Desafíos ante el primer Día Internacional de la Educación

ES NECESARIO AUMENTAR LA INVERSIÓN NACIONAL y la cooperación internacional para evitar que la exclusión y la desigualdad sigan creciendo.

En la resolución adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 3 de diciembre de 2018, por la cual se proclamó que cada 24 de enero se celebraría el Día Internacional de la Educación, la ONU invitaba “a todos los Estados Miembros, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, otras organizaciones internacionales y regionales y las organizaciones de la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones confesionales, las instituciones académicas, el sector privado, los particulares y otras partes interesadas pertinentes a que celebren el Día Internacional de la Educación de manera apropiada y a que sigan examinando la posibilidad de intensificar la cooperación internacional para apoyar los esfuerzos de todos los Estados Miembros para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4”.

Hoy, la primera vez que se celebra este día, todavía hay más de 262 millones de niñas y niños que no asisten a la escuela, 617 millones de menores y adolescentes que no saben leer o cuestiones básicas de matemáticas, menos del 40% de las chicas del África subsahariana completarán la enseñanza secundaria y 4 millones de niñas, niños y jóvenes refugiados no están escolarizados, según datos de Unesco. Ese es el panorama desafiante que debemos enfrentar.

No son pocas las voces que afirman que la educación es la única vía para acabar con el hambre, la pobreza, la desigualdad, el respeto por los Derechos Humanos y la violencia. Pero esa educación debe ser de calidad, inclusiva y equitativa, capaz de ofrecer en igualdad de oportunidades para todas y todos el acceso a la formación que permitirá formar a las y los ciudadanos del futuro para participar plenamente en la sociedad.

Audrey Azoulay, directora general de Unesco, afirma que “Este día (24 de enero) es la ocasión de reafirmar los principios fundamentales. En primer lugar, la educación es un derecho humano, un bien público y una responsabilidad pública. En segundo lugar, la educación es la fuerza más poderosa de que disponemos para garantizar mejoras significativas en la salud, estimular el crecimiento económico y aprovechar el potencial y la innovación que precisamos para construir sociedades más resilientes y sostenibles. Por último, necesitamos urgentemente un llamamiento a la acción colectiva en favor de la educación en el plano mundial”.

Se suma así al llamado de la Asamblea General a todos los Estados Miembros para no quedarse fuera de esta celebración, y a la reivindicación de la Federación de Enseñanza de CCOO, en la que insta a los gobiernos a no olvidar su compromiso con una educación inclusiva, de calidad y equitativa.

Desde Unesco también se invita a poner la educación como una prioridad, aumentando los recursos nacionales y la cooperación y las ayudas en el ámbito internacional, ante la amenaza inminente de seguir profundizando en las brechas que aumentan la desigualdad y la exclusión de las sociedades. “Hay que prestar una atención especial a las niñas, los migrantes, los desplazados y los refugiados, apoyar a los docentes y hacer que en la educación y la capacitación se tenga más en cuenta la perspectiva de género”, concluye Azoulay.

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