Cómo el mercado entró en la escuela

EN ABRIL SE CELEBRARON LAS JORNADAS “NEOLIBERALISMO Y EDUCACIÓN. Cómo el mercado entró en la escuela”, ocasión en la que participaron docentes de América Latina (Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, Colombia, México, Argentina, Ecuador, Chile…) y de la práctica totalidad de CC. AA.

El neoliberalismo ha trascendido su origen como doctrina económica y se ha convertido en un movimiento cultural que, poco a poco, ha ido colonizando el pensamiento y la cotidianidad en numerosas facetas de la vida. En el campo de la educación, esta ha pasado de ser concebida como un derecho universal a ser considerada como un elemento más de consumo.

La ofensiva neoliberal, que en nuestro país comenzó con la LOPEGCE (1995), conocida como Ley Pertierra, y la LOU (2001), parecía centrarse, inicialmente, en los ámbitos relacionados con la gestión y el liderazgo, y en la introducción de mecanismos de competencia entre los centros educativos. Sin embargo, con el devenir de los años, ningún elemento educativo ha quedado a salvo: ya no se trata solo de “mercantilizar la gestión”. El currículo está siendo el principal campo de batalla. El matiz, respecto a lo ocurrido a finales del siglo anterior, es que esta nueva colonización no está contando con el rechazo de la comunidad educativa, sino más bien con su indiferencia.

Si la escolarización masiva del siglo XX se realizó en torno al currículo ilustrado, el actual giro neoliberal de la educación se construye en torno al modelo de enseñanza por competencias, aupado al trono de lo pedagógicamente correcto mediante la cuasi obsesiva retórica progresista de las metodologías activas y del sujeto como centro del aprendizaje –como si hasta ahora el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje hubiese sido otro–.

Es de vital importancia que las organizaciones sindicales que luchamos por la transformación social seamos capaces de relacionar los actuales problemas de la educación con la aplicación de los dogmas neoliberales. Por ejemplo, la paulatina desaparición del currículo de las humanidades, la música o la filosofía, tiene mucho que ver con ese abandono del modelo ilustrado y con la aplicación del modelo competencial: el neoliberalismo no quiere una ciudadanía cultivada, sino trabajadoras y trabajadores dóciles, que destaquen por su “adaptabilidad y flexibilidad” a la hora de afrontar nuevos “retos” –entiéndase por reto, cualquier trabajo precario con el que lograr seguir sobreviviendo–.

Las jornadas de Oviedo, celebradas justo 20 años después de la cumbre de ministros del ECOFIN, que tuvo lugar en la ciudad durante la presidencia española de la UE, han servido para conjurar al profesorado asistente en mantener con determinación que otra educación y otra sociedad siguen siendo posibles.

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Borja Llorente Álvarez

Profesor Técnico de Servicios a la Comunidad en el IES Llanes. Secretario General del Sindicato de Enseñanza de CCOO Asturias