Pedimos un deseo… para que se cumpla

PARECE QUE A LAS GALLEGAS sólo se nos conoce porque nacieron por aquí Pardo Bazán, Concepción Arenal o Sofía Casanova; todas ellas mujeres avanzadas en su tiempo, aunque sin grandes alharacas en el mundo del progreso. Poco a poco se va sabiendo algo más, que Marcela y Elisa se casaron por la iglesia a principios del siglo pasado e Isabel Croixet y Netflix extenderán su historia por el mundo, un poco tarde, sí, pero a ver si cunde.

A nosotras nos preocupan más las mujeres trabajadoras actuales y la trinchera salarial que sufren ahora. La obrera urbana del siglo pasado estaba en la fábrica de tabacos, en la de cerillas, en la del gas, en el puerto descargando cajas de pescado, emigrando unos años al trabajo doméstico en Inglaterra para comprar una máquina de coser antes de casarse; mientras la mujer del campo y la del mar fueron viudas de vivos, sin salarios, sin pensiones o con subsidios de subsistencia. Todo siempre muy bendecido por las sotanas plenipotenciarias.

 

Años de lucha

Las cosas han cambiado; pero no creáis que mucho: el proletariado femenino sigue al servicio de las grandes industrias textiles en los trabajos peor remunerados, más esclavizados a destajos, minutados para orinar y con la horca del despido anudada al cuello por un salario de miseria; desde niñas que abandonan el instituto para ayudar en casa hasta abuelas que estiran su esfuerzo para que la economía familiar no se ahogue y toque fondo. Las mujeres de las conserveras, las que nos envasan el atún y las sardinillas trabajando por temporadas, también están en el hoyo de la brecha salarial. Su participación activa en CCOO y los años de lucha en el sector marcan muchos logros conseguidos; pero también muchos por alcanzar, no solo por la brecha salarial, sino por el conjunto de las reivindicaciones del sector.

Pese a todo, todavía no somos diferentes a otras; seguimos siendo las que cuidamos a menores, a mayores, a dependientes; muchas veces a costa de la doble jornada o a costa de reducir jornada y jornal. Y hablando de jornal, no hay mucho trabajo de invernadero en la fresa o el tomate ni en temporadas de peras o melocotones; pero sí sabemos apañar las patatas o las uvas los fines de semana que toca en una tercera jornada laboral.

 

Ley de dependencia

El señorito Feijóo tiene mucha culpa, la ley de dependencia sufrió paralizaciones y recortes en toda España, aquí quizá se note más; la población joven huye -no podría ser de otra forma-, pero las jóvenes tienen más problemas para escapar y tener un futuro. El Gobierno gallego se ha caracterizado, desde que el PP lo ocupa en Santiago y en Madrid, por el desmantelamiento de la ley de dependencia, por los retrasos en las valoraciones, por los subsidios que se les reconocen a los difuntos; en fin, que las mujeres gallegas sufren esa doble dependencia, sin brecha salarial –eso sí- porque no tienen salario.

Si algún Mariano Rajoy, oriundo del país e ignorante de la realidad –como buen señorito- sigue pensando que hay que mirar para otro lado cuando se habla de la discriminación de la mujer, de la salarial también, ha de hacérselo mirar sabiendo que él y su familia disfrutan o han disfrutado de todos los lujos de atención a dependientes a costa del presupuesto monclovita.

¿Alguien sigue pensando que no hace falta que este 8 de marzo tenga que ser sonado y los paros convocados masivamente seguidos? ¿Algún hombre, de los curritos –claro-, puede poner pegas a que este día se hagan los parones y las movilizaciones convocados? Esperamos que no, que el Día de la Mujer Trabajadora de este año sea el comienzo de grandes movilizaciones y de grandes conquistas que pasen por encima de los retrógrados pensamientos y actitudes de Feijóo, Rajoy y los monaguillos ciudadanos que les comen terreno y nos ponen los mismos palos en las mismas ruedas para poder avanzar.

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Raquel Parada

Secretaria de Mujer e Igualdad de la Federación de Enseñanza de CCOO de Galicia