Misterio tras los atriles

EL VIOLÍN ES UN INSTRUMENTO MÁGICO Y MISTERIOSO QUE HA GENERADO MULTITUD DE LEYENDAS. Para cualquier observador sensible, la emisión de un sonido tan poderoso y emotivo desde cuatro cuerdas resulta asombroso.

La interpretación musical es un prodigio acústico, físico y espiritual que convierte a sus protagonistas en héroes. El talento que se une al esfuerzo y a la constancia proporciona fantásticas recompensas, aunque también conlleva importantes sacrificios e imposiciones. La vida del músico tiene, por lo general, muchas alegrías y algunas tristezas. Un joven y prometedor violinista es el protagonista de la novela de misterio titulada Equidis (2021), con la que acaba de debutar en el género el músico y escritor Daniel Portillo.

Ambientada en Madrid, París y Lisboa, la narración nos sitúa en un entorno reconocible. Las heridas sin curar marcan el temperamento de Ángel, un violinista que busca respuestas y soluciones a sus problemas de ansiedad. La formación, los retos y la vida del músico conforman un sugerente escenario con la “Sinfonía Resurrección” de Gustav Mahler como telón de fondo, durante los ensayos de la Orquesta Nacional. La compleja psicología del protagonista le pone en contacto con un inquietante terapeuta que le introducirá en una organización secreta.

El conocimiento del medio musical que posee el autor de la novela dota de verosimilitud a un arranque que alimenta la intriga y abre el camino hacia lo fantástico. El plano físico y psicológico se combinan, jugando con las sensaciones y sentimientos del protagonista. La prosa es ágil, fluida y directa; tiene un ritmo cinematográfico. La trama apela a distintos temas de actualidad como la salud mental, la crisis energética, el cambio climático o los psicofármacos, con elementos del género negro y de la ciencia ficción. Las referencias se cruzan en una polifonía de entretenida lectura. Son coordenadas muy actuales que podríamos considerar “transhumanistas”: en su solapa, la obra se presenta como un “techno-thriller”. El protagonista podría haber tenido otra profesión cualquiera, pero la de violinista le otorga unas resonancias que impregnan de magia los distintos ámbitos de la narración. Además, introduce otros personajes músicos, como el director de la Orquesta Nacional, la compañera de atril o el profesor de violín.

Para muchos espectadores o aficionados, la música conforma un mundo enigmático, movido por deseos y procedimientos inescrutables, donde las partituras son códigos secretos. Las orquestas e instituciones musicales pueden tener algo de sectarias y esta conjunción literaria funciona muy bien en esta primera novela de Daniel Portillo, autor igualmente de varios relatos y microrrelatos de misterio y fantasía, con una oscura inclinación a lo terrorífico. Considera Portillo que la escritura le otorga una libertad con la cual puede mostrar, a través de su literatura, tanta “verdad revelada en la ficción” como “mentiras ocultas en la realidad”.

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Víctor Pliego de Andrés

Catedrático de Historia de la Música en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid