Una casa para toda la juventud

A FINALES DE NOVIEMBRE, LA COMISIÓN EUROPEA LANZÓ LA CONVOCATORIA de Erasmus+, un programa que consiste en realizar intercambios en países de Europa, con el objetivo de mejorar y diversificar la formación de las y los estudiantes, y que incluye también intercambios de prácticas y para personal de los centros educativos.

La presentación del programa para 2022 promete reparar los últimos años de pandemia. Esta ocasión celebra el 35º aniversario de esta iniciativa asegurando que la juventud necesita aprender y viajar después de estos cursos difíciles que, en realidad, no han acabado aún.

Pero ¿es realmente el Erasmus+ una herramienta formativa? Dejando de lado prejuicios que, si somos sinceras, van más en contra de la juventud que en contra del programa en sí, los Erasmus+ sí son una herramienta de educación, en tanto que, como mínimo, constituyen la oportunidad de un intercambio cultural.

Por esto precisamente sabemos que también son una prueba viviente de las desigualdades entre el alumnado. El nivel económico y el capital cultural del estudiantado que accede a este programa es bastante uniforme. Esto se debe a distintas causas, la primera es que la dotación económica de los Erasmus+ en muchas ocasiones es insuficiente para pagar los gastos derivados de un alquiler, transporte y manutención en otros países. La segunda es que el capital cultural que tiene el alumnado en riesgo de exclusión social o con poca capacidad económica es, en la mayoría de los casos, menor que la del resto.

Quienes trabajan mientras estudian, quienes pasan las tardes solos en casa porque sus familiares tienen jornadas extensísimas o quienes simplemente no cuentan con una red de apoyo y cuidados sólida, tienen muy difícil acceder a la información del programa. Pero, además, también tendrán muy difícil postular al programa y aún más poder disfrutar del intercambio si las becas continúan recibiéndose en plazos a posteriori de la llegada a otro país y en las
cantidades que se estaban gestionando.

Sin embargo, no debemos confundir esta crítica con una voluntad de cancelación de Erasmus+ en sí. Lo que realmente necesitamos es una atención especial al alumnado en riesgo de exclusión para que nadie se quede fuera de programas que pueden enriquecer y hacer más atractiva su formación. Si la Unión Europea quiere que la juventud la considere su casa, debe ser casa para toda la juventud. Sin excepciones.

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Pau Garcia Orrit

Secretaría de Juventud de FECCOO