Educación, derechos humanos y dignidad

EL 10 DE DICIEMBRE FUE EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS. Una ocasión para celebrar los derechos humanos, tal y como son reconocidos por los instrumentos de las Naciones Unidas y sus organismos, los cuales consagran estos derechos en la legislación y la cultura internacionales.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas reconoce el derecho a la educación. Sin embargo, considera que la educación es mucho más que la adquisición de competencias mediante la formación, por muy importante que esto sea. Su propósito también es contribuir a la sociedad y reforzar las capacidades de la población de reflexionar, pensar de forma crítica y ajustarse. Según el Pacto, la misión de la educación es:

“El desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad”. La educación “debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales”. Además, “la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos…”

El Pacto se adoptó hace 50 años, pero suena como si se hubiera podido escribir ayer. Sin embargo, vemos erupciones de miedo, hostilidad y todo tipo de fanatismo, y una gran parte va dirigida a los migrantes, las personas desfavorecidas y las comunidades de refugiados. La situación se ve exacerbada por los/las políticos/as que calculan que se pueden beneficiar más en las elecciones a través del miedo que de la justicia y la responsabilidad. Hago una pregunta simple pero poco diplomática: ¿se está empleando la “crisis” para debilitar y socavar los valores democráticos y la propia democracia en el mundo? Es precisamente en este contexto en el que tenemos que volver a leer el Pacto hoy en día y reflexionar sobre la misión de la educación.

La Internacional de la Educación celebró recientemente una conferencia para hablar de la educación para los/las refugiados/as. Fue una reunión fascinante que reunió a docentes, partes interesadas en el sector de la educación, dirigentes políticos/as y expertos/as académicos/as. La conferencia se centró principalmente en cómo los sistemas educativos pueden responder mejor a las necesidades de los/las refugiados/as y contribuir a su “integración”.

Seamos modestos: la educación por sí sola no puede afrontar todos los retos, pero es imprescindible para ello. Para enfrentarse a las fuerzas oscuras es necesaria una respuesta política y los/las docentes y sus sindicatos deben formar parte de esa movilización necesaria, pero también tenemos un papel que desempeñar como educadores/as.

Sin embargo, eso exige una filosofía educativa que tenga en cuenta integralmente al/a la niño/a, que incluya un pensamiento crítico y un debate sobre la ciudadanía mundial, la justicia social y los derechos humanos. Será ignorada, en el mejor de los casos, por aquellos que piensan que lo que no se puede medir no tiene valor. Y, ni siquiera formará parte del mismo universo para aquellos que consideran la educación como una fuente de beneficios en lugar de una misión vital para la sociedad. La buena educación es, de hecho, parte del pegamento que mantiene unida a una sociedad. Sin ella, particularmente en el mundo en rápida evolución de hoy en día, las fuerzas centrífugas poderosas y destructivas nos esparcirán en todas las direcciones.

No obstante, la educación sólida, incluida la educación cívica, no es solo lo que se debe hacer basándonos en nuestras preocupaciones por la sociedad en general o incluso los valores que defendemos. También constituye una buena educación y ofrece valores a las poblaciones de origen y acogida. Como John Dewey, educador y filósofo estadounidense, dijo el siglo pasado:

“La mezcla en la escuela de jóvenes de diferentes razas, religiones y costumbres crea un entorno nuevo y más amplio para todos/as”.

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Fred Van Leeuwen

Secretario general de la Internacional de la Educación