“Si no hubiera sindicatos, la sociedad sería mucho peor”

CON EL APOYO DE COMISIONES OBRERAS, el Instituto de Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), entre otras entidades del ámbito nacional y autonómico, Flores en la basura se estrenó en el Festival de Cine de Málaga contando con el apoyo de público y crítica, y ahora sigue su recorrido por todo el territorio a través de una distribución alternativa a los cines comerciales, donde recoge aplausos y emociona a espectadores de grandes ciudades y pueblos pequeños con una historia que es universal, pero muy cercana y familiar.

Fotos: Teresa Rodríguez

Después de estudiar Lengua y Literatura en Madrid, José Antonio Romero Garrido (Logroño) entró en el mundo del cine, en el que ha pasado, según cuenta, por todos los escalafones hasta llegar al lugar que ocupa ahora, trabajando en el camino con nombres como Luis García-Berlanga, Pilar Miró o Paul Verhoeven. Principalmente, ha ejercido como productor, pero los guiones y ahora la realización marcan un nuevo rumbo en su carrera. Tomó las riendas de la dirección con Flores en la basura, un documental rodado entre 2013 y 2018 en ciudades como Madrid y Sevilla, entre otras, que pone en pantalla a los principales protagonistas de la crisis en España: las personas que han sufrido las consecuencias de la falta de trabajo y de las medidas de austeridad, en un proceso que todavía sigue causando estragos en la sociedad.

¿Por qué nace Flores en la basura?

Después de ver Inside Job –el documental que abordaba la crisis financiera en Estados Unidos y que se llevó el Óscar en 2010–, que me impresionó mucho, pensé que tendría sentido hacer una versión española siguiendo esa línea. Primero, me aseguré de que nadie estaba haciendo algo así y, cuando vi que no había nada similar en marcha, se lo propuse a Joaquín Estefanía (periodista, escritor y licenciado en Ciencias Económicas), quien se involucró en el proyecto. Y así nació Flores en la basura. A veces hago la broma diciendo que al principio queríamos que fuera el Inside Job español y ha acabado siendo una película porno… La evolución es muy clara. Primero, empezamos a darnos cuenta, tras entrevistar a personas del ámbito de la economía y el derecho, de que aunque las opiniones de estas personas expertas eran interesantes, tenían mucha más fuerza las vivencias de la gente que había sufrido la crisis –sobre todo la juventud, las mujeres, las y los trabajadores de entre 35 y 45 años que ya nunca serán aquello para lo que se han formado, los mayores de 45 en el paro y las personas jubiladas que han visto disminuir su capacidad adquisitiva–. Así, estas personas se convirtieron en nuestros protagonistas y la película se fue orientando hacia la parte más humana.

¿Qué significado esconde su nombre?

Surge de una idea de Joaquín Estefanía, extraída de un verso de la canción God save the Queen, del grupo Sex Pistols, una canción muy cañera. Y de ahí nace la idea de llamar flores en la basura a las personas que están padeciendo la crisis.

¿Qué le llevó a dirigir este proyecto?

La película comenzó bajo la dirección de Benito Zambrano (Solas, La voz dormida), pero, por diferencias que no viene a cuento abordar, lo dejó y entonces quienes formábamos el equipo de producción estuvimos hablando con varios posibles directores. Pero varias personas cercanas me dijeron que quien mejor podría dirigir este proyecto era yo, que llevaba desde el principio. Un amigo acabó por convencerme y me lancé. La experiencia ha sido magnífica, porque yo he entrevistado más a sufridores de la crisis y ahora tengo unas vivencias y unas historias inolvidables. Fue tan bien, que ya estoy pensando en dirigir mi siguiente proyecto.

En principio el proyecto tenía por título Caballos locos. ¿Cómo llegó a cambiar su nombre?

Caballos locos era un poema de Jaime Siles que a mí me parecía muy bonito y que era una metáfora adecuada –como Flores en la basura– para hablar de la gente que había padecido la crisis. Mostraba la idea de que mucha gente, en la época de esplendor económico, se había comprado caballos como afición y, al llegar la crisis, los había abandonado. Había muchos casos en España de caballos abandonados, algunos en condiciones lamentables. Pero luego nos pareció que esta línea no funcionaba y cambiamos al título actual.

¿Cómo sobrevive el cine social, como herramienta y como negocio, en esta situación en la que nos encontramos?

No sobrevive. Cuando acometes una película documental, lo último que piensas, salvo casos rarísimos, es en ganar dinero. Este último año, ni siquiera la película que ganó el Goya, El silencio de los otros, producida por los hermanos Almodóvar, ha hecho algo relevante en la taquilla. Y ciñéndonos solo al aspecto económico, el resultado es el que es.

“Creo que sería hasta inmoral, después de conocer estas historias, decir que he tenido que hacer sacrificios para hacer el documental”

Fuimos cogidos para la Sección Oficial en Málaga, un festival de cine que ya tiene más películas que el de Cannes, y en la sección de documentales se presentan decenas de ellos. Allí fue el primer pase que hicimos con público y debo reconocer que iba bastante asustado. Pero la crítica y el público la acogieron bien y gustó bastante. Así, tuvimos varias ofertas para su distribución, pero ya es conocido que esta labor no es sencilla compitiendo con todos los estrenos que hay en cine y cuesta muchísimo dinero. Entonces, nos dimos cuenta de que estrenar por la vía convencional no nos salía rentable y, sobre todo, la difusión que íbamos a conseguir era muy pequeña. Ahora estamos teniendo mucha suerte gracias al patrocinio de Comisiones Obreras (CCOO), Acción Cultural Española y la Conselleria de Trabajo, Comercio e Industria de Illes Balears, entre otras organizaciones que nos permiten llegar a muchas personas a través de sus redes y organizar pases por toda España.

¿Qué beneficios y qué sacrificios ha tenido como director durante el rodaje de este documental?

Creo que sería hasta inmoral por mi parte, después de conocer las historias que hemos escuchado de personas que han padecido los efectos brutales de la crisis, decir que he tenido que hacer sacrificios. Levantarme de madrugada para hacer una entrevista no es un sacrificio. En cuanto a las satisfacciones, todas. Porque ha sido un proyecto muy emotivo. Ha ocurrido varias veces que, en las grabaciones, parte del equipo acababa llorando ante la realidad a la que nos enfrentábamos y a las historias humanas. Tenemos más de 80 horas de material, pero finalmente tuvimos que reducirlo todo a 60 minutos –con la inestimable ayuda de César Herradura, quien realizó el montaje–, y esa selección también ha sido un proceso difícil de digerir.

¿A quién le preocupa la crisis y sus consecuencias en la práctica, y a quiénes debería importarles en realidad?

Creo que, tal como dicen muchos analistas, la crisis ha producido una brecha social profunda. Gente de clase media que ha dejado de serlo, otros que eran pobres y que continúan siéndolo en situación de mayor precariedad… Noto una cosa muy curiosa con la película. Nos han criticado que Flores en la basura puede ser tendenciosa, pero es verdad que también muchos espectadores nos han dicho que se habían emocionado mucho con ella y que les había llegado profundamente. Creo que esta historia llega más a quienes han sufrido o siguen sufriendo los efectos de la recesión, y toca menos a gente a la que debería llegar, pero que han vivido la crisis con distancia. Puede parecer una respuesta maniquea, pero creo que es lo que está ocurriendo.

¿Quién tiene la culpa de la crisis?

Para evitar decir que la culpa de la crisis la tiene [José Luis Rodríguez] Zapatero y sus ministros porque no supieron verla llegar, creo que muchos especialistas coinciden en que el último detonante fue la especulación financiera y a partir de ahí se generó el efecto bola de nieve. En España, la burbuja del ladrillo fue decisiva. Ahora hay veces en que alguien intenta vender que este fue el milagro económico español, hecho que no pretendo atribuírselo a ningún partido, porque en la realidad unos no la vieron y otros no la denunciaron.

Al comienzo del documental se afirma que la crisis comenzó por “el estallido de las hipotecas locas” y que luego se contagió el mundo real con el aumento del paro, la caída de los salarios, la desigualdad, la reducción de la protección social y la precarización… ¿Ya superamos la crisis o seguimos inmersos en ella?

En la película hay testimonios que dicen que, pese al discurso oficial, no ha acabado. Ya hemos sabido que hay quien se ha enriquecido con la crisis, otros que han ganado algo de dinero y una gran proporción que se ha empobrecido. Pero lo cierto es que la gente que realmente ha padecido la crisis no ha salido de ella.

¿Podemos decir que lo peor ha pasado ya?

Reconozco que he intentado terminar la película –que no sé si lo he conseguido– con un cierto tono optimista, porque es lo que yo tiendo a ser en la vida. Por eso me gustaría pensar que sí, que lo peor ya pasó.

“Ya sabemos que hay quien se ha enriquecido con la crisis, otros que han ganado algo de dinero y una gran proporción que se ha empobrecido”

La crisis ha sido fundamentalmente económico-financiera. ¿Podemos añadir adjetivos para dibujar del todo su alcance?

El origen ha sido económico y financiero, pero creo que, sobre todo, lo que provocó fueron muchas heridas que aún no están cicatrizadas, en las personas y en la sociedad en general.

Vamos a hacer un ejercicio: ¿qué cosas positivas han surgido en estos años? A nivel político y social, sobre todo.

La película la dedico a las personas que el 15-M despertaron en nosotros una esperanza de que las cosas podían cambiar. Fue un momento muy positivo que se ha cristalizado en partidos políticos, y hay gente que participó en el documental que dice que cierta movilización social y cierta solidaridad surgieron a causa de la crisis.

¿Podemos decir que el Estado, los Gobiernos, han estado a la altura para reducir los efectos de la crisis y sus consecuencias?

Yo diría que, en los últimos 8 o 10 años, primero habría que haber aceptado una situación para intentar corregirla. Y creo que, aparte de declaraciones o palabras bonitas, esto no ha ocurrido. Sin estar de acuerdo con el ataque frontal a toda la clase política, sobre todo cuando, tal como explica alguien en la película, los políticos no son quienes realmente mandan, sino quienes tienen el poder económico, hay que tener en cuenta que están en una situación en la que no viven mal y tienen ciertas ventajas, lo que les separa de la realidad de otras personas que lo están pasando mal y les impide actuar con solidaridad ante otras experiencias. La respuesta simple es que no, no han estado a la altura.

¿Hay algún actor social que pueda salvarse del escarnio público en su actuación durante los peores años de la crisis?

Creo que hay muchas organizaciones sociales que sí han estado a la altura de las circunstancias ante la crisis. Pero debo reconocer que con esta película he descubierto a los sindicatos. Ya sabía lo que significaban y su labor fundamental, pero he visto el ataque tan tremendo que han sufrido durante estos años y he aprendido a reconocer que han tenido una capacidad de resistencia muy grande en todos los sentidos y ante diversos sectores de la sociedad: el establishment económico, de los medios de comunicación, del Gobierno y de otros.

Los sindicatos, sin ser partidos políticos, defienden los intereses de las clases desfavorecidas

Estoy seguro de que si no hubiera sindicatos la sociedad sería mucho peor. En las manifestaciones del 1 de mayo, me pareció que las intervenciones de los líderes de CCOO y UGT fueron muy interesantes. Probablemente son las organizaciones que, sin ser partidos políticos, más defienden los intereses de los trabajadores y de las clases más desfavorecidas. Los he ido descubriendo durante estos años y me parece que su función es imprescindible.

La crisis repercutió en vivienda, educación, sanidad, salarios, alimentación, pobreza, progreso… ¿Es realmente un aprendizaje necesario para salir adelante o en realidad no hemos aprendido nada de todo esto?

Una de las últimas entrevistas que hicimos para la película fue un mes antes de las elecciones del 28 de abril. Ahí había gente que decía que deberíamos aprender de lo que ha pasado y votar en consecuencia. Si nos atenemos a los resultados del 28-A, se podría decir que algo hemos aprendido, pero ya veremos qué pasa. Espero que sí, sobre todo cuando estamos a cuatro días de las elecciones autonómicas y europeas. [La entrevista se realizó el 22 de mayo de 2019].

Ha viajado por distintas comunidades autónomas y ciudades. ¿Se vive de la misma forma la crisis en ellas o ha podido comprobar sobre el terreno distintas realidades y velocidades?

Podría dar una respuesta, pero sinceramente no sé qué decir. Cada autonomía y cada ciudad tiene sus casos y sus historias peculiares, que tienen como línea común los efectos de la crisis.

La crisis, ¿se resuelve en la calle o en los despachos?

Esta es la pregunta del millón. En la película aparece mucha gente –lo cual ha generado algunas críticas– que dice que sin la presión de la calle no hay solución. Personalmente creo que si eso no se traslada después a los despachos, no tiene mucho sentido. La gente debería acostumbrarse a salir a la calle a defender sus derechos y reclamar para que se generen los cambios necesarios. Aquí también tienen un importante rol los medios de comunicación, que muchas veces ponen el foco en un asunto específico, dejando de contar otras realidades o situaciones que deberían ser conocidas. Últimamente estoy siendo muy crítico con la labor de la prensa en general.

¿Existe una solución a la crisis?

Justamente, acabo de hablar con una persona que dice que Europa es una isla en el mundo en cuanto a Estado de bienestar y derechos civiles. Probablemente eso es así. Ahora bien, es verdad que durante la película pregunté a las personas con más experiencia en temas económicos y financieros qué era la crisis, y nunca conseguí una respuesta que alguien, digamos con cero conocimientos en estos temas como yo, pudiera entender en términos cotidianos.

“La gente debería acostumbrarse a salir a la calle a defender sus derechos y reclamar para que se generen los cambios necesarios”

Al principio de la película, hay una mujer que dice que “no sé si es crisis o qué es, porque yo creo que esto es un invento de los empresarios, de los gobiernos o de quien sea para ganar más dinero”; más adelante, otra dice algo parecido, y pregunta dónde está el dinero, porque antes había dinero para todas las cosas y ahora no… que se lo habrán llevado a algún sitio. Así, cada vez desconfío más…

Una anécdota que contaba Luis Garicano, un prestigioso economista de la London School of Economics, es que en una audiencia con la Reina Isabel II ella les preguntó que, siendo la élite de la economía, ¿cómo no supieron ver que se avecinaba esta crisis? Otras veces ves las noticias y te da por pensar: ¿qué ocurre para que las organizaciones que se supone que son expertas hagan mal las cuentas para que los bancos tengan estos déficits tan grandes? Creo que es imprescindible un mejor reparto de la riqueza –y no de la pobreza– y conseguir que esa isla que es Europa no se hunda. Porque lo único que está claro en estos momentos, con lo que hemos visto durante estos años, es que quienes se salvan de la crisis son los que están más arriba.

¿Dónde acabaremos: en un arreglo floral o en la basura?

En el estreno hicimos algo muy bonito, porque una amiga vino con un cubo de basura lleno de flores dentro. Y esas flores las sacamos de la basura para ponerlas en un jarrón muy bonito con mucha agua. Espero que ese sea el lugar donde acabemos.

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