Memoria de la escuela pública

ESTE ES EL TÍTULO QUE MEJOR SE ADAPTA A LA EXPOSICIÓN que, hasta el 1 de septiembre, ofrece el Museo de Historia de Madrid, en la calle Fuencarral, 78. Se inscribe en otro más genérico –Madrid, ciudad educadora 1898-1938–, que concreta su ámbito temporal e intencional.

Consta de dos espacios. En el más amplio, puede seguirse la secuencia histórica de un cambio principal en la organización escolar, de la “escuela única” a la “graduada”. En la primera, un maestro o maestra atendía simultáneamente a un amplio grupo de alumnos o alumnas de distintas edades. La arquitectura de las “graduadas” –desarrollada en España, sobre todo desde los años 20, con Antonio Flórez y Antonio Ballesteros–, permitía escalonar mejor los aprendizajes agrupando al alumnado especialmente por la edad. El tránsito de las primeras a las segundas fue muy lento. Implicaba una mejora sensible de la escolarización, más coherente y moderna, pero era a la vez más costosa cuando el gasto público en educación era mínimo o nulo. Con el cambio, aparece la figura del director o directora para coordinar la labor educadora. La exposición muestra, asimismo, cómo, en el tiempo que abarca –hasta la II República, en que el Estado dedica gran atención a la educación de la ciudadanía–, crece la creatividad didáctica.

Materiales didácticos, tecnología educativa, bibliotecas y patios, cuadernos escolares y diversa documentación efímera testimonian avances metodológicos, junto al ejemplo de figuras señeras como Cossío o Giner, y maestros como Manuel Alonso Zapata, Justa Freire, Ángel Llorca o Sidonio Pintado.

En otra sala del Museo, la muestra se detiene –a modo de “endiablado” final cronológico– en cómo las escuelas públicas se encargaron de niños y niñas entre julio del 36 y abril del 39. Los juegos, las aulas, las diversas actividades para atender su fragilidad en ese negro colapso de la ciudad por los bombardeos, quedan rescatados para la historia de Madrid como otras tantas formas de resistencia frente a los golpistas. Documentan esta sección referencias hemerográficas, dibujos infantiles de la guerra, fotografías y, sobre todo, el dietario en que Justa Freire anotaba el día a día del Grupo Escolar Cervantes. Implícito queda el abandono general a que fue sometida la enseñanza pública desde 1939. Cuando Lora Tamayo llegó al Ministerio (1962-1968), la red escolar pública todavía tenía un 65% de escuelas de sistema “único”.

Esta Memoria de la escuela muestra exclusivamente el ámbito que ha sido competencia directa del magisterio en la red de enseñanza pública, pero permite entender bien muchos de los problemas estructurales que siguen pesando sobre el sistema educativo actual, que, con su triple red –pública, privada y concertada– escolariza desde 1990 a las y los menores de 16 años, y es impartida por docentes diversos. Una serie de conferencias y mesas redondas en CentroCentro (Plaza de Cibeles), facilitan la comprensión de una parte muy sensible de la historia reciente.

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Manuel Menor

Profesor de Historia