Hoy los bárbaros somos nosotros

EL MEDITERRÁNEO HA SIDO UN MAR ABIERTO, sin fronteras, de intercambios comerciales, diálogo, hospitalidad y encuentro entre las dos orillas; un espacio intercultural, interreligioso, interétnico e intercivilizatorio.

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Es puente entre tres continentes: Europa, Asia y África. Pero ha sido también un mar de enfrentamientos bélicos, choques culturales, guerras de religiones, conflictos entre civilizaciones, generador de discriminaciones étnicas, políticas, sociales. Se ha convertido en frontera infranqueable, foso de separación entre el Norte y el Sur, espacio de exclusión, xenofobia e islamofobia. Es fosa común de muertos “anónimos” del Sur, cementerio de inmigrantes y refugiados por mor de nuestra insolidaridad, de la insolidaridad de Europa, que cierra sus fronteras a cal y canto y pone diques al mar para evitar la entrada de los “bárbaros” en un continente “civilizado”.

Hoy los bárbaros somos nosotros. Porque por este mar han pasado en 2015 más de un millón de inmigrantes y refugiados, que huyen del hambre y de la miseria; grupos humanos víctimas de las dictaduras, gobiernos militares, regímenes corruptos, que escapan de los terrorismos de todo tipo, siendo el más sanguinario el que dice matar en nombre de Dios. Un total de 3.700 personas, de las que un 40% son niñas y niños, no han conseguido llegar a la otra orilla por haber sido anegadas en las aguas del Mare Nostrum. Son población sobrante, producto de la “cultura del descarte”, como denuncia el Papa Francisco. A su vida no se le reconoce valor o, al menos, el mismo valor que a la nuestra. Sus muertes son lamentadas de forma cínica, pero no sinceramente sentidas por una Europa de ojos secos, sin lágrimas, sólo con intereses contantes y sonantes.

Hoy los bárbaros somos nosotros. Porque una de las tragedias más dramáticas fue la que tuvo lugar el 18 de abril de 2015 al sur de la isla italiana de Lampedusa, que arrojó al mar a 800 inmigrantes. En la Antigua Grecia las tragedias de los grandes dramaturgos tenían lugar en la ficción y se representaban en los anfiteatros. Hoy, las tragedias son reales y su escenario es el Mediterráneo. Hammid Alizadeh las califica de “crímenes del capitalismo”. ¿Pueden evitarse? Claro que sí, con una política de fronteras abiertas, hospitalidad y apoyo al desarrollo en los países de origen.

Hoy los bárbaros somos nosotros. Porque en Europa no hay voluntad para evitarlas. Se ha invertido la vieja teoría barbarie-civilización, que consideraba bárbaros a los de fuera y civilizados a los europeos. Por eso, el grito “¡que vienen los bárbaros!” pueden pronunciarlo los migrantes y refugiados referido a nosotros. Sólo reconociéndolo, podrá tornarse nuestra mentalidad eurocéntrica insensible al sufrimiento humano de los “otros” en mentalidad solidaria y compasiva, y nuestra conciencia acomodada en conciencia autocrítica y abierta a los “otros”. Recordando la máxima de la filosofía africana Ubuntu: “Yo sólo soy si tú eres”. Solo convirtiendo las aguas del Mediterráneo en aguas de vida para las personas y pueblos de las dos orillas, puede hablarse de vida para todos y todas. En caso contrario, las muertes en el Mediterráneo son también nuestra muerte.

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Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid