Somos el mejor profesorado, pero necesitamos más

TENEMOS QUE REPETÍRNOSLO CON MÁS FRECUENCIA. Somos excelentes y diversos/as, y ambas cosas son esenciales para el ejercicio de nuestra profesión. El profesorado de la educación pública es, sin ápice de duda, sobresaliente; y lo es además tocado por el factor enriquecedor de la diversidad. Diversidad en la carrera académica y profesional, en formación y hasta en las razones vocacionales y vitales que nos llevan a iniciar y continuar nuestro periplo en la profesión docente.

Desde esa perspectiva, no tenemos ningún miedo al debate sobre la evaluación del profesorado desde el profundo respeto que tenemos a nuestra profesión, el esfuerzo que realizamos día a día y el cariño que ponemos en nuestro trabajo. Sin embargo, no vamos a permitir que las administraciones se dejen llevar por la tentación de usar ese debate para eludir su responsabilidad política de rectificar las carencias, corregir la infradotación del sistema educativo y revertir los recortes. Lo sentimos, pero no aceptamos que el punto de partida sea la suspicacia en lugar del reconocimiento de la dureza de la labor docente cuando las condiciones estructurales, materiales y de plantilla no son las adecuadas. Aceptamos el debate de la evaluación, pero de una evaluación extensa que incluya las condiciones laborales, materiales y de carrera de las cientos de miles de personas que componemos los cuerpos docentes estatales.

Pongamos un ejemplo que esperamos sea bien comprendido por la mayoría social. Piense en algún momento en el que estaba solo cuidando de su hijo/a, nieto/a, sobrino/a ¿No se ha sentido usted alguna vez desbordado? Pues bien, las y los docentes lo hacemos a diario con grupos muy numerosos de niños y niñas o adolescentes, cada una y cada uno con sus diferentes situaciones y necesidades. ¿No debería más bien pensar en cuál es la responsabilidad de las administraciones educativas que permiten ratios excesivas de niños y niñas en una misma aula y con una sola persona a cargo?

El Ministerio de Educación y FP parece obviar esta realidad y plantea su reforma de la profesión docente centrándose en cuestiones relativas a la formación inicial y las exigencias en el perfil del profesorado para su carrera profesional. Y, si bien hay que definir el perfil docente que queremos mejorando la formación inicial y en qué nos fijamos a la hora de seleccionar al profesorado, lo que no se puede hacer es estirar indefinidamente el chicle, exigir cada vez más y no mejorar las condiciones en las que realizamos nuestra labor y nuestro reconocimiento.

Profesores y profesoras y maestros y maestras no eludimos nuestro papel esencial en la mejora de la calidad educativa. Lo demostramos, defendimos una presencialidad segura en las aulas durante la última pandemia y, mientras en otros países las escuelas seguían cerradas, ya estábamos en las aulas, haciendo aquello que nos corresponde como servicio público esencial. Las y los docentes asumimos diariamente una gran cantidad de retos que estamos dispuestos/as y queremos asumir. Pero necesitamos que las administraciones educativas estén de nuestro lado y no enfrente. Demandamos que se dote al sistema de los recursos necesarios y que nuestras condiciones de trabajo mejoren para poder asumir todo lo que tenemos que hacer con garantías y sin quemarnos en el intento.

Y es que los retos son muy diversos y nos exigen el apoyo de todas las administraciones y de toda la comunidad educativa: los cambios en los currículos, la diversidad en las aulas, la convivencia de la comunidad educativa, el desarrollo integral de todo nuestro alumnado, el apoyo a las familias y la atención al aumento de los problemas emocionales y sociales son de los más importantes.

Repartir es mejorar y, por ello, queremos que la carga lectiva y las demás funciones sean menores para cada docente y así poder realizarlas de manera excelente, como estamos capacitados/as para hacer. Hay también nuevas funciones y figuras muy necesarias que no se pueden implementar a coste cero y que necesitan también incrementos de plantilla en los centros. Las ratios de los grupos y de alumnado que atiende cada docente deben reducirse para que la calidad se incremente y esa atención sea completa.

Por supuesto que queremos y necesitamos actualizarnos y estar en permanente formación, pero se nos debe facilitar la oferta y las condiciones para poder hacerlo compatible con la conciliación personal y laboral, y por ello la formación debe estar incluida en nuestro horario laboral y hacerse realidad el concepto de investigación-acción participativa.

Las personas que trabajamos en los centros educativos públicos necesitamos reflexionar juntas, necesitamos coordinarnos y escapar del creciente individualismo en el que parece que nos quiere meter la inercia social. Solo de forma colectiva y colaborativa, aportando nuestra diversidad, pero reconociéndonos como colectivo con valores y motivaciones comunes podremos afrontar nuestro complicado y gratificante cometido. Lo haremos estén las administraciones educativas a nuestro lado o no, pero es evidente que en el primer caso será mucho más fácil.

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Héctor Adsuar López

Secretaría de Pública No Universitaria de FECCOO


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Rodrigo Seoane Ruano

Secretaría de Enseñanza Pública No Universitaria