María Lisboa

CONMEMORAR SUELE PROPICIAR distraída excursión a un pasado estático, congelado en loor de un presente fotogénico. Y atrae el conflicto cuando sirve para apropiarse u ocultar valores simbólicos valiosos que el futuro de aquel pasado ha pretendido borrar o contradecir.

Ángel Chica Blas

Ángel Chica Blas

María Lisboa, Madrid, Unoeditorial, 2015.

Ángel Chica Blas

María Lisboa, en cambio, es fruto de un cuidadoso trabajo documental y de una querencia ilustrada a que pasado y presente se trencen delicadamente. Ángel Chica escribió este libro al hilo de los 75 años de que la II República creara, en 1932, el Instituto Español de Lisboa.

La fortuna de este centro educativo logró mantener como resquicio de su vinculación al Instituto-Escuela la denominación original: “Giner de los Ríos”. Los decretos golpistas no lo auguraban. Al entrar en Madrid, el 3 de abril de 1939, cambiaron los nombres de sus secciones madrileñas en Retiro e Hipódromo, la furia contra cuanto sonara a ILE apenas había empezado. Venturoso le fue también que le encargaran el programa conmemorativo de 2007 al autor de este trabajo, profesor de Matemáticas del “Giner” a la sazón. Su historial familiar atesoraba una  riqueza vivencial en este centro -mutismos incluidos- que, unida a las posteriores al Bachillerato hasta regresar a Lisboa como docente, motivó que esta celebración pudiera corregir la injusticia con el pasado y, también, una amnesia que podría haberse prolongado.

En María Lisboa se tratan de reconstruir los vacíos de memoria de esos 75 años -lo no contado, mutilado y olvidado- para dar sentido histórico a lo vivido. Los papeles “dormidos” en el archivo del “Giner” cobran vida en manos de Ángel dentro de la urdimbre de su trabajo en el aula, y reordenan la trama de recuerdos y silencios de su adolescencia. El tiempo es elíptico y casi todo transcurre entre las curvas de nivel de una ciudad de altibajos y miradores espléndidos sobre el estuario del Tajo. Desde la primera página se percibe amor a Lisboa, a sus calles, plazas, sonoridades y luz; a sus escritores, al dúctil idioma a las creaciones artísticas, cerámicas y textiles, y a su cinematografía; al calor de una espléndida gastronomía, la amabilidad de su gente y el fado. Dos fadistas envuelven el relato cantando a “María Lisboa”, nombre y apellidos de un paisaje no sólo físico, que ya estaba ahí antes de la etapa republicana del Instituto. En él se mueve a sus anchas el autor y, con él, las actividades institucionistas de los profesores José y Ramón, quienes, además, colaboran con Claudio Sánchez Albornoz en la labor cultural de su Embajada. El golpismo del 36 les separó. Un largo paréntesis de 11 años sembró distancias, dudas y malentendidos. Con lealtad, logran saldarlos y compartir, de nuevo, la esperanza en una España diferente.

Después de leer María Lisboa, el lector decidirá si es una novela, mucho más que una novela u otro género de relato. Si para solventarlo no se enroca entre los límites canónicos de fondo y forma, advertirá que, ante todo, es un alegato en pro de lo que otro matemático, Descartes, defendió como principio de la racionalidad científica: cogito ergo sum, una lógica en que la memoria es crucial. Los profesionales de la enseñanza lo reconocerán agradecidos; o debieran.

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Manuel Menor

Profesor de Historia