¿Qué esperamos los y las jóvenes de la escuela en el futuro?

UNA PANDEMIA, EN EL SIGLO XXI… ¡QUIÉN NOS LO IBA A DECIR! Pensábamos que lo habíamos visto, prácticamente todo, educativamente hablando. Pero, debido a la rápida expansión del virus hubo que cerrar a cal y canto las aulas físicas durante el último trimestre del pasado curso, algo completamente impensable semanas o días antes de que pasase. Incluso el mismo día, horas antes del comunicado oficial, aún había gente que preguntaba si se cerrarían las aulas y algunas ilusas contestábamos que eso era imposible, que las aulas no iban a cerrar.

Pero finalmente pasó y, tras tener que abrir las aulas virtuales, nos queda claro que esta pandemia, para bien o para mal, ha cambiado muchas de las cosas que antes veíamos como “normales” o “imposibles”.

Una de ellas es el tema de las aulas virtuales, que ha dejado de manifiesto que las nuevas tecnologías han venido para quedarse y que los recursos tecnológicos, bien empleados, pueden ser una herramienta fundamental. Sin embargo, no podemos olvidar que este tipo de enseñanzas, las que se dan en entornos digitales y requieren de equipos informáticos y accesos seguros y eficaces, segregan al alumnado, diferenciando y dando más posibilidades a quienes tienen opciones de conectarse a clase de esta forma frente a quienes no pueden hacerlo por falta de recursos, bien sea de dispositivos electrónicos o de conexión.

Aún habrá personas que sigan pensando que se ha dotado a los centros de ordenadores y tabletas para este alumnado, y que por tanto se subsana la desigualdad, pero la realidad es que esas dotaciones no son suficientes, además, de que no todo es dispositivo, también se necesita acceso a Internet (estable y amplio) y, por supuesto, conexión a electricidad para su adecuada carga y funcionamiento.

Aunque la juventud considera necesario el uso de este tipo de herramientas dentro del aula, ya que es incontestable que en muchas ocasiones facilitan la comunicación y el aprendizaje, y son una fuente rápida de información y de recursos, es verdad que la mayoría prefiere una educación presencial, que equipare e iguale las oportunidades de todo el alumnado, de forma que se siga entendiendo a la educación como lo que es, compensadora de desigualdades. Además, se considera oportuno que, desde las aulas y en todos los niveles educativos, reciban una buena formación en el ámbito de las herramientas digitales y cómo utilizarlas de forma correcta, para así evitar situaciones inadecuadas entre los y las más jóvenes.

 

Ratios y oportunidades

Con respecto a las aulas físicas, si algo hemos aprendido con esta pandemia es que, tras incorporarnos de nuevo a los centros educativos de forma presencial en septiembre, aunque con ciertas restricciones, ha quedado ampliamente demostrado que la disminución de ratios en los diferentes niveles educativos ha conllevado una mayor consecución de los objetivos propuestos para cada etapa y mejores resultados por parte del alumnado. Esto deja en evidencia que la bajada de ratios es el reflejo de que las y los docentes pueden prestar una atención mucho más personalizada e individualizada a cada estudiante, con lo que esto conlleva, favoreciendo así al alumnado en todos los aspectos. Por tanto, apostamos por unas ratios bajas que vengan para quedarse.

Se debería tener en cuenta que, si los resultados académicos mejoran de forma general en el alumnado, es porque se trata de una buena propuesta y, por tanto, debería ser una solución que ha venido para quedarse. Además, esta reducción de ratios se ve también como una oportunidad para el profesorado más joven, que gracias a estas necesidades educativas ha podido, por fin, desempeñar sus funciones en centros escolares debido a la alta demanda de nuevos docentes. Este ingreso de gente joven en los claustros ha dotado de aires nuevos a la educación, nuevas ideas y nuevos retos que enriquecen notablemente. Por tanto, la juventud también reclama mayor oferta de empleo público en los próximos años, que garantice esta bajada de ratios y les abra más y mejores oportunidades para comenzar y desarrollar sus carreras profesionales.

 

Competencias

Por otro lado, también con la pandemia ha llegado un cambio en la Ley de Educación, con la aprobación de la LOMLOE en enero de este año, donde uno de los principales cambios es el aprendizaje por competencias en lugar de por asignaturas. La (ahora ex) ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, incide en que se trata de un reto conseguir que este tipo de aprendizaje ayude a resolver conflictos del día a día, de la vida real, y no a memorizar. Además, el Ministerio propone que sean los cuerpos docentes y las escuelas quienes marquen las líneas a seguir, siempre y cuando el fin sea el mismo, la adquisición de las competencias marcadas. Desde el área de Juventud queremos unas líneas de actuación claras y correctas, que no echen por tierra el trabajo docente y que garantice las oportunidades para las y los profesionales de la educación.

En suma, de cara a la escuela el futuro, las y los jóvenes apostamos por mantener las ratios bajas, favoreciendo el aprendizaje más individualizado que ha demostrado dar mejores resultados. También, por consecuencia, una mayor oferta de empleo público que dé respuesta a estas demandas de profesorado. Además, incluir planes de actuación sobre las nuevas tecnologías, haciendo partícipe al alumnado del buen uso de ellas y que la presencialidad en las aulas ayuda a no generar desigualdades entre nuestras y nuestros estudiantes.

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