Una década en educación no es nada… o puede serlo todo

LA RELACIÓN ENTRE TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN TIENE TRES LÍNEAS QUE NO SIEMPRE VEMOS, pero que son clave para construir un futuro con una ciudadanía digital crítica y que comparta contenido con amor a lo largo de la vida.

Me encantaría saber qué nos deparará el futuro, aunque quizá lo más interesante sea construirlo juntas, todas las personas. Por eso, hablar de predicciones en educación y tecnología implica hablar de compromisos, de intenciones y de nuevas relaciones que podamos poner en práctica. Quizá en ocasiones también sean deseos o expectativas, pero, bueno, soñar es gratis, ¿no? Aunque intentaré ser realista.

Educación y tecnología es un binomio prácticamente inseparable hoy en día –hace años ya–, aunque es importante poner foco en cómo es esa relación:

  • Educación en tecnología: tiene que ver con toda la formación en el uso técnico de la tecnología, ya sea desde un espacio básico, como puede ser cómo usar un smartphone, hasta cuestiones más complejas, como aprender a programar.
  • Educar con tecnología o tecnología educativa: hablamos de la integración de la tecnología en educación, con las herramientas digitales que permiten que aprendamos cualquier conocimiento, sea tecnológico o no, como sucede con los idiomas, las ciencias o las letras.
  • Educación en un uso responsable de la tecnología: esta vertiente está relacionada con las otras dos y se basa en la idea de capacitar a las personas en hacer un buen uso tecnológico que fomente el respeto por todas las personas que estamos tras las pantallas y por nosotros mismos.

 

Esta última es la cuestión más importante, ya que influye en las otras. Educar en emociones, en valores, en el buen uso de la netiqueta (normas de comportamiento en la Red), en el respeto a todas las personas conocidas o no…, facilitará un buen aprendizaje de cualquier materia o habilidad a través de la tecnología y propiciará un uso correcto.

 

Comparte con amor

¿Y qué necesitamos para todo esto? Escuchar nuestro corazón, pararnos a reflexionar, a sentir y sentirnos, e intentar comprender lo que sienten las demás personas. La empatía y el amor como clave tecnológica puede sonar disruptivo, pero es lo esencial: somos personas hablando con personas en Internet o fuera de ella.

¿Qué sientes cuando te conectas a una reunión en Zoom? ¿Qué sientes cuando escribes un comentario y no te responden? ¿Y si subes una foto y recibes muchos “me gusta”? ¿Cómo te sientes cuando ves una foto tuya en el perfil de una amistad de Facebook?

¿Y cómo se sentirá ella si la subes a tu perfil? ¿Qué sientes si te envían un correo electrónico publicitario no solicitado? ¿Y si no tiene asunto? ¿Cómo te sientes cuando te mandan un mensaje a través de WhatsApp para solicitarte algo sin saludarte? ¿Y si lo escriben todo en mayúsculas? Podría hacer mil preguntas más, aunque podemos resumirla en una: “¿Qué sientes?”.

Si nos centramos en el sentir podremos hablar de seguridad en la Red desde un punto de vista humano y no solo técnico, porque lo que realmente protegemos son datos o información de personas… no solo cosas ni algo indefinido que no pertenece a nadie. Esto nos permitirá trabajar la seguridad desde la intimidad y no solo desde la privacidad, algo imprescindible en las relaciones personales, incluso aunque sean empresas, instituciones o colectivos. La intimidad debe ser protegida por quienes comparten dicha intimidad, lo que está intrínsecamente unido a la identidad digital. Todas las personas tenemos identidad digital y entender esto es parte del futuro de la educación.

Una educación híbrida y tecnológica como la que vendrá, y se quedará a lo largo de la vida, va a permitir que desde peques desarrollemos nuestra propia identidad digital con un portafolio educativo, publicaciones en blogs o redes sociales, trabajos colaborativos… La identidad digital es nuestro yo en la Red y se compone de lo que hacemos y compartimos, y también de lo que las demás personas comparten sobre nosotras. Y ahí entra la intimidad, el respeto y la empatía. Igual que si lo hiciésemos en la calle o en cualquier espacio de la vida física. Si estamos trabajando en línea con nuestro alumnado, ya estamos desarrollando identidades digitales. ¿Somos conscientes de ello? ¿Sabemos, como docentes, qué es la identidad digital y cómo se desarrolla? ¿Sabemos cómo queremos educar al alumnado en todo ello?

 

Expandir conocimiento

La tecnología digital nos facilita ver. Ver otros mundos y que nos vean. Salir de nuestro micromundo (muchas veces privilegiado) y encontrar otras personas referentes a las que, quizá, de otro modo, no tendríamos acceso. Formándonos en la web o utilizando Internet en la educación presencial podemos indagar y vivir experiencias diferentes. El cibervoluntariado y el activismo digital son una gran oportunidad educativa que llegará a las aulas como el aprendizaje-servicio, incluso quizá de su mano, y del aprendizaje por proyectos.

¿Y con qué herramientas trabajaremos? Pues probablemente con las que ya tenemos o unas muy similares. Solo tendremos que atender a lo que tenemos a nuestro alrededor. Y en ese alrededor estamos las familias y el profesorado. Y todas debemos formarnos. ¿Técnicamente? Por supuesto; pero, sobre todo, en ese buen uso digital que permite aprovechar las ventajas y encontrar soluciones ante los retos.

Ojalá podamos tener grupos de ciudadanía digital en cada barrio, ojalá existan grupos de desarrollo de identidad digital en cada colegio y universidad, ojalá existan planes de alfabetización digital responsable en cada empresa. Ojalá miremos a esos grupos que ya existen y les copiemos respetuosamente. Porque eso también es cultura digital: compartir y expandir el conocimiento.

Y espero que dentro de 10 años no nos sorprenda que, cuando hablemos de educación, hablemos de personas de 30, 50 o 70 años y no solo de criaturas. Eso también es parte del futuro: la educación a lo largo de la vida. Sin duda, la digitalización lo pondrá más fácil.

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Diana González

Comunicación digital responsable