Mujeres de consuelo

LA GUERRA HA TENIDO –Y TIENE– MUCHOS ESCENARIOS POSIBLES. El fundamental, el campo de batalla, donde el olor a muerte, pólvora y metralla se mezclan con la podredumbre de los cuerpos y el miedo colosal de miles de jóvenes poco preparados para morir.

Hierba

Keum Suk Gendry-Kim

Reservoir Books. 2022

Otro escenario son los despachos, desde los que se toman las decisiones que afectarán a miles o millones de personas. Si nos dejamos guiar por la ficción histórica, antes, quienes declaraban la guerra, la luchaban también junto a sus soldados. Hoy, como una cuestión ejecutiva más, se deciden invasiones y contraataques entre cuatro paredes o desde los búnkeres más escondidos.

Pero hay un escenario que, si bien se conoce y se ha abordado, pasa, casi siempre, desapercibido para la mayoría: los cuerpos. Sobre todo de mujeres y niñas, quienes son abusadas sexualmente y violadas como una cuestión de poder y conquista sobre el bando vencido, o simplemente como entretenimiento y placer para los soldados.

La novela gráfica Hierba cuenta precisamente la historia de Lee Ok-Sun, una niña coreana que, apenas tuvo edad para trabajar, fue puesta al servicio como “mujer de consuelo” para el ejército imperial japonés, en los años de la invasión nipona a Corea y China (1910-1945), donde sufrió las más terribles vejaciones. Por supuesto, no fue la única.

Un artículo de “Historia. National Geographic”1, publicado en agosto de este año, cifra aproximadamente en 400.000 las mujeres y niñas que pudieron sufrir ese horrendo destino. Y no son las únicas, porque a lo largo de la historia han sido millones las víctimas de las guerras y las invasiones, los desplazamientos forzados y la esclavitud sexual. Sin ir más lejos, las personas obligadas a migrar desde zonas de conflicto, especialmente mujeres y niñas, quedan más expuestas y vulnerables ante las redes de trata de personas con fines de explotación sexual, el trabajo forzado o incluso a ser reclutadas para la guerra.

A pesar de lo terrible, Hierba está narrado desde un lugar de paz, pero sin quitarle un ápice de dolor. No es una revancha, sino una historia real de violencia que utiliza con gran acierto el contenido de las viñetas para contar los hechos sin caer en la revictimización ni en el morbo. No es una historia de sexo, sino de supervivencia. Un ajuste de cuentas con el pasado desde la simple reivindicación de que el Gobierno japonés debería pedir perdón a tantas víctimas. Más allá de las reparaciones económicas, lo importante es recuperar la dignidad y el honor que se les arrebató. Se convierte así en una magnífica herramienta para hablar de historia, humanidad, resiliencia, perdón, violencia, memoria e igualdad con jóvenes y adolescentes.

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