Jugando con fuego: la COP26 y la crisis energética

QUE EL PLANETA TIERRA ESTÁ AGONIZANDO ES ALGO DE LO QUE YA NADIE DUDA, salvo quizás los negacionistas irredentos e irracionales y los populistas de extrema derecha. Ni siquiera los que hasta hace poco hacían campañas arrinconando las evidencias científicas, como por ejemplo las grandes empresas energéticas, se atreven ya a discutir lo que miles de científicos llevan advirtiendo desde el año 1972.

Jugando con fuego: la COP26 y la crisis energética

Llevamos décadas sin poner remedio a los males del planeta, y, lo más grave, los que ponemos encima de la mesa son insuficientes, llegan tarde en muchos casos y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera se llevan a cabo.

Desde el domingo 31 de octubre y hasta el 12 de noviembre tiene lugar la COP26 en Glasgow, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, organizada por el Reino Unido en colaboración con Italia, en la que representantes gubernamentales de alto nivel, incluidos numerosos jefes/as de Estado y de Gobierno, discuten, negocian y acuerdan posibles propuestas para limitar el imparable calentamiento global junto a expertos/as en cambio climático, representantes sindicales, empresariado, portavoces de ONG y de la sociedad civil en general.

Hace cinco años que en la COP21 de París se acordó tomar todas las medidas necesarias para limitar el calentamiento global a 1,5º C, como el umbral admisible por el planeta para no ocasionar disrupciones climáticas y medioambientales irreversibles cuyas consecuencias pueden poner en peligro no sólo la existencia del ser humano tal y como la conocemos hoy en día, sino también del conjunto de la vida en la Tierra.

Consecuencias dramáticas

Según el último informe del IPCC sobre el Cambio Climático, “muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios”. Y esto, para un deseable pero improbable escenario en el que las temperaturas medias del planeta no aumenten más de esos 1,5ºC (en relación con los niveles preindustriales) en las próximas décadas. Los científicos advierten que, o cortamos de manera drástica la quema de combustibles fósiles a escala planetaria, o el objetivo de esos 1,5ºC, e incluso los 2ºC para finales de siglo según el Acuerdo de París, serán una mera quimera y las consecuencias serán devastadoras para la Humanidad y para la Naturaleza.

Estamos cerca de un punto de no retorno, igual ya lo hemos sobrepasado, en el que ciertas consecuencias ya serán inevitables e irreversibles. Si no lo frenamos, podemos asistir a escenarios cada vez más complejos en los que las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el aumento de temperatura crezcan exponencialmente. La realidad es que los compromisos adquiridos hace cinco años en París se han incumplido; y, lo peor, es que algunas investigaciones científicas apuntan que, aunque se hubiesen cumplido en sus términos en lo que va de lustro, lo único que hemos logrado sería el limitar el aumento de temperatura media a finales de siglo a algo menos de 4º C, con lo que estaríamos lejos de los 1,5ºC o 2ºC como meta no excesivamente lesiva.

Cambiar el sistema

No se trata de ser catastrofistas, sino de ser conscientes de la realidad que nos está tocando vivir y la que tendremos que vivir en el futuro, especialmente las generaciones venideras. Solo desde la consciencia de lo que está pasando podremos tomar las medidas pertinentes para resolver esto. El problema, como siempre, es que el sistema capitalista en el que estamos inmersos supone el mayor lastre y freno para poner fin a esta hecatombe. Toda esta barbarie ha sido generada por un sistema capitalista, incapacitado para resolver el problema que nos ha generado porque hacerlo supondría atentar contra sus principios básicos de subsistencia. Por eso nos hacemos eco de una de las consignas que han coreado millones de jóvenes movilizados en los últimos años en torno a los movimientos que exigen cambios drásticos en las políticas para salvar el planeta y que resulta muy elocuente: “No hay que cambiar el clima, sino el sistema”.

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Rafael Páez

Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente de FECCOO