Es el capitalismo idiota* (sé impertinente)

CADA VEZ MÁS, Y CREO QUE ALENTADO POR LAS REDES SOCIALES, hay una actitud que retroalimenta nuestro individualismo y que se va extendiendo por nuestra sociedad. Una especie de ombliguismo acrecentado por los algoritmos que nos muestran solo aquello que deseamos ver, no solo convenciéndonos de que nuestras posiciones y argumentos son los correctos, sino también aislándonos en un entorno complaciente, sin interacción con otras visiones.

 

Esto nos ha llevado a tomar posiciones aislacionistas y gregarias, incluso en posicionamientos tradicionalmente de izquierdas. Por ejemplo, en el tema medioambiental se está extendiendo el veganismo, el reciclaje, el consumo responsable y de proximidad, pero desde una actitud personalista y autónoma. Parece que se opta por ese modo de vida como actitud de rebeldía y, en algunos casos, incluso desde una perspectiva de superioridad moral. Con esto no estoy diciendo que no debamos proceder de esta manera, al contrario, estas actitudes son necesarias y se han de extender; pero, en algunos casos, parece que sean suficientes y que las personas con esta conducta se consideran ajenas a cambiar las maneras de hacer de “la otra gente”, y es ahí donde discrepo. En el mundo que vivimos, un comportamiento individualista, aunque ejemplarizante, no basta. Nuestra sociedad no es solo la suma de individuos, sino que la socialización crea estructuras, normas y relaciones sociales complejas.

Sabemos históricamente que ha habido otros sistemas socioeconómicos menos lesivos y respetuosos con el medioambiente, por tanto, si analizamos con atención y sentido crítico las causas de la emergencia climática, nos daremos cuenta de que no es realmente la actividad humana la que está creando esa situación de urgencia, sino el tipo de sistema socioeconómico.

Hemos de ser conscientes de que las políticas que se toman hoy limitan las opciones de futuro y crean trayectorias, abriendo nuevas oportunidades o haciéndolas desaparecer. Es aquí donde el colectivo ha de coger fuerza y sentido. Si queremos cambiar este sistema, llamémosle capitalismo, tendremos que tomar una actitud más beligerante, darnos cuenta de que no es suficiente con una actitud individual, sino que hace falta una fuerza social para generar ese cambio social, económico y político. Hace falta salir de nuestro cubículo de comodidad, ser generosos y solidarios, y buscar una implicación colectiva para dar un futuro a las próximas generaciones.

Y es aquí donde la educación ambiental no solo tiene que centrarse en esas actitudes individuales (reciclar, consumo responsable, etc.) que son importantes, sino que también debe promover actitudes colectivas. Concienciar, pero también promover la implicación y la acción social. El activismo en asociaciones, sindicatos y partidos políticos tiene que ser parte de esa educación medioambiental, ya que no únicamente en las ideas, sino en sus aplicaciones, que es donde podemos provocar el cambio. El saber sin actuar no nos sirve de mucho en este caso. La formación de una ciudadanía crítica y comprometida e implicada con los asuntos públicos, sí.

Por tanto, debemos ser impertinentes, si quieren de una forma respetuosa, pero no encerrarnos en nosotros y promover acciones, políticas, normas y comportamientos nuevos. Hemos pues de increpar, reprender, sermonear, concienciar a otras personas, crear debate, trascender ese individualismo, tan cómodo a veces, y convertirnos en el colectivo que no solo quiere, sino que promueve y provoca el cambio.

* Uso aquí la palabra idiota en su significado originario y etimológico, donde en la antigua Grecia se le llamaba idiota a aquella persona que solo se preocupaba por sí mismo y desatendía o no se preocupaba por los asuntos públicos y políticos.

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David Taranilla García

Federació d’Educació de CCOO de Catalunya