fallecidas por el COVID-19 en España.

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