A por todas

 

Soy una trabajadora que se encuentra privatizada en un servicio educativo externalizado de la Junta de Andalucía, pero trabajando en un centro público. ¿Cómo es posible esto? Pues gracias a las políticas que se llevaron a cabo en el Gobierno de Andalucía que privatizaron el servicio de atención al alumnado con necesidades educativas especiales de toda la Comunidad Autónoma.

Cada 15 días me contrataba una empresa diferente para llevar a cabo mi servicio en el centro educativo donde desarrollo mi labor. Imagínense la situación laboral a la que estaba sometida: descontrol en cada uno de los contratos de cada empresa, el abono de las nóminas cobrando mal y tarde, sin que aplicaran el convenio laboral que nos acoge, y la incertidumbre de no saber si mi servicio revertiría a lo público algún día.

Esto no podía seguir así, por lo que trabajadores y trabajadoras PTIS nos unimos al sindicato CCOO para luchar por mejorar nuestros derechos laborales y revertir nuestro servicio de privado a público. Hicimos huelgas, manifestaciones, marchas… para hacer realidad nuestro sueño, la subrogación de las PTIS a lo público.

El 11 de marzo de 2020, me informaron que, debido al coronavirus, todos los centros educativos de Andalucía cerraban sus puertas y debíamos estar confinados en casa hasta nuevo aviso, con la incertidumbre de no saber si iba a seguir contratada, si me iban a hacer un ERTE, si cobraría mi nómina, etc. En ese momento, mis miedos se hicieron aún más presentes y encima sin poder hacer nada al respecto, solo quedarme en casa y esperar a que la Junta y la empresa que me contrata se pusieran de acuerdo para decidir si se suspendía mi contrato o si seguía dada de alta.

Primero sacaron un Decreto que informaba de la suspensión de contratos de mi servicio; por otro lado, mi empresa me mandaba un correo informando que habían solicitado un ERTE porque no tenían solvencia económica para hacerse cargo de los pagos de las y los trabajadores, si la Agencia Pública de Educación de la Junta de Andalucía (responsable de los servicios educativos externalizados) no le abonaba los pagos de las nóminas, sabiendo que una de las cláusulas de la licitación de nuestro servicio claramente pone que estas empresas deben tener solvencia económica ante cualquier imprevisto que surja durante el curso.

Ante esta situación, sindicatos y Gobierno se reunieron para modificar ese decreto y mantener nuestros puestos de trabajo, ya que son presupuestos aprobados desde el comienzo de curso, que deben permitirnos seguir de alta y cobrando nuestro sueldo cada mes mientras durase el estado de alarma. Al final, después de varias reuniones y presión por parte del sindicato y representantes, consiguieron mantener nuestros puestos. ¡Por fin una buena noticia después de este duro año que llevamos de huelgas y manifestaciones!

Durante este tiempo de confinamiento he mantenido contacto con mi alumnado de forma recíproca, no tanto como quisiera por las circunstancias de la pandemia, viendo sus caritas a través de videos que me mandaban y animándome ellos más a mí que yo a ellos. Cuando los veía en sus casas me daba cuenta de la suerte tan grande que tenía de trabajar con ellos/as, de todo lo que me aportaban personal y profesionalmente, de todos los momentos buenos que hemos vivido, sentimientos que me hacen darme cuenta de lo que tenía en mis manos, y que ahora no puedo tener. Es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida, mi trabajo tan digno y tan bonito que poco valoran los señores políticos que juegan con nosotros como si fuéramos títeres de feria.

El 8 de abril recibí mi nómina al completo, una alegría porque me daría estabilidad durante todo el mes y una tranquilidad de poder seguir dada de alta cotizando. Lo habíamos conseguido, a pesar de sentirme una privilegiada ante la situación laboral de muchas personas que no han tenido la misma suerte.

Pero en mayo nos encontramos con una nueva sorpresa: a día 7 de mayo, y sin cobrar absolutamente nada, mando un correo a mi empresa y me dice que Agencia Pública de Educación (APAE) no les abonaba el dinero de las nóminas, la pelota se la pasaban los unos a los otros y sin saber qué iba a pasar. ¿Quién cargaba la culpa de todo esto? Ambas partes, la verdad: la empresa, por no tener solvencia económica para pagar, y la APAE, por no gestionar la documentación a tiempo. Me encuentro en una situación tan vulnerable que no me da cabida a poder tener dinero para pagar el alquiler ni para poder comer, y todo esto por un trámite puramente burocrático.

Es triste ser una de las más de 1.200 familias que nos encontramos ante esta situación, en esta incertidumbre que entonces no sabíamos cómo iba a acabar. Espero y deseo que todo llegue a buen cauce y sepan solucionarlo, porque llevo luchando más de 10 años para que mi situación laboral mejore, y no voy a dejar de luchar por mis derechos. Nos veremos en los juzgados si esto no se soluciona y reclamaré hasta el último euro que me deben, porque es mío y porque me lo he ganado cada día con mi trabajo durante más de una década. Esto no acaba aquí señores, se va a enterar todo el mundo de qué calaña estáis hechos y de la poca vergüenza que mostráis por el daño que estáis haciendo. No estoy sola, me acompañan todos mis compañeros/as, sindicato y abogados, e iremos a por todas.

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María Luisa Gallardo Plaza

Personal Técnico de Integración Social (PTIS) en Andalucía