La docencia y la lucha contra la desigualdad

EL MUNDO SE HA VUELTO CADA VEZ MÁS DESIGUAL. Y lo ha hecho por la imposición de un modelo de desarrollo que prioriza y beneficia los intereses de los más ricos, de las grandes empresas multinacionales y de los grupos económicos que expanden las fronteras del mercado y del consumo, reduciendo y limitando las fronteras de los derechos ciudadanos, de la justicia social y la libertad humana.

La desigualdad impacta gravemente en los sistemas educativos, segmentándolos y diferenciándolos. Con un sistema escolar dividido y fragmentado, el conocimiento deja de ser definido como un bien común, y la educación pública de calidad no es el pilar fundamental para la construcción de los derechos humanos y la promoción de una ciudadanía activa.

Además de un sistema de relaciones políticas, económicas y jurídicas, la desigualdad es también una construcción simbólica y cultural. La desigualdad se vuelve posible no sólo gracias a las dimensiones “materiales” que le brindan sentido y sustentabilidad, sino también, y fundamentalmente, gracias a un conjunto de saberes y valores que la vuelven posible y necesaria. Los poderosos pretenden hacer de la escuela un espacio multiplicador y creador de los conocimientos y certezas que nos permiten aceptar este mundo como inevitablemente injusto y desigual. Así, la escuela puede ser la cuna de las desigualdades o el mejor espacio para desestabilizar sus bases culturales, cognitivas y éticas. El sistema escolar no sólo promueve la igualdad cuando permite el acceso y la permanencia de todos en las escuelas públicas, sino también cuando contribuye a mostrar que es posible y necesario vivir en un mundo más justo, solidario y democrático.

Los poderosos pretenden hacer de la escuela un espacio multiplicador y creador de los conocimientos y las certezas que nos permiten aceptar este mundo como inevitablemente injusto y desigual

Este es el gran valor político de la escuela. Y este es el imprescindible papel que juegan los trabajadores y las trabajadoras de la educación en la construcción de una sociedad más justa.

Para hacerlo, disponemos de las armas del conocimiento y, no debemos olvidarlo, del inmenso desafío del ejemplo. Eduquemos y eduquémonos, mostrando que la desigualdad desintegra aquello que nos pertenece a todos: la libertad, la dignidad y la felicidad humana. Organicémonos y comprometámonos con nuestras organizaciones sindicales para luchar con ellas, y desde ellas, para hacer de la escuela el espacio de la utopía, el espacio donde empezamos a soñar y a construir las bases de un mundo igualitario. 

Etiquetas:

Últimos comentarios

  • Juan Carlos Páez

    Disculpen ¿esto es parte de algún otro texto más grande? acaso un libro sobre este tema?

  • Claudia

    Respeto las ideas de P. Gentili. Y las leo siempre que tengo oportunidad. Fue un referente en el campo de las politicas educativas en el 2000 y 2001 para los estudiantes y pedagog@s. Pregunto : debemos reformular nuestras practicas cuando resurgen estos gobiernos neoliberales? Que ocurrio en Argentina, por ejemplo, para que debamos ahora fortalecer un discurso como este en la formacion pedagogica?

  • Oscar Andres Melgar Dubon

    Estupendo,,,felicidades

Escribir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Autoría

Imagen del autor

Pablo Gentili

Secretario ejecutivo de CLACSO y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro