En pie en defensa de la escuela catalana

CADA MAÑANA, MÁS DE 125.000 DOCENTES, educadores y educadoras se levantan para ir a su trabajo en Cataluña. Profesores y profesoras de ESO y Bachillerato, maestros y maestras de Primaria y Educación Infantil de todo tipo de centros educativos, escuelas, institutos y centros de educación especial se incorporan a sus puestos de trabajo y con ello mantienen en funcionamiento cada uno de los engranajes del sistema educativo catalán.

Junto con el trabajo del personal de administración y servicios, monitores y monitoras de comedor y extraescolares, personal de apoyo, cuidadores y cuidadoras, hacen funcionar casi 5.500 centros de estudio en los que se atiende y educa a más de un millón y medio de alumnos y alumnas. Esos y esas más de 125.000 docentes recogen el testigo de quienes con anterioridad empezaron a andar ese camino. La Institución Libre de Enseñanza y los miles de docentes que, como Matilde Planas, empezaron a impartir clase durante la II República, pusieron las bases de lo que hoy es el sistema educativo catalán.

La Federación de Educación de CCOO Catalunya llevamos 40 años al lado de esas y esos profesionales, defendiendo y luchando por sus derechos laborales junto a ellos, codo con codo. En las mesas de negociación, en la movilizaciones de la calle, en cada uno de los centros escolares, cada día centenares de delegados y delegadas y comités de empresa de CCOO dan la cara por la recuperación de los derechos que nos han sido arrebatados: por la devolución de las pagas extras de 2013 y 2014 que todavía se deben al profesorado, por el derecho a la sustitución desde el primer día, por la equiparación de condiciones entre el profesorado de la pública y la concertada, o por la reducción de ratios y su consiguiente creación de puestos de trabajo, por poner algún ejemplo. Pero, como sindicato sociopolítico que somos, la Federación de Educación de CCOO Catalunya y las personas que la conformamos, delegados, delegadas y afiliación, defendemos algo más que esas condiciones laborales que nos parecen indispensables. Defendemos un modelo de sistema educativo basado en dos ejes:

Inmersión lingüística

El modelo pedagógico según el cual se decide no separar al alumnado en razón de la lengua y escolarizarlo totalmente en catalán empezó a gestarse desde abajo, desde las asociaciones de vecinos, desde los primero ayuntamientos democráticos –muchos de ellos, del PSUC–, desde asociaciones de docentes como los MRP o el Casal del Mestre de Santa Coloma de Gramenet y, por descontado, desde CCOO. Fue precisamente en 19 escuelas de Santa Coloma donde se implementó por primera vez, en 1983, después de que el Parlament de Catalunya aprobara ese mismo año la Ley 7/1983 de Normalización Lingüística.

El aprendizaje en catalán se inicia en Educación Infantil con la lecto-escritura. Entre los 5 y los 8 años se introduce el de la lengua castellana, tanto de forma oral como escrita. A partir de ahí, tanto en Primaria como en Secundaria, el tiempo dedicado al estudio de la lengua catalana y a la lengua castellana es el mismo. De igual modo, la lengua vehicular de todas las materias curriculares es el catalán, con la excepción obvia del estudio de otras lenguas.

En otras comunidades autónomas con lengua propia se adoptaron todo tipo de modelos lingüísticos. Así, en Illes Balears se optó por un modelo muy parecido al catalán, mientras que en Euskadi se decidió separar al alumnado según su lengua familiar de origen. Esta solución ha resultado más cara y segregadora y menos eficaz si hablamos de cohesionar lingüísticamente una sociedad. A su vez, el País Valencià apostó por un sistema basado en dos modelos: uno monolingüe en el que la lengua vehicular es la castellana y el estudio del valenciano se limita a 3 horas semanales; y otro bilingüe que contempla diversas aplicaciones del valenciano como lengua vehicular según el idioma familiar de origen del alumnado. Este modelo tampoco ha permitido que la sociedad valenciana normalice el uso del valenciano ni extienda de manera universal su conocimiento.

Con la perspectiva histórica de la que disponemos hoy en día, y después de 35 años de escolarización en catalán, los resultados son tan inequívocos que nadie en la comunidad educativa duda de sus beneficios.

La Institución Libre de Enseñanza y los miles de docentes que empezaron a impartir clase durante la II República pusieron las bases de lo que hoy es el sistema educativo catalán

Todos los estudios concluyen que el alumnado escolarizado en el sistema educativo catalán no tiene ningún déficit de aprendizaje. En su publicación editada por la UOC, Strubell, Andreu y Sintes(1) afirman que los alumnos y alumnas que completan su periodo de escolarización en el sistema educativo catalán no obtienen peores resultados que el alumnado del resto de comunidades autónomas, que tienen un nivel competencial de lengua castellana incluso superior al del alumnado escolarizado exclusivamente en lengua castellana y que resulta positivo en el desarrollo de diferentes dominios cognitivos como la flexibilidad cognitiva, la conciencia metalingüística o el control de atención.

Modelo de sociedad democrático y solidario

Los hombres y las mujeres que trabajamos en las escuelas e institutos catalanes educamos en el conocimiento crítico, en la convivencia democrática y en la autonomía de pensamiento. Lo hacemos en el pleno convencimiento de que nuestra tarea, entre muchas otras, sienta las bases de la que será la futura ciudadanía. Creemos que la educación es el primer peldaño en la construcción de una sociedad solidaria y colaborativa, justa e igualitaria, frente a un modelo capitalista basado en el individualismo, la competitividad y el juego de suma cero en el que, indefectiblemente, para que unos ganen, otros deben perder.

Es por ese pleno convencimiento que CCOO hemos denunciado de manera reiterada los intentos de mercantilización que últimamente hemos sufrido. La intrusión de la banca en los programas de economía financiera, la publicidad más o menos encubierta en folletos y programas de todo tipo, la creación de materias como el emprendimiento que potencia la competitividad y la competencia han sido y son ejemplos de ese proceso por el que la educación se convierte en un bien económico en lugar de ser un derecho universal y reconocido por nuestra legislación.

Cada día, todos esos docentes, educadoras y educadores conectan sus pizarras táctiles o se ensucian las manos de tiza, se ponen sus batas, reciben a sus alumnos y alumnas e inician la jornada, sabedores y sabedoras de que las escuelas y los institutos son manantiales de libertad, de información crítica y visión democrática y laica de la sociedad. Es por ello que, desde hace mucho tiempo, representan una amenaza para el pensamiento único, para el privilegio social, para la segregación económica. ¿Cuántos maestros y maestras, como Matilde Planas, fueron purgados por la dictadura franquista y no pudieron volver a ejercer? ¿Cuántos fueron fusilados por el simple hecho de ser el maestro del pueblo? ¿No fue un maestro el último condenado a muerte por la Inquisición en 1826?

Los hombres y las mujeres que trabajamos en las escuelas e institutos catalanes educamos en el conocimiento crítico, en la convivencia democrática y en la autonomía de pensamiento

Hoy, una sociedad democrática y de derecho como la nuestra no puede ni debe permitirse que todas aquellas personas e instituciones que defienden ese modelo de sociedad capitalista y competitiva, excluyente y segregadora, usen el sistema educativo catalán y, lo que es peor, a todos sus trabajadores y trabajadoras como una arma arrojadiza en la disputa política. Una sociedad como la nuestra no puede permitirse que quien solo busca el rédito partidista ponga en duda el sistema de inmersión lingüística que se ha demostrado exitoso y eficaz para favorecer la cohesión social en el tejido social catalán. No son nuevos los ataques de la derecha a la inmersión lingüística, la tradicional y casposa pero también la de nuevo cuño y alambicada. Ataques realizados desde la más absoluta necedad e ignorancia pedagógica, como se encargó de dejar en evidencia el diputado Joan Mena en sede parlamentaria el pasado 17 de octubre en respuesta a la intervención del diputado de Ciudadanos, Toni Cantó.

Una sociedad como la nuestra no puede ni debe permitirse que, desde la tribuna parlamentaria o frente a los micros de la prensa, políticos como Xavier García Albiol, el actual Ministro de Exteriores y Cooperación, Alfonso Dastis, Alfonso Guerra o Rafael Hernando criminalicen de manera cobarde y gratuita el trabajo de 125.000 docentes catalanes y pongan en duda su profesionalidad y honradez. Todos esos ataques, desaires, injurias y menosprecios no deberían quedar impunes. O, por lo menos, no deberían quedar socialmente impunes.

Es por todo ello que desde CCOO de Catalunya hemos alzado la voz y hemos salido a la calle. Lo hicimos llenando la plaza de Sant Jaume el pasado 25 de octubre al grito de “¡No toquéis la Educación”. Lo hemos vuelto a hacer con la campaña #JoAdoctrino (#YoAdoctrino), con la que hemos empapelado de carteles la Delegación del Gobierno en Barcelona con lemas como #YoAdoctrino en tolerancia, #YoAdoctrino en la convivencia, #YoAdoctrino en la reflexión crítica, #YoAdoctrino en la democracia, #YoAdoctrino en la participación, #YoAdoctrino en el trabajo colaborativo…

No permitiremos que la ignorancia y la mentira, mil veces repetida, se abra paso. No permitiremos que la educación se convierta en una mercancía. No permitiremos que la memoria y el honor de Matilde Planas y tantas y tantos como ella, ahora y entonces, sean mancillados.

Ambas, ignorancia y mentira, encontrarán a Comisiones Obreras plantada en pie por la defensa de la escuela catalana.

(1) Strubell, Andreu & Sintes (coord.): Resultats del model lingüístic escolar de Catalunya. L’evidència empírica. UOC, 2011.

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Carles Abelló

Responsable de prensa de la Federación de Educación de CCOO Catalunya