Patios y entornos escolares: una oportunidad para el aprendizaje

LA EVOLUCIÓN DEL SISTEMA PEDAGÓGICO ESCOLAR en los últimos años y la preocupación general de docentes y familias por la mejora de la enseñanza han originado una reflexión sobre los entornos y espacios escolares.

Modelo de patio. Guía de diseño de entornos escolares.

Ya desde principios del siglo XX, la relación entre pedagogía y espacio se contempló como una herramienta de fortalecimiento educativo. Loris Malaguzzi, con su trabajo pedagógico desde los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fundó la escuela Reggio Emilia en la que uno de los principios fundamentales fue la denominación del espacio físico escolar como “el tercer profesor”. El espacio como “tercer profesor” significa que el espacio educa y, por tanto, mejores espacios propician un mejor aprendizaje y garantizan una estimulación de la creatividad a partir de la experiencia.

Si el espacio físico es “el tercer profesor”, ¿cómo podemos conseguir que nuestro espacio eduque de forma adecuada? ¿Podemos romper la barrera entre espacio exterior e interior? ¿Cómo favorecer el juego y recuperar la naturaleza en nuestros patios?

Desde hace unos años, de manera profesional y personal nos hemos encontrado, generalmente, con edificios que funcionan del mismo modo que hace 50 o incluso 100 años, y patios escolares que consisten en un conjunto de pistas deportivas utilizadas solo por una parte del alumnado. Un espacio adecuado para educar debe ser seguro y confortable, heterogéneo y estimulante. Un patio heterogéneo es un área libre con zonas de tierra y vegetación, con áreas deportivas, con zonas de sombra y descanso, con suelos a distinto nivel y juegos adaptados a las diferentes necesidades motoras y sensitivas de la infancia como elementos imprescindibles. Si además añadimos elementos sueltos, artísticos u otros que se incorporen al espacio, creados por el propio alumnado, conseguimos que se convierta en un laboratorio de aprendizaje, de socialización y juego, un lugar de identidad de la comunidad educativa.

La realidad actual

La mayoría de los patios escolares actuales no cumplen con casi ninguna de estas condiciones. Son espacios muy homogéneos con omnipresencia de pistas deportivas utilizadas principalmente para el fútbol, sin presencia, en muchos casos, de vegetación, sombra, mobiliario o elementos de juego. Es curioso que esta situación se produce indistintamente en entornos rurales o urbanos.

Otro parámetro fundamental en la valoración de los patios escolares es su tamaño. El ratio de metros cuadrados de patio por estudiante nos da una pista sobre su capacidad para convertirse en un lugar heterogéneo.

Nos encontramos en ocasiones con patios demasiado pequeños, en los que el entorno próximo se convierte en un complemento esencial para que el alumnado cuente con un espacio de recreo digno. Si observamos los entornos escolares de otros países europeos (Suiza o Suecia), comprobamos que los límites entre patios escolares y espacio público están desdibujados: los parques son patios y los patios, parques.

El Ayuntamiento de Madrid, dentro del área de Gobierno del Desarrollo Urbano sostenible, publicó el Proyecto Micos. Entornos escolares saludables (2016), en el que se hace un análisis de los espacios exteriores de 241 colegios públicos de la ciudad. En dicho estudio se observó que existen situaciones críticas que afectan a más de 5.000 niños y niñas de 22 centros (el 5,9% de los escolares) que no disponen en sus centros de la superficie mínima que establece la normativa vigente, establecida en 900 m2 (RD 132/2010). Casi la mitad de los casos analizados no llegan a la superficie mínima recomendable en los países nórdicos.

Desgraciadamente, existen centros donde niños y niñas están confinados en patios concebidos en su origen para otras funciones y circunstancias, y, paradójicamente, los árboles y los espacios ricos en oportunidades de juego quedan tras sus muros altos e impermeables.

Por ese motivo, los entornos escolares no deben reducirse a los patios de los colegios, sino que han de incluirse también los espacios de proximidad, entre ellos el espacio público, las calles y plazas, así como los equipamientos cercanos (parques, polideportivos, bibliotecas, mercados o centros culturales).

Sobre el contexto urbano, la Guía de diseño de entornos escolares (Madrid, 2018), publicada por el Ayuntamiento de Madrid dentro del programa Madrid Ciudad de los Cuidados, resume las siguientes reflexiones: “Los criterios de intervención en los entornos próximos a los centros escolares deben abordar modificaciones en términos de movilidad, accesibilidad y urbanización, y contemplar el contexto de barrio de los centros en cuanto a la localización de usos y equipamientos, facilitando su conexión y utilización”.

Existen centros donde niños y niñas están confinados en patios concebidos en su origen para otras funciones y circunstancias

Los espacios escolares son lugares que actúan como focos de barrio, son sitios en los que familias y profesionales de la educación se encuentran cada día. De ahí que deban ser lugares accesibles, libres de contaminación, espacios que propicien el diálogo, el juego y la estancia.

Los perímetros de los centros escolares deberían ser espacios peatonales, con vegetación, con áreas de juego y zonas estanciales. Un buen entorno favorece la cohesión social de las comunidades escolares.

La guía también sugiere una serie de directrices de actuación en los entornos escolares.

  • Movilidad: favorecer una movilidad segura. A través del tratamiento de calzadas y aceras, calmado del tráfico, priorización de circulación peatonal y ciclista.
  • Identidad y señalización: proporcionar seguridad a través de la señalética y la delimitación de espacios públicos de prioridad peatonal. Bandas de color en el pavimento pueden llamar la atención sobre la presencia de un centro educativo. También pueden delimitarse bandas de identidad donde la comunidad educativa pueda personalizar su entorno y señalización, que proporcionen seguridad a niños y niñas.
  • Espacios estanciales: favorecer el diseño de espacios de estancia junto a los accesos del centro educativo. Se pueden acondicionar con incorporación de mobiliario, vegetación o zonas cubiertas.
  • El umbral: tratar los accesos de forma singular, dándoles un carácter simbólico. Es posible transformar las puertas en elementos atractivos con identidad con un trabajo colaborativo. El umbral puede utilizarse también como panel de comunicación entre el interior del centro y el exterior, hacia el barrio.

Utilización del espacio

Además de reflexionar sobre el tamaño mínimo de un espacio de recreo escolar, conviene preguntarnos cómo se utiliza en la actualidad en la mayoría de los casos. La homogeneidad de los espacios físicos de los patios escolares tiene graves consecuencias: la existencia de espacios diseñados exclusivamente para el deporte competitivo excluye a la mayoría del alumnado.

En general, el 90% del espacio (las pistas deportivas) lo utiliza solo un 20% del alumnado, el motivado por jugar al fútbol y, menos frecuentemente, al baloncesto. Fuera de ese espacio se quedan la mayoría de las niñas y un gran porcentaje de niños a los que no les gusta el fútbol. Además, en casi todos los casos no hay bancos para sentarse, lugares en los que se pueda bailar, escalar, jugar a juegos simbólicos (cocinitas, mesas de experimentación, muros sensoriales).

Por tanto, en la actualidad, un importante porcentaje de espacios escolares son lugares que segregan por sexos y por capacidades motóricas. Si, además, se toman las capacidades múltiples, es fácil advertir que excluyen a estudiantes con diversidad funcional o motórica, TEA, etc.

Y entonces, ¿cuál sería un buen modelo de patio? Afortunadamente, hay ya modelos y ejemplos de buenas prácticas dentro y fuera de nuestras fronteras.

El patio inclusivo

Un patio inclusivo debe garantizar que cada niño y niña encuentre un lugar confortable donde jugar libremente. Así, dependiendo del tipo de juego que se desarrolle, vemos que es importante ofrecer una zona tranquila, una zona semiactiva y una zona activa. Además, se proponen distintos elementos a incorporar en cada una de ellas, siguiendo criterios de sostenibilidad y medioambientales en cuanto a la elección de los materiales (preferiblemente madera) o la incorporación de suelo permeable y vegetación.

La demanda de transformación de patios y entornos escolares está en un momento efervescente. Por todo el país, en grandes ciudades o en pequeños pueblos se están produciendo estupendos ejemplos. Muchas comunidades escolares, solas o con ayuda de profesionales, están trabajando por cambiar sus patios. Además, a través de las redes sociales se está produciendo un movimiento de denuncia y divulgación. Pero muchas veces no es tarea fácil. Las competencias administrativas de los centros, las normativas y homologaciones de juegos y mobiliario, la falta de recursos… pueden ser trabas que hacen que determinadas iniciativas no se puedan llevar a cabo.

Un patio inclusivo debe garantizar que cada niño y niña encuentre un lugar confortable donde jugar libremente

Es muy importante lograr ejecutar una pequeña transformación. Muchas veces la incorporación de nuevos elementos puede generar un gran cambio. Desde el principio el proceso de transformación debe ser en todo momento participativo, incorporando a niños y niñas en él.

El proyecto Red de Patios Inclusivos y Sostenibles financiado por Obra Social la Caixa, y liderado por la cooperativa de Comunicación y Género Pandora Mirabilia junto con otros colectivos (Pez Arquitectos y Colectiu Punt Sis), es un ejemplo en el que la cocreación con toda la comunidad escolar ha sido el hilo conductor del proyecto en un proceso que duró casi un año.

En estos proyectos se incluye a toda la comunidad escolar a través de un grupo motor compuesto por familias, profesorado, alumnado y por técnico/as profesionales (paisajismo, arquitectura y participación) en todas las fases del proyecto.

¿En qué consiste el proceso participativo?

Se hace un diagnóstico participativo (qué gusta y qué no gusta del patio, diferenciando niños y niñas), después se realizan propuestas de transformación y, finalmente, se lleva a cabo una transformación (de gran o pequeña envergadura, dependiendo de las circunstancias de cada centro) en la que se ejecutan las propuestas que, en muchos de los casos, pueden consistir en incorporar vegetación, realizar murales colectivos o incluir nuevos juegos o mobiliario lúdico.

Este tipo de procesos refuerzan el vínculo de la comunidad escolar con sus espacios educativos y pretenden que se asimile de forma consciente su nueva forma de utilizar el espacio y su nueva imagen.

Toda transformación física debe ir acompañada de un cambio de gestión del patio. Para ello, se propicia que el propio alumnado se implique en el mantenimiento del espacio, en la propuesta de juegos integradores y en la elaboración de un horario semanal consensuado donde se dé cabida a la diversidad del centro.

En muchos casos, la transformación física es la semilla para una transformación más profunda del centro escolar, una oportunidad para resolver determinados conflictos o introducir nuevos proyectos pedagógicos.

Muchos profesionales que trabajamos por la transformación de los patios y entornos escolares recordamos nuestro patio de la infancia con árboles y tierra, y queremos que nuestras hijas e hijos tengan un recuerdo más allá de una pista deportiva.

Vemos necesario un “pacto de patios” en la educación pública que garantice unos espacios saludables frente al sedentarismo y el aumento de la obesidad infantil. Unos patios donde de nuevo aparezca la naturaleza, necesaria para mejorar nuestras ciudades y garantizar un desarrollo adecuado de nuestra infancia. Unos entornos inclusivos, donde cada niño y niña encuentre su lugar para jugar libremente, que sean el resultado de un proceso participativo con la comunidad escolar y donde la seguridad esté en equilibrio con la exploración en la infancia. Unos patios activos y cambiantes donde fluya el aprendizaje, unos espacios confortables con vegetación, sombra, agua, mobiliario y oportunidades de juego.

Para ello, necesitamos políticas transversales y con criterios consensuados. Ya hay algunas iniciativas municipales que están trabajando en ello, pero se necesitan muchas más. Todo niño y niña tiene derecho a un patio donde ser feliz, independientemente de donde viva.

El patio es el primer lugar de socialización de la infancia, merece la pena reflexionar sobre él.

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Patricia Leal Laredo

PEZarquitectos


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