“PISA ha generado una nueva narrativa acerca de cómo deben funcionar los sistemas educativos”

PARA EL ESPECIALISTA EN políticas educativas Pablo Gentili (Argentina, 1963), las reformas, desencantos y utopías, son bastante más que una preocupación intelectual. Alma de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), procura que también en Europa sean desveladas las maneras en que la igualdad, la integración y el poder transformador de la educación son objetivos que muchos poderes instituidos encubren bajo limitadores supuestos modernizadores.

Fotografías de Teresa Rodríguez.

PABLO GENTILI doctorado en la facultad de Educación de Buenos Aires, desde 1984 ha tenido una intensa labor docente en Argentina y Alemania y, diez años más tarde, la prosiguió en Río de Janeiro. Sus líneas de investigación, divulgación, amplitud de publicaciones, y compromiso con diversas organizaciones académicas y sociales, versan sobre las reformas educativas en América Latina, privatización de la educación, políticas educativas comparadas, educación y ciudadanía, sindicalismo docente y similares.

¿Qué pasa en América Latina?

América Latina vivió un proceso de transformación democrática y modernización social muy importante en los últimos quince años gracias al surgimiento y llegada de gobiernos de partidos progresistas de izquierdas, populares. Realmente, consiguieron revertir algunos de los efectos de las políticas neoliberales de los años 90 que, de alguna forma, habían cristalizado y profundizado tendencias estructurales del desarrollo latinoamericano como la injusticia social, la profunda pobreza, la exclusión, el racismo. Durante estos 15 años, algunos cambios en ese sentido fueron realizados. Hubo una disminución de la pobreza muy grande, hubo una expansión de las oportunidades y posibilidades de acceso a ciertos derechos que históricamente habían sido negados a grandes sectores de la población. Por ejemplo, hubo un proceso muy grande de expansión de la escolaridad, y no sólo en los niveles iniciales, sino también de la Universidad. Hubo una tremenda inversión pública en Educación y programas sociales también muy importantes. Desde este punto de vista, fue un verdadero proceso de modernización social, que en Europa había desarrollado la socialdemocracia, los partidos liberales, mientras en América Latina la burguesía nunca lo había pensado. Quien efectivamente consiguió desarrollarlo fue la izquierda cuando llegó al poder en los últimos 15 años. El balance desde ese punto de vista es muy positivo.

¿Queda mucho por hacer?

Algunas cuestiones que permanecieron durante estos 15 años muestran que los avances fueron muy importantes, pero que había que hacer todavía muchísimo más. Por ejemplo, América Latina redujo la pobreza de modo muy significativo: teníamos casi la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza en el año 2000 y llegamos a tener menos del 27%. Por lo tanto, hubo una reducción de casi la mitad de la pobreza en una década, del 2002 al 2012. Sin embargo, los niveles de desigualdad permanecieron y en algunos países incluso aumentaron, en un proceso que quizá sea sorprendente para la gente común pero, desde el punto de vista de la sociología y de la política, se entiende.

PISA

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América Latina redujo la pobreza de modo muy significativo: teníamos casi la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza en el año 2000 y llegamos a tener menos del 27%

Las causas de desigualdad no son exclusivamente la pobreza: tú puedes mejorar las condiciones de vida de los más pobres; pero si no disminuyes la capacidad que tienen los más ricos de enriquecerse, los niveles de desigualdad pueden aumentar en un contexto de disminución de la pobreza, y eso ocurrió en algunos países de América Latina. Algunos redujeron la desigualdad, pero muy poco, y esto es una de las deudas que queda de la década y media de reformas sociales: tenemos una América Latina más justa, más democrática, pero muy desigual: sigue siendo la región más desigual del planeta. También hubo un acceso a las oportunidades de derechos sociales muy grande, como te decía. Piensa solamente un dato muy importante de Brasil. En el 2002, Brasil tenía tres millones y medio de estudiantes universitarios. Ocho años más tarde, tenía más de siete millones: se duplicó la matrícula universitaria en menos de una década; eso no lo hizo ningún país del mundo. Es verdad que siguen siendo muy pocos los jóvenes universitarios en Brasil, un país de 220 millones de habitantes y todavía hay muchísimos jóvenes fuera de la Universidad, pero la duplicación de la matrícula universitaria estuvo asociada a la posibilidad de que jóvenes pobres, de primera generación de estudiantes, entraran en la Universidad, lo que fue muy importante.

Muchas manifestaciones de la pobreza, con sus viejas causas, parecen seguir igual…

La gran inversión por parte del Estado posibilitó que los pobres tuvieran más oportunidades. No sólo en Brasil; también ocurrió en Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, en todos estos países -en Chile también en cierta forma- que tuvieron políticas progresistas durante estos años. Sin embargo, lo que también sorprende es que, en este contexto de mejora de vida de los más pobres, algunas cuestiones permanecieron. Así como la desigualdad, permaneció la violencia y, en algunos casos, aumentó: América latina no sólo es la región más desigual del planeta, es la región más violenta del planeta. Se podría decir que Siria es más violenta, o Medio Oriente; sin embargo, las mayores tasas de homicidios se producen en las ciudades latinoamericanas. No sólo en Centroamérica; también en Venezuela o Brasil. Países que tuvieron reformas sociales muy importantes no consiguieron reducir la violencia que tienen como principales víctimas a los pobres y, fundamentalmente, a los jóvenes pobres. Con lo cual, hoy existen veinte veces más probabilidades de que un joven pobre vaya a la Universidad en Brasil que treinta años atrás, pero también se duplicaron -y en algunos Estados se cuadruplicaron- las posibilidades de que ese joven muera asesinado.

Países que tuvieron reformas sociales muy importantes no consiguieron reducir la violencia que tienen como principales víctimas a los pobres y, fundamentalmente, a los jóvenes pobres

Es decir, que se generó una situación en la cual ha habido una mejora en las condiciones de vida de los pobres en un nivel, y en otro nivel un empeoramiento, nada menos que el que pone en peligro la vida de muchísimos jóvenes. Y los asesinatos se producen por las bandas criminales; se producen por disputas entre los grupos de amigos y en el entorno familiar; y también se producen porque los mata la policía. Más de un tercio de las muertes y asesinatos de jóvenes en Brasil los comete la policía, no en enfrentamientos, sino asesinatos, liso y llano; llega la policía y mata a tres, cuatro o cinco, a manos de los escuadrones parapoliciales o paramilitares que hay.

Seguimos siendo, además, una sociedad profundamente injusta en términos de género. Conseguimos elegir en América Latina mujeres presidentas, pero la discriminación salarial por razón de género se mantuvo sencillamente inalterada en todos estos años. Y también somos, en fin, sociedades profundamente racistas.

¿La crisis muestra de nuevo en América Latina su lado más antidemocrático?

Como ves, el balance de estos últimos años muestra que se ha avanzado mucho, pero que todavía quedaban muchísimas cosas por hacer. El gran problema es que el sitio progresista en América Latina parece enfrentar una crisis muy profunda. Los gobiernos tienen una enorme dificultad para mantenerse mediante la vía democrática, y cuando se logra mantener -como en Brasil-, se producen golpes de Estado y la destituyen: la institucionalidad democrática es muy frágil. Parecido ha sido en Argentina, donde el gobierno progresista perdió las elecciones y llegó un gobierno ultraconservador. Piensa que en seis meses el gobierno de Macri creó cinco millones de nuevos pobres -Argentina tiene 45 millones de habitantes-; imagínate: en seis meses este gobierno consiguió metes en la pobreza al 12% de la población. Y en Brasil, el golpe de Estado canceló buena parte de los programas de inclusión social que tenía el Gobierno del PT.

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Siempre que gobernó la derecha, aumentó la pobreza, aumentó la desigualdad, aumentó la violencia, aumentó la discriminación de género y aumentó el racismo

Entretanto, los gobiernos progresistas se enfrentan a una crisis muy profunda: en Venezuela, en Ecuador; quizás Uruguay y Bolivia son los dos países que tienen una estabilidad relativa mayor. Pero, bueno. Estamos viendo cómo se agota de alguna forma el ciclo progresista y quedan muchísimas asignaturas pendientes, justamente las que los gobiernos conservadores y de derechas que llegan ahora van a mantener, profundizar y aumentar. Siempre que gobernó la derecha, aumentó la pobreza, aumentó la desigualdad, aumentó la violencia, aumentó la discriminación de género y aumentó el racismo. Es, de todos modos, un panorama donde hay elementos para la esperanza, porque si pudimos hacer tantas cosas buenas en una década, podremos en algún momento regresar y volver a hacerlo. Pero también es un momento para la reflexión y la autocrítica profundas.

El paradigma americano parece iluminar lo sucedido en España desde 2008: crisis en los programas sociales y repercusión en desigualdad del sistema educativo.

Sí. España es una expresión bastante dramática del desastre que pueda ser una administración conservadora destruyendo y desestructurando los avances de un Estado de bienestar y de justicia social como el que había logrado España, a pesar de todas sus deficiencias, durante los últimos años desde su salida de la larga Dictadura franquista. Hay que recordar que hubo una Dictadura y que aquí, desde entonces, se vivió un proceso de democratización y ampliación de derechos y oportunidades. Y que se había alcanzado un nivel de igualdad y justicia social con muchas deudas todavía, pero que el actual Gobierno se ha encargado de destruir sistemáticamente. Primero, recortes en los gastos sociales, lo que tiene un aspecto regresivo, porque eso genera desigualdad. Luego, una política fiscal directamente orientada a beneficiar a los más ricos. Y en tercer lugar, una enorme indiferencia ante las situaciones de abandono y sufrimiento de ciertos sectores que vivieron de forma muy directa y dramática, cuando incluso muchos perdieron la vida por enfermedades y suicidios. Un sufrimiento ante lo que fue un manejo muy autoritario de la crisis económica, en que ciertos grupos económicos, como la banca y otros. Se beneficiaron enormemente de las ventajas que les ofrecía la economía del país y dejaron en la miseria a miles y miles de familias.

Por eso creo que, ahora, el caso de las tarjetas black es muy importante y muy aleccionador, pero también un poco preocupante. Lo digo como observador externo. Claro que hay que castigar a los que las han usado, pero estamos hablando de 400 millones de euros, cuando a Bankia le robaron miles de millones de euros. Entonces, estos casos son importantes aunque pueden llegar a distraer la atención de lo que había por detrás: este asunto fue una expresión periférica de un sistema de corrupción y expropiación de los recursos públicos inmenso; se generó con la complicidad de los gobiernos, la corrupción del sistema privado, de los empresarios, etc. Y todo ello trajo una España mucho más desigual, un nivel de desigualdad que nunca pensó que iba a sufrir.

España es una expresión bastante dramática del desastre que pueda ser una administración conservadora destruyendo y desestructurando los avances de un Estado de bienestar y de justicia social

¿Ayuda esto a entender qué sucede en la educación?

Claro que también se traslada al sistema educativo. En esto la experiencia latinoamericana y de muchos países desiguales lo muestra claramente. En desigualdad, América Latina tiene mucha experiencia al ser la región más desigual del planeta. Entonces, cuando hay un país desigual el sistema educativo también es desigual. En España, lo que está ocurriendo es esto: a medida que aumenta, se intensifica, se hace más compleja, más segmentada y diferenciada la sociedad española, se hace más segmentado y diferenciado el sistema escolar. Las dos cosas están indisolublemente unidas. O sea, países más igualitarios tienen sistemas escolares más iguales y países más desiguales tienen sistemas educativos más desiguales.

Es en este sentido que hoy estamos viendo en España una disputa, una lucha en la cual Comisiones Obreras, otras organizaciones sindicales, la izquierda política y muchos otros movimientos tratan de resistir ante una ofensiva que tiende a desestructurar el sistema educativo con algunas premisas muy básicas que tienen una gran fuerza para penetrar en la sociedad e interpelarla con un aspecto destructivo muy grande. Yo creo que hoy este Gobierno ha seguido de forma muy obediente las exigencias de los organismos internacionales en materia de política económica, esta rigurosísima política fiscal que imponen Alemania, los grandes bancos y los poderes económicos en Europa.

¿Contribuye PISA a este juego?

En el campo educativo, este régimen totalitario lo ha impuesto la OCDE a través de PISA y otros dispositivos, que han generado una nueva narrativa acerca de cómo deben funcionar los sistemas educativos que, como te decía, tiene un gran poder de convicción porque es muy explicativa, pero profundamente peligrosa. PISA consigue sintetizar el discurso de la OCDE de un destino para el sistema educativo: formar a la fuerza de trabajo que va hacer a nuestras economías más competitivas.

Esto todo el mundo lo entiende, más o menos, porque de modo general a la gente le han metido en la cabeza que la educación sirve para progresar en la vida y todos piensan que sus niños han de ir a las escuelas para tener un buen empleo, y que hay que tener un buen empleo para tener dinero. En consecuencia, el sistema educativo tendrá que funcionar para que sus hijos tengan buenos empleos y no tengan que preocuparse por lo que sus padres se preocuparon toda la vida , que es ganarse su dinero y ser felices gracias a él. Es desde este sentido común que apela al individualismo, a la acumulación individual, al egoísmo, a la falta de solidaridad. Despolitiza la educación y transforma el sistema escolar en una agencia capacitadora de empleo.

A esto se asocia muy claramente a PISA. Evalúa el sistema escolar sobre la base de la disponibilidad de una serie de competencias que supuestamente responden a las necesidades del mundo moderno y luego compara, aunque ellos dicen que no. Te ponen en un ranking, y un ranking siempre compara. Imagina que hacemos un ranking de las personas más gordas: aquí yo salgo como el más gordo, no me ganas y yo salgo fatal… Si hacemos la prueba de ver quién es más inteligente y yo salgo último, bueno, pues soy el más burro de la clase… Además, PISA cuando evalúa pone también un horizonte: hacia dónde tienes que caminar, y España tiene la desgracia de estar en el medio. Los que están en el medio son siempre peligrosos: quieren llegar arriba y no pueden, mientras pueden correr puestos hacia abajo. Se presta a la cursilería mucho: exactamente, la clase media es un peligro: aspira a no ser más clase media, no llega y sistemáticamente está en peligro de dejar de serlo. Eso demuestra un destino: España puede ser Brasil o puede ser Corea, y ustedes elegirán; y si quiere ser Corea tiene que hacer algunas cosas; si no, será como Brasil o peor, como Kenia. También cabe mejor que Corea: Shangai.

En consecuencia, el sistema educativo tendrá que funcionar para que sus hijos tengan buenos empleos y no tengan que preocuparse por lo que sus padres se preocuparon toda la vida

Te ponen horizontes y eso normativiza el sistema. Porque una evaluación es siempre una manera de decir cómo debes funcionar, no es un resultado. La evaluación es una predicción, un horizonte. Es decir, cuando evalúo, cuando por ejemplo pongo un canon de belleza, le estoy diciendo a la gente cómo tiene que ser y lo que le corresponde hacer: hay que comprar un champú en la farmacia y todos los remedios que haya encima del mostrador para adelgazar. Pronto la gente deduce que está gorda y que tiene que tomar algo: chicles, gomitas, líquidos, potajes… Hay de todo para adelgazar; bueno, me dan la solución: si yo tengo que adelgazar y tengo 27 productos en la farmacia, adelgazar depende de mí.

Por eso PISA de alguna forma nos mata: depende de cada uno. Tu hijo puede triunfar si pone el esfuerzo y si suma a este las condiciones y ventajas apropiadas a sumarle, para lo cual es necesario tener dinero. En definitiva, lo que te dice PISA es que si tu hijo se esfuerza pero no tienes dinero, te jodes porque no podrás mandar a tu hijo a una buena escuela. O que no es muy listo, y tiene que sujetivizarlo…

Por todo ello, la fuerza de PISA es su enorme capacidad de interpelación a la sensibilidad de los seres humanos, muy frágiles en lo que atañe al bienestar de sus hijos. O sea, PISA despolitiza la educación y nosotros vivimos en una sociedad despolitizada. España está viviendo los efectos de una profunda despolitización. La prueba es que hay una cierta paradoja democrática en esta España de hoy: cuanto más se vota –supuestamente, cuanto más se ejerce la democracia-, cada vez se vota más a la derecha. Lo cual es una verdadera tragedia porque los progresistas hubiéramos imaginado que cuanto más votara la gente, mejor iba a elegir.

En síntesis, ¿estamos ante una retroprogresión?

Puedes llamarlo así, porque estamos volviendo a la Edad Media. O sea, lo que estamos viviendo en el mundo, lo que vive España, y cuanto está sucediendo después de haber llegado a los umbrales de la modernización, es que regresamos a la Inquisición de la Edad Media de la mano de estos reaccionarios conservadores que nos gobiernan. Están consiguiendo lo que la izquierda no ha conseguido: hablarle a la sociedad y decirle cosas en que la sociedad cree y confía. Es un gran problema, porque nosotros tenemos que empezar a hablar un lenguaje que la sociedad crea y que la sociedad confíe, pero que sea radicalmente opuesto a lo que están construyendo estos señores. Esta es la gran dificultad y el gran reto que tenemos ahora mismo.

1 Esta entrevista se hizo el 29 de septiembre de 2016.

Últimos comentarios

  • Pedro

    Lo que más me preocupa en este momento es la enorme desigualdad que se están derivando de las políticas educativas que se están desarrollando en muchos países, entre ellos España

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Manuel Menor

Profesor de Historia